Ford, 100 años de revolución

Hace 100 años el coche era un artículo de lujo que sólo podían comprar unos pocos potentados. La automoción estaba en pañales y los automóviles se fabricaban a mano en talleres artesanos. De un panorama así surgió Henry Ford, un visionario que tenía en su cabeza un futuro donde cualquiera pudiera conducir su propio vehículo. Hace 100 años, Ford inventó la industria del motor.
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Ford, 100 años de revolución
Ford, 100 años de revolución

Los Ford, una dinastía invencible
Los vientos de la tenacidad han llevado siempre en volandas a la familia Ford, quizá el gran clan de la automoción mundial junto con los Agnelli italianos. Es una familia grande y muy unida que maneja la mayoría de las acciones de Ford y siempre ha mantenido su vinculación con el gobierno de la compañía. Aunque casi todos sus miembros acaban vinculados de una u otra forma a la empresa, sólo unos pocos han marcado su historia. Son estos que seleccionamos aquí.

Hay hombres imprescindibles para el mundo. Henry Ford (1863-1947) fue uno de ellos, una especie de visionario llamado a cambiar la sociedad que conoció. Ya de pequeño, cuando trabajaba en la granja de sus padres en las cercanías de Detroit, sabía que el trabajo de la tierra no era lo suyo.
Harto de aquella vida, el joven Henry desarrolló un sentido innato para comprender cualquier tipo de mecanismo: relojes, máquinas agrícolas… Era el descubrimiento de una vocación que se hizo real un día de 1876, cuando Henry Ford vio el primer automóvil de su vida, un locomóvil, una mezcla de carruaje y locomotora que se arrastraba lentamente por los caminos de Detroit. Ese día Henry comprendió qué le deparaba el destino.

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p> Tres años más tarde, ingresaba en la Michigan Car Company, una empresa que fabricaba vagones de la que le echaron en seis días por “sabiondo”. Fue el principio de un fulgurante trayecto por varias empresas relojeras, mecánicas, astilleros, etc. Después volvió un tiempo a la granja y manejó una máquina agrícola de vapor. Su éxito con ella le valió el cargo de jefe del servicio técnico de Westinghouse, el fabricante de la máquina.

Se casó en 1888 y trató de adaptarse de nuevo a la vida en la granja, pero no fue capaz. Volvió a la industria y siguió formándose en las grandes empresas del momento, como la Edison. En los años siguientes trabajó sin descanso y, en los ratos libres, fabricó un rudimentario motor de gasolina que colgó sobre un todavía más rudimentario bastidor. Así, en 1896, nacía el Quadricycle, el primer coche de Henry Ford. Desde entonces, la automoción sería su vida.

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p> Entre 1896 y 1903 se lanzó a fabricar modelos que fueran capaces de competir en las carreras de la época. Así nacieron el 999 y el Sweepstakes, terribles máquinas que le dieron la fama y el dinero necesarios para constituir en 1903 lo que sería un sueño hecho realidad: la Ford Motor Company. El resto es ya historia.

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p> Henry Ford tenía un carácter temible. Autócrata, obcecado, obsesivo, adicto al trabajo… Era también un filántropo y un patriota sin fisuras: incluso estuvo a punto de presentarse a la presidencia de Estados Unidos. Su particular visión de la empresa, muy paternalista, produjo éxitos sin igual, pero también claros errores, como la falta de visión para diversificar la producción en los años 20, lo que dejó paso libre a la competencia. Para él, la empresa era como una gran familia. Por eso dijo que la mayor desilusión de su vida se produjo el día en que sus trabajadores se sindicaron.

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En 1918, Edsel Ford era el elegido, el heredero del mayor imperio que había conocido hasta entonces la automoción mundial. Su padre, Henry, le nombró presidente de la compañía ese mismo año, aunque el viejo Ford nunca tiró la toalla y siguió manejando el timón hasta casi el final de sus días.
Los que conocieron a Edsel hablan de un hombre despierto, con gran talento para el diseño industrial. Era una fuerza moderadora ante los arrebatos autocráticos de su padre, siempre prisionero de su propio genio. A pesar de sus innegables aptitudes, nunca llegó a mandar realmente en Ford y, para colmo, murió joven, en 1943, cuando sólo tenía 49 años. Le sucedió su padre, que, en realidad, se sucedía a sí mismo.

Tras la muerte de Edsel, el nuevo delfín de la familia sería Henry Ford II, hijo del fallecido heredero y nieto del fundador. Henry creció entre las máquinas de la compañía y “mamó” el negocio desde bien pequeño. En 1945 asumió la presidencia, cuando ya Henry I no podía más y, desde ese momento, la empresa vivió un renacer.

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p> Como si le fuese la vida en ello, el nuevo mandamás modificó por completo el sistema de gestión de Ford y puso en puestos clave a hombres de su confianza, algunos, como Ernest Breech, provenientes de la competencia (General Motors).

Henry II tuvo la visión necesaria para aprovechar la prosperidad económica que vivió Estados Unidos tras la II Guerra Mundial. Comprendió las necesidades de la nueva sociedad y, sobre todo, supo captar sus gustos y los de una juventud que empezaba a cambiar sus relaciones con el mundo.

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p> De carácter duro y algo populista, Henry II dio un paso inédito en la compañía: se reservó el cargo de presidente del consejo de administración y puso a otro hombre al frente de la firma. Así, se sucedieron Robert McNamara, John Dyskstra, Arjay Miller, “Bunkie” Knudsen, Lee Iacocca, Phil Cadwell… Pero siempre, hasta que se jubiló del todo en marzo de 1980, Henry II mantuvo el control y su deseo fue ley. Moriría algo después, en 1987, en el hospital que lleva su nombre.

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p> El puesto de presidente de Consejo de Administración pasó por primera vez a un hombre que no era de la familia, Phil Cadwell. Afrontó años muy duros en los 80, con una fuerte crisis en el sector y un exceso de gastos que lastraba la compañía. Le sucedieron nombres importantes, como Alex Trotman y Jacques Nasser, el “cuchillo”, que fue el último ajeno a la familia en gobernar Ford.

Hijo de William Clay Ford, un hermano de Henry Ford II, el nuevo presidente y consejero delegado es, por tanto, biznieto del fundador del imperio. Bill Ford lleva en la empresa desde 1979 y la conoce de maravilla. Ha estado comprometido con áreas clave en la producción y la planificación y es el depositario de un siglo de esperanzas y anhelos familiares.

Bill Jr. tomó las riendas en 2000, justo después de que el escándalo de los neumáticos Firestone pusiera a Ford en su peor momento. En plena crisis y con pérdidas monumentales, el heredero sacrificó a Nasser y asumió todos los mandos en su mano. Su plan de reflote ha logrado devolver a la compañía a los beneficios y parece que soplan mejores vientos.

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p> Joven, apasionado del diseño, convencido de la protección medioambiental, William Caly Ford Jr es el hombre en quien confía el viejo clan para adentrarse en su segundo siglo de historia.

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