Facel Vega Facellia F2

Considerado como el culpable del cese definitivo de la marca en 1964, el Facel Vega Facellia ha vuelto a recuperar el buen nombre con el paso de los años. Gracias al esfuerzo del Amicale Facel Vega, los problemas mecánicos de las primeras unidades quedaron atrás y ahora es un placer rodar a bordo de este cabriolet ágil y ciertamente bello.

Facel Vega Facellia F2
Facel Vega Facellia F2

Dejemos ese triste final y gocemos en la contemplación de nuestro protagonista. Desde fuera y visto de perfil a una decena de metros resultan muy agradables sus líneas, nada barrocas y obtenidas a partir de cuatro elementos: el parabrisas panorámico, unos brillantes paragolpes que se prolongan en los lados, los pasos de rueda que parecen dejar una estela tras de sí y una trasera que desciende en ángulo teñida de rojo por los finos pilotos posteriores. Las llaves están puestas y Javier, amigo del dueño, se va instalando en el asiento de la derecha. Vamos bastante bajitos una vez a bordo, y los pedales del fondo obligan a colocar las piernas casi en posición horizontal. Todo el salpicadero está revestido de cuero, al igual que los gruesos y resbaladizos asientos, y son numerosos los brillos de las piezas cromadas en el cuadro de instrumentación. Es rara la situación de freno de mano, en el lateral izquierdo del abultado túnel de transmisión y algo a desmano.Desde los primeros metros llama la atención el manejo de la cortita palanca del cambio, con un tacto sólido y unas marchas que entran con total precisión, lo que nos hace pensar que estamos a los mandos de un coche bastante más moderno. En ciudad y con la capota plegada en un santiamén, este pequeño Facel hace gala de una visibilidad extraordinaria en cualquier ángulo, sale rápido en los semáforos y cuando hay que mover la dirección será mejor que el coche no esté parado, porque habrá que hacer una fuerza considerable.Aunque parezca increíble, uno de los mayores atractivos del Facellia radica en su motor. Tiene un sonido grave y fuerte al ralentí, responde con brío suficiente a bajas vueltas y en cuanto se superan las 4.000 rpm comienza a llegar una ración extra de potencia que aún a 6.000 rpm sigue en aumento, eso sí, acompañado de un ambiente acústico ensordecedor. No está mal para un coche presentado en 1959, cuando la mayoría de los autos con cierto talante deportivo incorporaban motores cuya potencia máxima se alcanzaba como mucho a las 5.500 rpm. Por explicarlo con un ejemplo más conocido por estas tierras, recuerda en cierta manera a los motores biárbol de Seat en lo a gusto que se siente el motor en la zona alta del cuentarrevoluciones, permitiendo subir hasta 55 millas por hora (casi 90 km/h ) en segunda y 90 millas (144 km/h) de velocímetro en tercera.En uso rápido por carretera sale a relucir la precisión y rapidez de una dirección que parece de cremallera pero no lo es, a la que se suman unos frenos de disco Dunlop muy potentes para su época y que hoy en día siguen resultando más que suficientes. Y aunque la suspensión trasera es por eje rígido, el Facellia se comporta muy bien en carreteras despejadas, donde traga kilómetros a buen ritmo y entra de forma prácticamente neutra en las curvas de poco ángulo. Pero como la alta velocidad no se lleva demasiado bien durante mucho tiempo con la capota plegada, optamos por adentrarnos en una zona de curvas lentas y descubrimos un Facellia diferente. Aquí salen a relucir la manejabilidad y eficacia que le proporcionan un centro de gravedad bastante bajo y un equilibrado reparto de masas, que obliga a volantear para meter al coche en la curva y a dar algo de gas cuando el volante no está todavía recto. El conjunto es muy eficaz y supera en agilidad a buena parte de los deportivos de su época, llegando a un nivel similar al de los Alfa Romeo Giulietta en cuanto a comportamiento. A cambio de todo esto, al Facellia no le hacen mucha gracia los pavimentos bacheados, donde su suspensión trasera por eje rígido hace que las ruedas pierdan contacto con el suelo y puedan acabar ocasionando algún que otro pequeño susto.Nos costó lo suyo, al final de la prueba, despedirnos del Facellia sin tan siquiera haberlo conducido con la capota puesta. Más que por un aspecto concreto, lo mejor del Facellia reside en todo el conjunto: es un coche bello, muy bien acabado, posee un motor de inesperada respuesta en la zona alta del cuentavueltas y se agarra fenomenalmente al asfalto. Además, su mala fama de épocas pasadas le confiere un cierto halo de chico rebelde, aunque se haya vuelto formal y esté en el lugar que merece.Nuestro agradecimiento a Francesco di Napoli y a Javier Tulla, del Club Facel Vega España, por la ayuda prestada en la realización de este reportaje.

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