Cuéntame cómo arrancó

Para muchos españoles, los microcoches hoy sólo son vehículos de reducido tamaño, fáciles de aparcar y que no requieren carné. Sin embargo, hubo una época en la que la movilidad dependía de ellos. De madera, de tela, con tres ruedas o sin puertas…cualquier diseño era válido si resultaba barato. CosmoCaixa recupera ahora los ingeniosos coches que circularon por las desgastadas carreteras españolas de la Posguerra.

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No resulta muy sencillo encontrar hoy en día por España algún microcoche de los que circulaban por nuestras carreteras hace ahora 50 ó 60 años. La mayoría de los pocos ejemplares que aún se conservan en más o menos buen estado los podemos encontrar actualmente en la Colección de Automóviles de Sils, en Girona, o en el Museo de la Historia del Automóvil de Salamanca. También hay algunas unidades en manos de auténticos coleccionistas privados, que guardan estos automóviles en sus garajes como verdaderas obras de arte.Este verano, tras muchos meses de gran esfuerzo y con la colaboración del comisario de la muestra, Salvador Claret, Cosmocaixa ha logrado reunir entre sus muros a un buen número de estos curiosos modelos. Y están en forma: algunos incluso lucen en sus lunetas el indicativo de haber pasado la ITV de 2004. Todos merecen especial atención, aunque destacan cuatro por encima del resto: el Isetta, el Biscuter, el Kapi y el Clúa 500. Ellos fueron el sueño de muchos conductores durante casi tres décadas. Este pequeño automóvil con forma de huevo es, probablemente, el microcoche más famoso de todos los tiempos. Por lo menos, el más original. Su diseño fue obra de Ermenegildo Preti, un curioso italiano que, sobre 1952, se inspiró para su creación en un avión de carga de apertura frontal. Y, la verdad, no se equivocó. De forma totalmente ovalada y con una única puerta de abertura frontal (con volante integrado), el conocido como “la Isetta" se convirtió pronto en uno de los modelos más vendidos del mercado. Su motor, de 236 cm3, desarrollaba una potencia de 10 CV, suficiente como para “disparar" el vehículo hasta los 80 km/h.
El ejemplar que ahora presenta Cosmocaixa (lo podemos ver más abajo) data de 1954 y actualmente pertenece a la Panxistería Sant Joan, en Barcelona. Sólo se produjeron 1.000 unidades como ésta en todo el mundo. Si “la Isetta" fue el vehículo más original, el Biscuter tiene el honor de ser el más popular. Hoy en día, no sería posible describir en España la década de los 50 sin hablar del modelo que significó el acceso de nuestra población a los coches de cuatro ruedas. Diseñado por el ingeniero francés Gabriel Voisin, el Biscuter fue el coche más barato de la época. En España, Auto Nacional S.A. fabricó más de 10.000 unidades de sus diferentes versiones. Eso sí, era popular, a pesar de no ser demasiado cómodo: debido a su poco peso, las primeras unidades se vendían sin marcha atrás, por lo que se aparcaban a fuerza de empujones.

El Museo de la Ciencia muestra ahora en Madrid dos de las versiones más vendidas del modelo: el Biscuter 100, conocido como “Zapatilla" (en la foto), y el Biscuter Comercial 200 C, apodado “La Rubia". El primero es un curioso automóvil descapotable con carrocería de aluminio y faros saltones. Se presentó por primera vez en el Salón de París de 1950, junto a un motor Hispano Villiers de dos tiempos y 9 CV de potencia. El segundo es todavía más original; se trata de una versión familiar con carrocería mitad de madera, mitad de aluminio. En ella, pueden viajar hasta cuatro personas, o bien sólo dos junto a una carga de hasta 200 kg. Pertenece actualmente al Museo de la Historia del Automóvil de Salamanca.El Kapi es el mejor representante de los vehículos de tres ruedas que abundaron en España entre 1940 y 1970. Ingeniado por Federico Saldaña (capitán militar, de ahí el nombre del coche), este modelo presentaba a mediados de siglo un desarrollo técnico superior al resto de vehículos. Estaba equipado con un motor de cuatro tiempos y un cilindro, que ofrecía 8,5 CV a 6.000 rpm. Este desarrollo, sin embargo, contrastaba con la precariedad del acabado. Su carrocería, por ejemplo, alternaba elementos como la madera o el cartón.
El modelo que se exhibe ahora en esta exposición pertenece a la Colección de Automóviles de Sils (Girona). Fabricado en 1957, tenía un precio en el mercado de 28.900 pesetas. Está considerado como el deportivo por excelencia de los microcoches, aunque hay quien lo sitúa en un segmento superior, muy próximo al popular Seat 600. De líneas armoniosas y atrevidas, fue diseñado sobre 1955 por uno de los mejores carroceros españoles de la época, el barcelonés Pedro Serra. Su obra, descapotable tipo “spyder", representaba todo un lujo en aquellos años: motor de 247 cm3, tracción delantera, cuatro velocidades, marcha atrás, arranque eléctrico, asiento de cuero... A pesar de su aparente exclusividad, tuvo un enorme éxito que se reflejó en un gran número de pedidos. Y ahí es donde su fabricante, Construcciones Metálicas Clúa, cometió un error imperdonable. Prometió que, ante cualquier defecto o anomalía en el vehículo, devolvería íntegramente el dinero. Como no podía ocurrir de otro modo, la chapa de estos automóviles comenzó a desajustarse por un problema en su fabricación, lo que obligó a la empresa a devolver todo el capital y a liquidar sus últimas unidades por 49.000 pesetas (al principio se comercializó por 65.000). Resultado: la compañía quebró en 1962. “Microcoches. España, 1940-1970" es una exposición temporal que recorre una de las etapas más ingeniosas de la historia de la automoción española. Ubicada en el Museo de la Ciencia Cosmocaixa (C/Pintor Velázquez, s/n, Alcobendas –Madrid-), estará abierta al público hasta el próximo mes de enero de 2005. La muestra puede visitarse de martes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas. Todo un espectáculo que no te puedes perder. Más información en el teléfono 91 484 52 00.

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