Toyota MR2 VVTI SMT

El MR2 pertenece a una categoría en que la utilidad ocupa un segundo plano. En el caso del Toyota, esta filosofía llega a casos extremos, pues el placer de conducir, sobre todo en esta versión con cambio secuencial, está por encima de cuestiones mundanas, como el hecho de no tener maletero.

Toyota MR2 VVTI SMT
Toyota MR2 VVTI SMT

El MR2 sirve para todo o para nada, depende de cómo te lo quieras montar. Se puede usar todos los días, pero no podemos ir a la compra, si queremos que alguien nos acompañe, pues tendremos que habilitar de maletero el sitio del acompañante, si la compra supera el tamaño de un paquete de galletas. El MR2 no tiene maletero como tal, pues los 76 litros que hay en los dos huecos habilitados detrás de los asientos son inutilizables. La otra posibilidad es que te lleven la compra a casa y solucionado el problema. El MR2 resulta tan cómodo de conducir en tráfico urbano que, en este sentido, no tenemos pereza de usarlo a diario. Lo que sí es recomendable para realizar maniobras y arrancar en pendientes es pisar el freno con el pie izquierdo. Con este truco logramos evitar los tirones que se producen al levantar el pie derecho del freno y pisar el acelerador. Las únicas limitaciones que encontramos en el MR2 están relacionadas con la visibilidad hacia atrás y las que ya hemos comentado de espacio. Pero todos nuestros problemas quedan olvidados cuando nos perdemos por una carretera de curvas, en dirección a ninguna parte. Si simplemente tenemos ganas de conducir, esto lo podemos encontrar en el MR2 con cambio secuencial. ¡Qué bonito es sentir el motor subir de vueltas y cómo cambia de sonido! Con el cambio secuencial nos llegamos a pensar que conducimos un coche de carreras (por su efectividad), pues basta con levantar ligeramente el pie del acelerador y presionar la palanca del cambio hacia atrás y seleccionamos una marcha más. Aunque no es necesario levantar el pie para cambiar, es muy conveniente, pues, si no, el tiempo de respuesta es mayor y se produce un pequeño tirón cuando no levantamos el pie del acelerador. Para reducir no hace falta e incluso, si la centralita electrónica detecta que estamos trabajando altos de vueltas, realiza doble embrague. Lo que no termina de gustarnos son los mandos instalados en el volante. En la parte frontal está el que nos permite reducir y por detrás el de subir de marcha. Pero cuando nos empleamos en conducir a tope, se nos olvida cuál es cuál y hacemos lo contrario de lo que queríamos. Con la palanca realizamos un movimiento más mecánico y resulta más fácil memorizar los movimientos. Mientras tanto, la dirección se muestra muy precisa y, a pesar de la ligereza del Toyota, no tenemos sensación de flotabilidad del tren del delantero. Detrás, las cosas son muy sencillas, pues el MR2 es bastante neutro. Pero no debemos olvidar que un coche con motor central es muy difícil de recuperar si se nos «pira» de atrás. A pesar de esta avenencia, intentamos buscar el límite y nos encontramos con que la parte trasera deslizaba hacia el exterior en un par de curvas. La reacción del Toyota no fue tan brusca como esperábamos lo que no provocó que nos asustáramos y levantáramos el pie del acelerador, lo cual puede provocar una reacción más brusca. Sin duda, el Toyota MR2 se merece un hueco en nuestro garaje, esto toda una referencia por comportamiento, posición de conducción y rendimiento del motor unido a la caja de cambios secuencial. Por si esto fuera poco, la posibilidad de recoger la capota en los días que hace sol hacen que el Toyota MR2 sea como una moto. Una solución para aquellos a quienes no les gustan.