Audi A3

La segunda generación de uno de los modelos de más éxito de Audi llega al mercado el mes próximo. Cinco motores –dos Diesel y tres gasolina-, dos sistemas de tracción, tres tipos de cambio y tres grados de equipamiento configuran una gama que, en términos de precio, oscilará entre los 21.820 y los 27.420 euros. La “joya de la corona”, un 3.2 quattro de 250 CV que no empezará a venderse en España hasta septiembre.
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Audi A3
Audi A3

El Audi A3 nació en 1996 como un compacto de tres puertas dotado de una calidad, de un equipamiento y, claro, de un precio hasta entonces desconocidos en ese segmento del mercado. Su apuesta se reveló ganadora y, hoy, siete años después, la marca alemana saca a la luz la segunda generación de este modelo, ya convertido en auténtica puerta de entrada de público en el grupo de las marcas y modelos “premium”.

Las intenciones de Audi con esta renovación se focalizan en tres puntos que tratan de resituar al A3 con respecto a su competencia: su imagen es más dinámica; su tecnología, más sofisticada; su comportamiento, más deportivo. En esos ases se sustenta su estrategia para llegar a las previsiones de ventas fijadas por el departamento de Márketing: 7.300 unidades del nuevo A3 para este año ; 5.900, del antiguo; 13.200 A3 vendidos en total para finales de 2003.

Desde fuera, el giro hacia una mayor deportividad es patente; pequeñas modificaciones en la estructura logran esa sensación: la batalla ha aumentado 65 mm; la anchura, 30; la altura ha disminuido 10 mm. Audi ha querido que sus medidas se acerquen a las de un coupé, a lo que también colaboran los voladizos más cortos, el montante posterior más inclinado y la tendencia a la estrechez de las lunetas laterales. En total, unos 50 mm más que su predecesor. La belleza y elegancia del diseño eran ya características del predecesor de este A3 y su hijo las hereda y mejora. Su silueta se ha hecho más compacta y en los laterales nacen dos líneas en relieve, una por encima de la maneta de apertura de la puerta -la llamada línea de cintura- y otra que va de un pasarruedas al otro (éstos, también realzados), a media altura de la puerta. Ambas contribuyen a reforzar la parte inferior de esta nueva silueta y a situarla con más aplomo sobre el suelo.

Desde 1996 hasta hoy el Audi A3 ha cambiado una sola vez de imagen, en verano del año 2000, con un pequeño restyling en el que se modificaron los faros delanteros, la parte exterior de los grupos ópticos traseros y la parrilla, y se dieron algunos toques superficiales al interior, donde la consola central se hizo más ancha. En las tres primeras fotos que siguen se pueden apreciar el frontal y la trasera del A3 del 96; a continuación, el frontal, la zaga y el salpicadero a partir del restyling. Por último, frontal, zaga e interior de esta segunda generación que acaba de nacer.

Gracias a eso, el habitáculo alberga a sus ocupantes con algo más de holgura: los de las plazas traseras contarán con 29 mm más de espacio para las piernas y, a la altura de los hombros, el espacio crece en 42 mm delante y en 23 detrás. El problema de amplitud a la altura de la cabeza –que podría mermar al haberse acortado la altura total del coche en los citados 10 mm- se ha solucionado bajando los asientos, lo que, de paso, confiere un nuevo toque deportivo al modelo.

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En el frontal, los grupos ópticos se orientan hacia la parrilla, cuyos segmentos superior e inferior se unen ahora por una línea que atraviesa el parachoques, del mismo color que la carrocería. En la zaga hay menos cambios, aunque sí se han reducido las líneas y, en esa búsqueda de mayor deportividad, los tubos de escape pueden tener dos salidas en las motorizaciones más altas. En los pilotos traseros, los intermitentes se estrechan y convierten en breves líneas horizontales.

