Comparativa: Lexus IS 200 aut. / Mercedes C 200K aut.

El Mercedes Clase C ha llegado para replantear la cumbre del segmento de las berlinas medias. El Lexus IS 200, como merecido integrante de la élite, sirve de piedra de toque para conocer dónde se encuentra el último producto de la firma de la estrella.
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Comparativa: Lexus IS 200 aut. / Mercedes C 200K aut.
Comparativa: Lexus IS 200 aut. / Mercedes C 200K aut.

El reto de Lexus se plantea en todos los campos de batalla: vehículos recreacionales, con el RX300; berlinas de lujo, con el LS 430; grandes, con los GS 300 y 430; y medias, con el IS 200. Cuando introdujo este último modelo, su comparación con la anterior Clase C dejaba en mal lugar al modelo alemán. Éste ha sido sustituido por una nueva generación y el desafío toma otro cariz ante el gran salto hacia delante que ha experimentado la berlina alemana.

Sin embargo, básicamente se mantiene una de las diferencias de nobleza mecánica existentes entre ambos. Mientras el Lexus dispone de un fino y sedoso seis cilindros en línea, el Mercedes recurre a un compresor mecánico para sobrealimentar su cuatro cilindros. El resultado es una marcada diferencia de aristocrática suavidad a favor del Lexus, que resulta bastante más agradable de utilizar. Esto no implica que su respuesta sea superior a la del modelo alemán. La mecánica sobrealimentada impone la diferencia, con casi 4 mkg más de par a más de 2.000 rpm menos. Toda una diferencia. Un vistazo al documento de datos técnicos deja bien clara la ventaja del modelo alemán en cuanto a dinamismo sobre la carretera.

La caja de cambios de Lexus, por ser de sólo cuatro relaciones, no creemos que influya decisivamente en este panorama, ya que la marcha más alta es poco más larga que la de su rival. Sin embargo, el escalonamiento de las dos intermedias sí que resulta menos cerrado que las del Mercedes por lo que, entre los saltos más pronunciados y la menor respuesta a medio régimen, es en esta combinación donde se encuentran los segundos perdidos por el Lexus en las pruebas de prestaciones.

Frente a las cualidades dinámicas, la comodidad de marcha se inclina, sin salirnos del apartado de la transmisión, por el modelo japonés. Menos marchas y más suavidad generan una mayor agradable sensación en ruta, algo muy importante, sobre todo si tenemos en cuenta que el máximo rendimiento del coche sólo se extrae en un porcentaje mínimo del tiempo de conducción, siendo el Mercedes demasiado machacón en su manía por cambiar constantemente de marcha.

Un tercer campo influye en la capacidad de andar de los coches. Su bastidor. Y aquí hay que reconocer que Mercedes ha realizado un chasis superlativo, extremadamente rígido, lo que le permite unos reglajes de suspensión —muelles y amortiguadores— nada extremados para obsequiar a su conductor con un comportamiento increíble, por lo bueno, a la par que muy confortable. La opción que Lexus ha acometido para esta versión con cambio automático se inclina, excesivamente, por la vertiente del confort. Sin olvidar que la marca ofrece como opción un "paquete deportivo", la definición de suspensión de serie incorpora muelles blandos y reglajes de amortiguación con poca retención, en particular, sobre la extensión. Esto hace que la tendencia del coche a descargarse sea excesiva para rodar rápido, algo que se nota especialmente en los cambios de rasante, donde una sensible flotabilidad sale a relucir.

Esta elección paga su dividendo al trasladarnos al campo del confort, donde uno y otro juegan a la par. Más suave el Lexus, filtra mejor y es algo más silencioso el Mercedes. Los asientos son mejores en el modelo japonés, así como la posición de conducción, que, hay que remarcar, es magnífica. En el Mercedes se va bien, pero no tanto. De espacio habitable, baste decir que es adecuado para cuatro personas adultas y que, día a día, las exigencias aerodinámicas y de seguridad están recortando las proporciones entre las dimensiones internas y las externas. Por otra parte, es, cuando menos, curiosa la elección de plásticos que recubren la parte delantera del habitáculo del IS 200. Bastante atractivos en color y brillo, son todos rígidos, algo sorprendente, al menos, cuando se comprueba el precio que se paga por este coche. El Mercedes, siendo mucho más austero en la imagen, sí que demuestra algo más de calidad en los plásticos, lo que podemos considerar obligatorio en este segmento.

Como conclusión, se puede concretar que Mercedes ha aprovechado su reciente lanzamiento para volver a colocar a Lexus por debajo, al menos, en este segmento. Quizás a la mecánica de esta versión del Clase C le falte el refinamiento que sería de desear, pero está en la línea de la marca, que en sus últimas entregas no parece acertar en el diez de la diana en este tema. Sin embargo, como conjunto, este Mercedes puede considerarse un mejor producto que el Lexus, modelo que, aunque disfruta de un completo equipamiento de serie, ya no tiene un precio tan atractivo como cuando inició su vida comercial. Ahora está muy cerca del Mercedes, quizá demasiado, a tenor del desconocimiento general de la marca y de lo que pesa en la balanza una estrella de tres puntas.

