La calidad del aire en la capital española es buena

El ayuntamiento de Madrid está muy satisfecho con la calidad de aire en la capital. No obstante, las políticas de mejora del medio ambiente continúan presentes para el consistorio de la capital española.

El cuarto teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, responsable del área de Medio Ambiente del Consistorio, Adriano García Loygorry, ha declarado que la situación de la calidad del aire en la capital española es buena. Esta tesis ha sido apoyada por una ponencia realizada por el doctor ingeniero industrial Manuel Valdés titulada "Fenómenos básicos de la contaminación urbana" y celebrada en el marco del Curso de Verano de la Universidad Complutense de Madrid "El automóvil y la calidad del aire".

Según los datos del concejal de Medio Ambiente de Madrid, pese a que la capital recibe unos 600.000 vehículos al día que se suman al millón aproximado de automóviles ya existentes en la capital, el nivel de calidad del aire es aceptable.

La prueba de esta afirmación, según el ayuntamiento de la capital, es que en el último año sólo en dos ocasiones ha sido necesario informar a la población del aumento de la concentración de ozono (uno de los contaminantes más importantes) en la capital.

Esta "información a la población" está reglamentada por la Unión Europea. Cuando se supera un nivel de ozono superior a 180 microgramos por metro cúbico de aire durante más de una hora, las autoridades competentes deben avisar a la población de que existe un determinado riesgo en el ambiente. El umbral de alerta, dentro de esta misma escala, se sitúa en los 360 microgramos por metro cúbico de aire durante más de hora. En estos casos las instituciones de gobierno deben alertar a la población y tomar medidas urgentes para reducir este ozono (restringir el tráfico, por ejemplo).

Pero estos casos extremos están lejos de la realidad madrileña, a juzgar por los modelos propuestos por la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid. En dichos modelos se conjugan infinidad de variables: fuentes de contaminación, temperatura ambiente, tipos de contaminantes, etc., etc., para tratar de prever la situación en momentos posteriores e intentar controlarla.

Se sabe que las concentraciones más altas de ozono se registran unas tres o cuatro horas después de la hora punta de tráfico y que aumentan en los meses de más calor (junio, julio, agosto y septiembre). La explicación está motivada por reacciones químicas.

Los gases de escape que los vehículos expulsan son, entre otros, los óxidos de nitrógeno (NOx ), que se asocian de diferentes maneras a otros elementos que hay en el ambiente. Entre estos óxidos de nitrógeno, expulsados en la hora punta, y el calor del sol, a partir de las 11 ó 12 de la mañana, se produce una reacción química (fotolisis) que genera ozono (O3) en las tres o cuatro horas siguientes. De ahí que las máximas concentraciones de este elemento se encuentren a partir de las 15 ó 16 horas. Pero lo importante son los efectos de este ozono en la salud pública. Según el profesor Manuel Valdés, la alta concentración de O 3 puede producir irritaciones respiratorias y oculares y un olor desagradable. Además, puede dañar plásticos y gomas y retrasar el crecimiento de las plantas.

Para reducir esta concentración de ozono bastaría con reducir el tránsito de vehículos a motor, por ejemplo. Esta medida no sería suficiente, no obstante, debido a la amplitud de compuestos que se conjugan en el ambiente (compuestos orgánicos volátiles, aldehídos, aromáticos, etc.) y que interaccionan entre sí modificándose mutuamente y equilibrando, en cierto modo, la calidad del aire.

No obstante, para mejorar dicha calidad del aire en la capital española, es necesaria una concienciación de la sociedad. Dicha concienciación tiene que estar basada en la paralela mejora del transporte público, en especial el metro, el tren de cercanías y los intercambiadores de autobuses.

También, tal y como sucede en Barcelona, la capital española está buscando soluciones a la carga y descarga. La autoridad en la materia sabe que las medidas restrictivas del tráfico en el centro pueden no gustar a los comerciantes; por ello, hay que buscar un término medio que beneficie a todos y, al Medio Ambiente, también.

Por otra parte, si se consiguiera eliminar la doble fila (haciendo más aparcamientos subterráneos, por ejemplo), se mejoraría la fluidez del tráfico. Con ello los automóviles estarían menos tiempo al ralentí detenidos, con lo que el consumo descendería. Y con el descenso del consumo, llegaría la tan deseada bajada de la contaminación.

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