Magna Steyr es famosa por su larga experiencia en fabricación de todo terrenos y, más en concreto, de vehículos de tracción a las cuatro ruedas. Sólo hace falta echar un vistazo a los coches que montan para darse cuenta. Su renombre como fabricante de 4x4 llegó de la mano del Clase G. Daymler no sólo lo monta en Graz desde 1979, sino que también contó con los ingenieros de esta compañía para desarrollarlo. No era el primer vehículo que realizaban juntos (antes ya habían trabajado en el Haflinger o el Pinzgauer), pero sí ha sido el que más ha transcendido. De hecho, con 25 años a sus espaldas, el Clase G es el modelo más veterano de Mercedes y –lo que es más importante- se ha conservado con su estructura original. El secreto de su éxito radica, en gran parte, en los duros tests a que Magna Steyr somete sus creaciones. En Graz, prueban sus coches en pistas y también salen por los circuitos montañosos de la región de Schöckl, en plenos Alpes austriacos. Los sistemas de tracción son llevados al límite. Estabilizadoras, amortiguadores, chasis, dirección, frenos... todo es testado –además de en el laboratorio- en carretera. También miden la corrosión de la carrocería, analizan la fiabilidad de los sistemas electrónicos, miran la resistencia de los materiales... En definitiva, sondean cuál será la esperanza de vida de sus productos. Desde 1999, Graz cuenta con un pionero centro de acústica. No sólo se hacen simulaciones en ordenador para ver qué desarrollo será el más adecuado para reducir ruidos, sino que se realizan exhaustivas pruebas en una sala cerrada que reproduce distintas condiciones ambientales. En un banco de rodillos, se simula distinta conducción de coches y se miden los sonidos y las vibraciones. Sin embargo, no todo son máquinas, robots o sensores. Para analizar la “calidad del ruido", nada mejor que el oído humano. Así, también se “escucha" cómo funcionan los coches en pista y se analiza qué tal suenan sus frenadas, su sistema de calefacción y sus cambios de marcha, entre otros factores.
También nos han llamado la atención las pruebas de estanqueidad. Vimos cómo un Saab 9-3 Convertible las sufría. Según nos explican, cada coche recibe durante cinco minutos el bombardeo de chorros a alta presión. Cada minuto, se llegan a volcar más de 1.500 litros de agua. |
También nos han llamado la atención las pruebas de estanqueidad. Vimos cómo un Saab 9-3 Convertible las sufría. Según nos explican, cada coche recibe durante cinco minutos el bombardeo de chorros a alta presión. Cada minuto, se llegan a volcar más de 1.500 litros de agua.