El reto de Lexus se plantea en todos los campos de batalla: vehículos recreacionales, con el RX300; berlinas de lujo, con el LS 430; grandes, con los GS 300 y 430; y medias, con el IS 200. Cuando introdujo este último modelo, su comparación con la anterior Clase C dejaba en mal lugar al modelo alemán. Éste ha sido sustituido por una nueva generación y el desafío toma otro cariz ante el gran salto hacia delante que ha experimentado la berlina alemana.

Sin embargo, básicamente se mantiene una de las diferencias de nobleza mecánica existentes entre ambos. Mientras el Lexus dispone de un fino y sedoso seis cilindros en línea, el Mercedes recurre a un compresor mecánico para sobrealimentar su cuatro cilindros. El resultado es una marcada diferencia de aristocrática suavidad a favor del Lexus, que resulta bastante más agradable de utilizar. Esto no implica que su respuesta sea superior a la del modelo alemán. La mecánica sobrealimentada impone la diferencia, con casi 4 mkg más de par a más de 2.000 rpm menos. Toda una diferencia. Un vistazo al documento de datos técnicos deja bien clara la ventaja del modelo alemán en cuanto a dinamismo sobre la carretera.

La caja de cambios de Lexus, por ser de sólo cuatro relaciones, no creemos que influya decisivamente en este panorama, ya que la marcha más alta es poco más larga que la de su rival. Sin embargo, el escalonamiento de las dos intermedias sí que resulta menos cerrado que las del Mercedes por lo que, entre los saltos más pronunciados y la menor respuesta a medio régimen, es en esta combinación donde se encuentran los segundos perdidos por el Lexus en las pruebas de prestaciones.

Frente a las cualidades dinámicas, la comodidad de marcha se inclina, sin salirnos del apartado de la transmisión, por el modelo japonés. Menos marchas y más suavidad generan una mayor agradable sensación en ruta, algo muy importante, sobre todo si tenemos en cuenta que el máximo rendimiento del coche sólo se extrae en un porcentaje mínimo del tiempo de conducción, siendo el Mercedes demasiado machacón en su manía por cambiar constantemente de marcha.

Un tercer campo influye en la capacidad de andar de los coches. Su bastidor. Y aquí hay que reconocer que Mercedes ha realizado un chasis superlativo, extremadamente rígido, lo que le permite unos reglajes de suspensión —muelles y amortiguadores— nada extremados para obsequiar a su conductor con un comportamiento increíble, por lo bueno, a la par que muy confortable. La opción que Lexus ha acometido para esta versión con cambio automático se inclina, excesivamente, por la vertiente del confort. Sin olvidar que la marca ofrece como opción un "paquete deportivo", la definición de suspensión de serie incorpora muelles blandos y reglajes de amortiguación con poca retención, en particular, sobre la extensión. Esto hace que la tendencia del coche a descargarse sea excesiva para rodar rápido, algo que se nota especialmente en los cambios de rasante, donde una sensible flotabilidad sale a relucir.

Esta elección paga su dividendo al trasladarnos al campo del confort, donde uno y otro juegan a la par. Más suave el Lexus, filtra mejor y es algo más silencioso el Mercedes. Los asientos son mejores en el modelo japonés, así como la posición de conducción, que, hay que remarcar, es magnífica. En el Mercedes se va bien, pero no tanto. De espacio habitable, baste decir que es adecuado para cuatro personas adultas y que, día a día, las exigencias aerodinámicas y de seguridad están recortando las proporciones entre las dimensiones internas y las externas. Por otra parte, es, cuando menos, curiosa la elección de plásticos que recubren la parte delantera del habitáculo del IS 200. Bastante atractivos en color y brillo, son todos rígidos, algo sorprendente, al menos, cuando se comprueba el precio que se paga por este coche. El Mercedes, siendo mucho más austero en la imagen, sí que demuestra algo más de calidad en los plásticos, lo que podemos considerar obligatorio en este segmento.

Como conclusión, se puede concretar que Mercedes ha aprovechado su reciente lanzamiento para volver a colocar a Lexus por debajo, al menos, en este segmento. Quizás a la mecánica de esta versión del Clase C le falte el refinamiento que sería de desear, pero está en la línea de la marca, que en sus últimas entregas no parece acertar en el diez de la diana en este tema. Sin embargo, como conjunto, este Mercedes puede considerarse un mejor producto que el Lexus, modelo que, aunque disfruta de un completo equipamiento de serie, ya no tiene un precio tan atractivo como cuando inició su vida comercial. Ahora está muy cerca del Mercedes, quizá demasiado, a tenor del desconocimiento general de la marca y de lo que pesa en la balanza una estrella de tres puntas.

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