Audi R8 2016: primeras impresiones

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Por Hernán Aceves

 

Son dos opciones las que saldrán a la venta a finales de este año, ambas con el V10 5.2 litros. La de “entrada” con 540 hp y 398 lb-pie, y la plus con 610 hp y 413 lb-pie, que convierte al R8 en el Audi de serie más poderoso jamás construido. Y no es exageración ni un vil slogan de marketing. La presentación se realizó en el Autódromo Internacional do Algarve en donde cada una de las 18 curvas que tienen los 4,648 m de su pista no fueron suficientes para cansarlo durante toda la tarde.

 

Y para hacer las cosas más interesantes estaba rodando un R8 LMS conducido por Dindo Capello, la figura de los Supertourismo de mediados de los noventa. Bien llevado el plus, que fue el que manejamos, no se quedaba tan atrás. Estamos hablando de que el R8 LMS corre en la GT3… ya son palabras mayores. Es más, ambos comparten por lo menos el 50% de los componentes y hasta son armados en la misma planta (Böllinger Höfe). El secreto para que el R8 V10 plus ande tan rápido es el peso contenido y un nuevo sistema de tracción integral, además de una electrónica casi mágica.

 

 

En su totalidad el auto apenas roza los 1,450 kilos. El chasis por sí solo logra en báscula unos 200 kilos. De tal forma, su relación peso-potencia está sobre los 2.5 kg/hp. El chasis es Multimaterial Space Frame, tiene secciones de aluminio y partes de plástico reforzado con fibra de carbono (CFRP).

 

Su conducción no es que sea medio brusca, lo que pasa es que todo sucede tan rápido que exige poner demasiada atención por todos lados y demanda anticiparnos mucho a nuestras decisiones. Efectivamente logra hacer el 0 a 100 km/h desde cero en poco… poquito más de los tres segundos. Los 330 km/h de la ficha técnica no los alcanzamos por tema de espacio, pero sí corroboramos que para el sprint 0-200 km/h le toma 9.9 segundos.

 

 

Con el V10 está una S-Tronic de siete velocidades mejorada que cambia más rápido (es shift by wire). De igual forma el sistema quattro es nuevo, con un clutch multidisco de activación electrohidráulica, pero ya con un sistema de enfriamiento por agua activo. Ahora, dependiendo de la situación de manejo, el torque puede estar o 100% en el eje dalantero o 100% en el trasero.

 

A esto hay que agregar más electrónica renovada, un sistema de conducción que da a escoger al piloto entre un modo “comfort”, “auto”, “dynamic” e “individual” (aquí se interviene acelerador, amortiguadores y dirección) además de uno “performance” que para acabarnos de marear cuenta a su vez con tres opciones adicionales: seco, mojado y nieve (en este se interviene además el control electrónico de estabilidad). En fin, lo anterior se traduce en una estabilidad y precisión nunca antes vistas en ningún modelo de Audi.

 

Cuatro centímetros más de anchura también contribuyen, además, según nos contaron los pilotos que lo han puesto a punto, a hacerlo más cómodo por dentro que un Huracán, pero ojo, no menos rápido.

 

Al interior también las cosas cambian. El diseño es más simple y hay un aire más racing. Todas las funciones importantes pueden ser controladas sin que se quiten las manos del volante o la mirada del camino. Hay dos botones que roban la vista y que funcionan al estilo de un Manettino de un Ferrari: uno es el del encendido del motor y el otro es para moverle al Audi drive select. Hay otros dos menos ostentosos que controlan el modo performance y el sonido del sistema de escape.

 

 

El display digital también es una derivacion de los coches de carreras. Al igual que el TT cuenta ya con el virtual cockpit, que corre a cargo de un monitor TFT de 31 cm que presenta toda la información del auto, con gráficas en alta resolución. Hay tres modos de vista. La que nos gustó más es la que va con la activacion del modo performance, pues aparece en primer plano el tacómetro y rodeándolo los indicadores del torque, la potencia, la temperatura del aceite, la temperatura de las llantas, las fuerzas G y los tiempos por vuelta.

Sin lugar a dudas con el R8 Audi demuestra que tiene mucha experiencia en las carreras. Hace poco estuvimos en Le Mans y lo comprobamos. No ganó este año, pero 13 victorias en la competencia de resistencia más dura del mundo dejan mucho a cualquiera. Y este auto es producto de dicho aprendizaje. Todo el dinero, tiempo y esfuerzo que se han gastado en las pistas se ve bien reflejado en este superdeportivo.

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