Abarth 500 automático: prueba de manejo

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Por Ernesto Roy Ocotla Fotos: Carlos Quevedo Edición para online: Manuel Fernández

 

Nos encontramos en otros tiempos, donde los parámetros que conocemos se van transformando. La nueva versión del Abarth participa de este fenómeno, pues ya estamos incluso habituados a ver autos de la talla de Porsche o Ferrari desplazar el cambio manual por uno automatizado que optimice su desempeño.

 

Ahora encontramos el modelo 2015 con múltiples intervenciones que velan por las necesidades de un panorama de clientes más amplio.

 

 

Era digital

 

En el interior, la diferencia es apenas notable, con pequeños detalles como el rediseño del portavasos en la parte central y las entradas de audio –auxiliar y USB- ahora presentes al alcance de la mano; anteriormente se encontraban en la guantera.

 

La postura de conducción deja en primer plano al volante –que nos gustaría ajustar en profundidad para un acomodo ideal- y no cuenta con paletas detrás. Y justo después, el nuevo tablero digital de siete pulgadas. Las antiguas agujas se ven sustituidas por una pantalla a color, con capacidad de variar la información dispuesta de acuerdo al modo de manejo seleccionado.  

 

Lo que encontraremos de manera habitual será el tacómetro, los datos del viaje – rendimiento, distancia media, autonomía, entre otros- y, del lado derecho, un medidor que anuncia qué tan eficientes somos de cara al consumo. Con el botón “Sport” oprimido, este medidor de eficiencia se ve sustituido por una gráfica que anuncia el porcentaje de presión sobre el acelerador.

 

Honor al nombre

 

La automática de seis deriva de la unidad Aisin que monta el 500 normal; eso sí, con sus debidas adaptaciones. Es más robusta en sus componentes internos y genera una pérdida mínima en la entrega de poder del cuatro cilindros de 1.4 litros, con tres caballos menos que la versión manual (157) y un incremento en la cifra de torque con 13 lb-pie más, para un total de 183 (248 Nm).

 

En ciudad se ve beneficiado al ganar confort en el día a día, en especial en tránsito pesado. En la modalidad normal, la patada generada por el turbo no se percibe tan enérgica como nos tenía acostumbrados, pero todo acaba con solo apretar “Sport” en la consola central. El acelerador se torna más sensible, la dirección endurece y la transmisión hace gala de su calibración para exudar la esencia del símbolo del escorpión.

 

Tal vez las transiciones no sean la más inmediatas pero respetan nuestras decisiones a cabalidad. Si hacemos cambios descendentes se sincronizan las vueltas como un punta-tacón; se corta el gas entre cada velocidad como en su pariente de tres pedales, al frenar se reduce a la marcha inferior para ayudar a retener e incluso mantiene el corte de inyección.

 

Enfrentamos una zona de curvas reviradas. Ponemos la caja en modo “manual” y trazamos una a una las vueltas que tenemos enfrente. La diversión a bordo se cumple. Aún cuando la manual termine exigiendo más al conductor, esta automática se porta a la altura de las circunstancias a las que se exponga.

 

Por 349,900 pesos (381,900 el Cabrio) se convierte en una opción para quien busca con qué divertirse en carretera, pero que rodará mayormente en ciudad.

 

 

NOS GUSTA

Calibración de caja

Manejo divertido

Nuevo tablero

 

NOS GUSTARÍA

Paletas tras el volante

Modo Sport más radical

Sistema de navegación

 

Resumen técnico

 

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 1.4 l, turbo

Potencia máxima: 157 hp a 5,500 rpm

Par máximo: 248 Nm entre 2,400 y 4,000 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, seis velocidades

Tracción: Delantera

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 366 x 162 x 149 cm

Distancia entre ejes: 230 cm

Cajuela: 185 l

Tanque de combustible: 40 litros

Peso vacío: 1,141 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 17.90 s

Rebase 80 a 120 km/h: 7.22 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 42.2 m

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