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p> Ya en el puesto de conducción, más bajo que antes, con una consola central más alta, más ancha, flanqueada por dos piezas triangulares tomadas del Audi TT, la sensación es de máximo agrado: todo a mano, materiales de calidad, claridad en la distribución, la ergonomía manda. Algunos detalles destacables: el magnífico pedal del acelerador, del tamaño del pie y articulado en el piso; la palanca del cambio, precisa, con la dureza justa; el freno de mano, en forma de zeta, sumamente manejable. Todos los ocupantes disfrutan de una estudiada combinación de diseño y practicidad, conceptos distribuidos por todo el habitáculo en forma de buenas ideas: el fácil acceso a las plazas traseras (el ya conocido sistema “easy entry”, que permite un cómodo desplazamiento del asiento delantero); las manetas de apertura de la guantera, provista de una pequeña repisa compartimentada en la zona superior; los huecos de las puertas (que se pueden complementar y multiplicar con redes opcionales); el reposabrazos trasero, que, aparte de poder actuar como soporte para latas de bebida, abre un hueco comunicado con el maletero –éste con un volumen de 350 litros- que permite el transporte de objetos como esquís o tablas de surf.

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El Audi A3 nació en 1996 como un compacto de tres puertas dotado de una calidad, de un equipamiento y, claro, de un precio hasta entonces desconocidos en ese segmento del mercado. Su apuesta se reveló ganadora y, hoy, siete años después, la marca alemana saca a la luz la segunda generación de este modelo, ya convertido en auténtica puerta de entrada de público en el grupo de las marcas y modelos “premium”.

Las intenciones de Audi con esta renovación se focalizan en tres puntos que tratan de resituar al A3 con respecto a su competencia: su imagen es más dinámica; su tecnología, más sofisticada; su comportamiento, más deportivo. En esos ases se sustenta su estrategia para llegar a las previsiones de ventas fijadas por el departamento de Márketing: 7.300 unidades del nuevo A3 para este año ; 5.900, del antiguo; 13.200 A3 vendidos en total para finales de 2003.

Desde fuera, el giro hacia una mayor deportividad es patente; pequeñas modificaciones en la estructura logran esa sensación: la batalla ha aumentado 65 mm; la anchura, 30; la altura ha disminuido 10 mm. Audi ha querido que sus medidas se acerquen a las de un coupé, a lo que también colaboran los voladizos más cortos, el montante posterior más inclinado y la tendencia a la estrechez de las lunetas laterales. En total, unos 50 mm más que su predecesor. La belleza y elegancia del diseño eran ya características del predecesor de este A3 y su hijo las hereda y mejora. Su silueta se ha hecho más compacta y en los laterales nacen dos líneas en relieve, una por encima de la maneta de apertura de la puerta -la llamada línea de cintura- y otra que va de un pasarruedas al otro (éstos, también realzados), a media altura de la puerta. Ambas contribuyen a reforzar la parte inferior de esta nueva silueta y a situarla con más aplomo sobre el suelo.

Desde 1996 hasta hoy el Audi A3 ha cambiado una sola vez de imagen, en verano del año 2000, con un pequeño restyling en el que se modificaron los faros delanteros, la parte exterior de los grupos ópticos traseros y la parrilla, y se dieron algunos toques superficiales al interior, donde la consola central se hizo más ancha. En las tres primeras fotos que siguen se pueden apreciar el frontal y la trasera del A3 del 96; a continuación, el frontal, la zaga y el salpicadero a partir del restyling. Por último, frontal, zaga e interior de esta segunda generación que acaba de nacer.

Gracias a eso, el habitáculo alberga a sus ocupantes con algo más de holgura: los de las plazas traseras contarán con 29 mm más de espacio para las piernas y, a la altura de los hombros, el espacio crece en 42 mm delante y en 23 detrás. El problema de amplitud a la altura de la cabeza –que podría mermar al haberse acortado la altura total del coche en los citados 10 mm- se ha solucionado bajando los asientos, lo que, de paso, confiere un nuevo toque deportivo al modelo.

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En el frontal, los grupos ópticos se orientan hacia la parrilla, cuyos segmentos superior e inferior se unen ahora por una línea que atraviesa el parachoques, del mismo color que la carrocería. En la zaga hay menos cambios, aunque sí se han reducido las líneas y, en esa búsqueda de mayor deportividad, los tubos de escape pueden tener dos salidas en las motorizaciones más altas. En los pilotos traseros, los intermitentes se estrechan y convierten en breves líneas horizontales.

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