Bertha Benz revolucionó el transporte

El primer viaje en automóvil de la historia

El 8 de marzo de 1988, Bertha Benz tuvo el coraje para cambiar el curso de la historia: completó el primer viaje del mundo en coche, gracias a una increíble hazaña.

Esposa del inventor del vehículo a motor, Karl Benz, el 29 de enero de 1886 patentaron el primer vehículo accionado por motor de gas de 3 ruedas, gracias al anticipo de su dote, ya que su marido tenía grandes ideas pero estaba en la ruina.

Pero aquel loco invento de Karl Benz no terminaba de convencer: la opinión pública dudaba de su funcionamiento. Fue entonces nuevamente cuando Bertha salió al rescate de su marido y una mañana de agosto, muy temprano y sin conocimiento de él (le dejó una nota en la cocina), despertó a sus dos hijos, se subió a su Benz Patent-Motorwagen Type III y arrancó para convencer al mundo.

La meta de Bertha Benz e hijos era Pforzheim, su localidad natal. Pero no todo resultaría sencillo, ya que por el camino necesitó la ayuda de un herrero para reparar la cadena, tuvo que cambiar los forros del freno y, con ingenio, limpiar incluso con una horquilla larga la tubería obstruida del combustible. Hasta recurrió a sus ligas, a modo de aislante, para cubrir cables recalentados.

Eso sí, después de toda una jornada, Bertha Benz llegaba a su destino al anochecer, desde donde envió un telegrama a su marido, Karl Benz, para confirmar el éxito del trayecto.

El extraordinario viaje tuvo una gran publicidad: sirvió para dar a conocer el invento, para demostrar su utilidad como transporte y para cerciorar también su fiabilidad en viajes de larga distancia. El triciclo autopropulsado de su marido ya estaba en boca de todos.

Acusada inicialmente incluso de realizar un viaje que era obra del diablo, y con la creencia de que se movía en realidad en un transporte alimentado por fuerzas misteriosas, a finales del siglo XIX pocos imaginaron que aquella mujer, que avanzaba junto a sus dos hijos por el estado alemán de Baden-Wurtemberg en un vehículo sin caballos que tirasen de él, sería capaz de revolucionar el mundo.

Sólo tres días después, Bertha Benz y sus hijos emprendieron con éxito también el viaje de vuelta. Hoy, sin la fuerza de voluntad y la fe inamovible de Bertha, quizás ni Mercedes-Benz, ni el automóvil, serían hoy lo que son.