Renault Mégane dCi 130

Con unas prestaciones similares a la versión manual, ofrece mayor confort que ésta pero también más consumo y un precio de salida mayor. ¿Merece la pena? Depende lo que apreciemos la comodidad. Nosotros bastante y más si hacemos un buen número de kilómetros al año en ciudad o en carreteras atascadas casi permanentemente.
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Renault Mégane dCi 130
Renault Mégane dCi 130

En España somos de cambio manual. No lo podemos evitar. Tradicionalmente ha sido así por muchos motivos: no había oferta en automáticos o nuestra orografía no era la más indicada para ellos. Al margen de esta idea, al final, lo mucho o poco que se sabe de este tipo de transmisiones a través de la cultura popular es que son más caros, gastan más, castigan los frenos, son aburridos y, si se rompen… “prepárate”. Unos inconvenitentes que “eran” realidad, pero que ahora no se sustentan en ningún caso.

No vamos a entrar ahora en quién ha revolucionado las cajas de cambio automáticas, o por qué ha sido esta revolución: ¿electrónica?, ¿avance mecánico?, ¿necesidad?, ¿todo mezclado? Vamos a centrarnos en el hecho de que están aquí, que han venido para quedarse, que van a crecer y mejorar aún más, y que son una muy buena opción.

Con respecto al Mégane manual, el automático es más caro y consume más. Hasta aquí, la “verdad verdadera” de las creencias populares. Concretamente, cuesta 1.100 euros más y, en lo que respecta al consumo, nuestro Centro Técnico ha medido casi 0,6 litros más con respecto al manual. Es decir, que si financiamos la compra del coche a 5 años, la cuota nos sube, según intereses y demás, unos 20 euros al mes. Y con el depósito de 60 litros lleno, recorremos, de media, 72 kilómetros menos.

Vosotros tenéis la última palabra a la hora de valorar si esos euros o esos kilómetros pesan más o menos cuando decidáis, si decidís, comprar el Mégane. Nosotros lo tenemos claro. Cambiamos esas cosas por el cambio automático… y ya no cambiamos más.

Con este juego de palabras, decimos adiós al embrague, con todo lo que ello conlleva. A bote pronto: no se cala, no “ejercitamos” la pierna, no nos molestamos en los atascos… Aceleramos, llegamos y frenamos. No hablamos de un deportivo en el que sea divertido usar el cambio, o hacer un recorrido de montaña reduciendo practicando doble embrague. No. Pero incluso si hablamos de ellos podríamos llegar a defender un cambio automático.

Estamos centrados en un compacto Diesel que cumple como utilitario –echa un vistazo a las medidas: 4,2 metros de largo–, como familiar –echa otro vistazo a las otras medidas, entre 330 y 1.190 litros de maletero–, como coche ágil –fíjate en las prestaciones con el kilómetro desde parado en poco más de 31 segundos–, como transporte –mira los consumos y sus 7,2 litros de media–... Y para este tipo de coche, es una suerte que dispongamos del cambio automático. Vas a pasar gran parte del tiempo en ciudad, la carretera de circunvalación tiene atasco “sí o sí”, en las largas distancias nos da igual ir en la 6ª del cambio manual, que con la palanca en “D”. Y muchas ventajas más que seguro ya conocen los que conducen un coche con cambio automático.

LO MEJOR
LO PEOR
– Motor capaz
– Aceleraciones
– Equipamiento/Precio
– Consumo urbano
– Sólo 4 marchas
– Tacto en la dirección

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