El ‘‘Gran Hermano’’ llega a Land Rover

Ha existido un “Gran Hermano" en una casa, en un autobús, incluso en una granja, pero, que se preparen los trabajadores de la automoción, pues se acerca el “Gran Hermano" en el motor.

El sector demanda mayor flexibilidad laboral al Ejecutivo
El sector demanda mayor flexibilidad laboral al Ejecutivo

La rentabilidad parece haberse convertido en la máxima que quieren seguir a rajatabla los principales fabricantes, sobre todo los generalistas. Para ello, algunas de estas marcas acuden a soluciones, por decirlo así, curiosas.En el pasado y en el presente, los trabajadores han sido consultados acerca de cómo mejorar la situación de la empresa. Así, compañías automovilísticas como Seat o Ford, establecían concursos para que los empleados aportaran ideas para mejorar los procesos de producción, los turnos, etc.Sin embargo, lo que nunca se había visto es que los trabajadores fueran vigilados con cámaras de control. Eso es lo que tendrán que sufrir los operarios de la planta británica de Land Rover en Solihull, que han ratificado un programa que modifica sus condiciones laborables y que incluye la colocación de estos sistemas de vigilancia. Entre las medidas aprobadas en este plan, también se encuentra el compromiso de los trabajadores de acabar su turno, a pesar de que la cuota de producción individual diaria se haya completado.Con estas iniciativas, se quiere evitar el “escaqueo" de los trabajadores y rentabilizar al máximo las horas de trabajo. Como compensación, los asalariados de esta factoría han solicitado a Ford, dueña de Land Rover, el compromiso de invertir en nuevos productos y, con ello, asegurar el futuro de Solihull. Cuestiones éticas aparte, ésta parece una de las soluciones menos dañinas para salvar el empleo en algunas fábricas. Otra, de la que ha sido precursora Daimler-Chrysler, es la de hacer trabajar más horas a los empleados por el mismo dinero, o sea, “regalarle" horas a la empresa. En este sentido, las empresas tienen la sartén por el mango, habida cuenta de las constantes amenazas de deslocalización que sufren los trabajadores. Y es que la premisa que se sigue en toda compañía del sector es la misma: hay que reducir costes laborables. Las fórmulas son diferentes (moderación de salarios, descenso de las plantillas, robotización de las cadenas de montaje, etc), aunque el perdedor también es siempre el mismo: el trabajador.

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