4x4

Land Rover Freelander 4x4 Excursion 2.0 TD4 S

El más ligero de los Land Rover, el Freelander, ha renovado su motor. Además, toda la serie pasa a denominarse "4x4". Para comprobar sus nuevas cualidades nos hemos llevado al "pequeño inglés" de marcha.

Land Rover Freelander 4x4 Excursion 2.0 TD4 S
Land Rover Freelander 4x4 Excursion 2.0 TD4 S

En el nuevo Freelander late un dos litros turbodiésel common-rail, el mismo propulsor que monta el BMW 320d. Con este motor, este TT "light" (pesa cerca de 1.600 kilogramos) no resulta demasiado aparatoso en ciudad y es cómodo en carretera. Es pura diplomacia británica sobre ruedas, porque -gracias a su control de descensos y a su aumento de par a bajas revoluciones- también se defiende en las pistas rurales. Eso sí, en la conducción más off-road puede quedarse como un inglés en Nueva York, fuera de lugar. A pesar de su volumen, el Freelander conserva sus buenos modales en carretera. Este Land Rover apenas suena y no vibra demasiado. Es muy ágil y, a partir de las 2.200 rpm, se anima y no le cuesta alcanzar los 160 kilómetros por hora. Con su nuevo motor, ha aumentado considerablemente su potencia, que ahora se sitúa a 112 CV a 4.000 rpm, aunque, si la comparamos con las que ofrecen el Jeep Gran Cherokee y el Opel Frontera, dos TT de un precio cercano y mayor peso, puede resultar escasa. Al tener más par y desde un régimen más bajo el motor gana en elasticidad y permite recurrir menos al cambio de marchas, a pesar de tener desarrollos más largos que en la versión anterior. Así, cuando la conducción no es demasiado fluida, no te mortifica con el cambio continuo de velocidad. En general, el comportamiento del motor es bastante brillante y permite una conducción alegre. El tacto de sus pedales pueden resultar algo "gomosos", sobre todo el freno. Eso sí, su acelerador, que ahora es electrónico, responde muy bien. También ha mejorado el capítulo de frenos, incorporando el sistema de Distribución Electrónica de la Presión de Frenado (EBD), lo que equilibra con mayor eficacia la fuerza de los frenos sobre los dos ejes.

El Freelander, además, es un buen anfitrión. Para los viajes largos resulta muy cómodo, no rebota en exceso y tampoco se inclina demasiado. Cuatro personas con una altura superior al metro ochenta podrían sentarse sin estrecheces, un confort que se puede mejorar montando la opción de asientos delanteros regulables en altura. Además, cuenta con un amplio maletero, también ahí cabe otra persona adulta (comprobado) y es muy accesible.