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Conducción por campo (III)

La conducción de un todo-terreno tiene la doble faceta de actividad de ocio y de necesidad de transporte, lo que le convierte en un vehículo peculiar cuyo manejo difiere en cada caso. Te damos unas pequeñas recomendaciones para que disfrutes de él tanto en campo como en carretera.
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Conducción por campo (III)
Lo primero que tenemos que saber a la hora de conducir un vehículo por el campo es que hay que hacerlo de forma cívica y respetuosa con el medio ambiente. Cada día hay más personas en contra del uso del todo-terreno por campo, por lo que habrá que hacerlo siempre por las zonas permitidas, con el máximo respeto hacia los demás y con las suficientes precauciones para no causar ningún daño.
4. Conducción sobre arena
Para circular con facilidad sobre terrenos arenosos o desérticos, hace falta conocer algunas pautas que nos permitirán salvar situaciones desagradables. Lo primero que hay que saber es que la arena suelta resta mucha potencia al vehículo, por lo que será conveniente circular con las relaciones cortas, pero en marchas largas, pues también hace falta cierta velocidad para que el vehículo no se detenga. Estos parámetros vendrán marcados por la potencia y las características de nuestro vehículo. También los neumáticos son decisivos a la hora de avanzar sobre la arena suelta. Conviene circular sobre las roderas marcadas por los vehículos que nos han precedido, ya que, normalmente, la arena se encontrará más compacta en este caso. Además, si circulamos sobre las huellas de los vehículos anteriores, podremos saber si hay alguna "trampa" en el camino. Hay que procurar mantener el movimiento uniforme, pues, si el coche se detiene sobre este tipo de superficie, le costará volver a iniciar la marcha. En caso de que la superficie sea excesivamente blanda, podremos bajar la presión de los neumáticos hasta 0,5 kg/cm2, pero, una vez superadas las zonas de arena, restableceremos las presiones a sus valores habituales. En caso de que nos quedemos atascados en la arena, no hay que insistir con el acelerador, pues lo único que conseguiremos es que el vehículo se hunda más. Lo más fácil para salir será colocar algo, como planchas o maderas, para mejorar la tracción y despejar el camino de salida. El movimiento debe producirse de forma suave y progresiva. 5. Conducción sobre barro
El barro es muy traicionero, pues, además de ser una superficie muy resbaladiza, esconde "trampas" que no se ven. Es importante conocer la capa de barro que se esconde bajo las ruedas. Si es fina, debemos circular con precaución, pues en este caso la adherencia es muy baja, similar a la del hielo, y el coche pierde direccionalidad. Si existen roderas poco profundas, procuraremos circular por ellas con la dirección sujeta de forma firme, prestando especial atención para salir de ellas. Cuidado a la hora de frenar, pues lo más normal es que se alarguen las distancias. Por ello dejaremos más metros con el coche precedente y no haremos movimientos bruscos. Si la zona por la que transitamos está muy embarrada, procuraremos mantener el movimiento sin pararnos, girando la dirección rápidamente hacia ambos lados. Si nos quedamos atascados, lo más fácil es retroceder un poco para intentar coger impulso. En este caso también se puede bajar la presión de los neumáticos para mejorar la adherencia.

Una vez finalizado el recorrido, es conveniente limpiar con agua a presión todas las partes del coche, pues el barro se incrusta en los órganos mecánicos y reduce la refrigeración del motor. 6. Conducción sobre nieve
Similar al barro, pero más delicada por su consistencia, la nieve también oculta lo que se esconde bajo ella. Además, las temperaturas existentes para que se produzca este fenómeno son bajas, lo que añade una complicación más a la hora de tener que solucionar los problemas desde fuera del coche. Como en los casos anteriores, la nieve pisada tiene mejor adherencia, por lo que procuraremos mantenernos sobre las huellas de los vehículos precedentes.

La nieve esconde uniformemente los objetos, por lo que conviene no salir del camino para así evitar chocar contra algún obstáculo. Tampoco se debe pisar el acelerador bruscamente, ni frenar de esa forma para evitar pérdidas innecesarias de adherencia. Si el vehículo pierde velocidad y comienza a atascarse, procuraremos mover la dirección hacia ambos lados de forma rápida.

En caso de que aparezca hielo, la situación se complica. Sobre esta superficie la adherencia es prácticamente nula. En este caso, lo más recomendable es el empleo de cadenas. Si tenemos cuatro, las instalaremos sobre cada rueda, pero, si sólo tenemos dos, las emplearemos en las delanteras con el fin de tener tracción y dirección a la vez.

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