La fiscalidad verde se hace realidad

El Gobierno presenta por fin a comunidades autónomas y agentes sociales y económicos su batería de medidas encaminadas a cumplir con Kioto y reducir las emisiones contaminantes. La introducción de una fiscalidad ambiental y la reducción del uso del coche son dos de los aspectos centrales de la propuesta que empieza a debatirse.
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La fiscalidad verde se hace realidad
La fiscalidad verde se hace realidad

El Ministerio de Medio Ambiente presenta este martes la Estrategia Española contra el Cambio Climático y Energía Limpia a las comunidades autónomas y agentes económicos y sociales representados en el Consejo Nacional del Clima (CNC). El documento que va a defender Medio Ambiente presenta un paquete de medidas destinado a reducir sensiblemente las emisiones a la atmósfera de los gases causantes del efecto invernadero y, consecuentemente, del calentamiento global y el cambio climático.

Una de las piezas esenciales de la estrategia es la introducción por primera vez en un documento que adquirirá rango de ley del concepto de “fiscalidad verde”, penalizando los consumos y actuaciones más contaminantes. El plan diseñado por Medio Ambiente se propone conseguir un ahorro energético del 1 por ciento anual desde ahora hasta 2020.

En relación al transporte, el objetivo del Ministerio es fomentar el uso del tren, el barco y la bicicleta, en detrimento del automóvil. Para ello se propone desarrollar una red ferroviaria de mayor calidad, impulsar y mejorar los trenes de cercanías, fomentar el transporte de mercancías por barco e incentivar la movilidad en bicicleta o a pie.

Aún más directas para reducir el uso del automóvil privado serán medidas como aumentar las tarifas de los aparcamientos urbanos e introducir criterios ambientales en el impuesto de matriculaciones, para premiar a los vehículos que emitan menor cantidad de gases contaminantes a la atmósfera y gravar más a los automóviles de mayor cilindrada. La utilización de biocombustibles y la transformación de las flotas de transporte urbano para convertirlas en “limpias” son otras de las actuaciones que el Gobierno se plantea como prioritarias en relación al transporte.

La propuesta que se presenta a las autonomías es transversal y no afecta únicamente al transporte. Así, dirige igualmente sus miras a los aparatos de aire acondicionado, a la exigencia de etiquetado de eficiencia energética a los fabricantes de electrodomésticos, a la sustitución de las calderas de carbón en los hogares, a la introducción de la energía solar de forma generalizada en la arquitectura y a la adaptación de los hábitos y usos de la agricultura a estas exigencias ambientales.

En relación a la agricultura, aumentarán significativamente los cultivos destinados a la producción de biocarburantes, que se espera constituyan el 10 por ciento del combustible utilizado en carretera para el año 2020. En cuanto al consumo energético, se pretende que en 2020 el 37 por ciento provenga de energías renovables.

No es España el único lugar en el que comienzan a presentarse estas iniciativas que afectarán a los modos y hábitos de vida de habitantes y empresas. El Ayuntamiento de París ha aprobado un proyecto por el que la ciudad se propone reducir en un 40 por ciento el tráfico automovilístico de la capital francesa de aquí hasta 2020.

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p> El plan fue aprobado con los votos a favor de socialistas, verdes, comunistas y radicales de izquierda; contó con la abstención del grupo centrista y con la oposición de los conservadores. El alcalde de París, el socialista Bertrand Delanoe, ha defendido el plan por la necesidad de responder a un reto de “sanidad pública”.

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p> El objetivo declarado del plan es reducir la emisión de gases contaminantes en un 60 por ciento desde ahora a 2020, privilegiando el uso de autobús y bicicleta y extendiendo la red de tranvías.

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En otro orden de cosas, las compañías concesionarias de las autovías en España se frotan las manos ante el horizonte que ha despejado para ellas la directiva que impone nuevos peajes a los vehículos pesados que transportan mercancías. Desde su análisis, esta medida abre camino hacia un mayor pago por el uso de estas autovías, incluyendo a usuarios particulares, y por lo tanto, a mayores ingresos para las empresas gestoras.

La norma aprobada por Bruselas y la intención del Gobierno se encaminan también a la introducción de variables ambientales en el uso de las autovías, de modo que los vehículos más contaminantes deban pagar más dinero por el uso de las vías rápidas. Pero, por el momento, la directiva comunitaria dejará entre 414 y 1.200 millones de euros de ingresos en concepto de peajes para camiones por el empleo de autovías que irán a parar a las arcas del Estado español.

En relación con esto, el senador Lluís Aragonés, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), ha propuesto que las motos paguen un 52 por ciento menos que los turismos en los peajes de las autopistas de titularidad estatal, argumentando que contaminan mucho menos por su inferior consumo de combustible y favorecen igualmente la descongestión del tráfico.

Los vehículos de motor Diesel son mejores para el bolsillo del conductor, pero peores para el medio ambiente. Esa es la principal constatación que ofrece el estudio “Calidad del aire urbano, salud y tráfico rodado”, que ha elaborado el Instituto de Ciencias de la Tierrra “Jaume Almera”, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por encargo de la Fundación Gas Natural.

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p> Los motores Diesel, aunque resultan beneficiosos para el bolsillo de sus propietarios por su mayor eficiencia energética, son más perjudiciales que los de gasolina, porque causan cuatro veces más contaminación atmosférica, según el citado estudio, debido a que emiten niveles muy superiores de dióxido de nitrógeno (NO2) y partículas en suspensión, dos de los principales contaminantes del aire.

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p> El coordinador del informe, Xavier Querol, señala que, aunque se ha mejorado ostensiblemente el diseño de los motores para reducir las emisiones, este progreso queda contrarrestado por el incesante aumento de los vehículos que entran en circulación. No obstante, Querol afirma que no son los gases de combustión el único elemento contaminante que provocan los vehículos a motor, pues entre un 15 y un 25 por ciento de las partículas en suspensión atribuibles al tráfico proceden del desgaste de componentes como los frenos, el embrague o los neumáticos.

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