4x4

Land Rover Freelander 2.0 Td4 S

La llegada del nuevo motor 2 litros turbodiésel «common rail» con culata de 16 válvulas desarrollado por BMW, con sus 112 CV, ha venido a potenciar las capacidades dinámicas, refinamiento y agrado de conducción del TT inglés, que no sólo ofrece ahora unas mucho mejores sensaciones, sino que se sitúa en una posición más favorable frente a su competencia más directa.

Land Rover Freelander 2.0 Td4 S
Land Rover Freelander 2.0 Td4 S

Por lo que respecta a los aspectos dinámicos, lo mejor que puede decirse del nuevo modelo es que mantiene la buena nota que alcanzaba su predecesor. En este sentido y partiendo de la base de que el talante del Freelander es muy noble, con un comportamiento básicamente subvirador, sus suspensiones, y en especial la delantera, presentan un cierto desacuerdo entre la actuación de los muelles y los amortiguadores. Así, mientras que a ritmos de marcha tranquilos no surgen reacciones extrañas, a ritmos más alegres y rodando por zonas de curvas, la amortiguación resulta demasiado suave con relación a la dureza de los muelles. Esto provoca ciertos rebotes del eje delantero al sobrepasar baches transversales, e incluso la carrocería rebota ligeramente de lado a lado en los apoyos fuertes en curva. También debemos decir inmediatamente que dichos rebotes no se traducen en desviaciones de la trayectoria, ni reacciones peligrosas… al menos mientras esa amortiguación no se fatigue. En este último tipo de terreno pone de manifiesto también una evidente carencia de efectividad del equipo de frenos, que pese a aumentar sus dimensiones, sigue sin destacar ni por su potencia ni por su resistencia a la fatiga. Si con el coche descargado, a la tercera frenada fuerte estábamos prácticamente sin frenos, no queremos imaginar lo que podría ocurrir bajando un puerto largo con la familia y un abundante equipaje. El coche está pidiendo a gritos no sólo verificar la calidad de las pastillas, sino la incorporación de unos frenos traseros de disco en lugar de los tambores con que viene equipado. Eso sí, al menos el ABS cumple razonablemente con su misión, incluso rodando fuera del asfalto. El nuevo modelo, como el anterior, es muy buen pistero, pero se queda muy pobre en un tipo de utilización trialera. Y ya que hemos mencionado el campo, las cualidades todo terreno del Freelander no varían con respecto a lo ya conocido. El nuevo modelo, como el anterior, es muy buen pistero, pero se queda muy pobre en un tipo de utilización trialera. No sólo sus cotas TT son muy discretas, especialmente la altura al suelo, la capacidad de vadeo y los recorridos de suspensiones, sino que se carece de bloqueos en sus diferenciales y de reductoras en su caja de cambios, lo que resulta un freno a la hora de abordar zonas muy deterioradas o intentar remontar rampas muy inclinadas. En este sentido tan sólo el control de descensos (HDC), que por cierto funciona muy bien, pone una ligera nota aventurera en el modelo. Por lo demás, el nuevo Freelander comparte con el anterior modelo su estética, calidad de terminación, habitabilidad y capacidad de carga, así como su equipamiento, que en esta versión S es correcto. Qué pena que el precio de este modelo, 4,4 millones sin opciones, sea la principal barrera para acceder a un vehículo realmente agradable y más que suficiente para aquellas personas que buscan un vehículo con un «look» aventurero, pero que utilizarán la mayor parte del tiempo por carretera asfaltada.