Toyota Aygo 1.0 vvt-i Sport 3p

Diseño moderno, mecánica suficiente y comportamiento divertido: cóctel especial para el más pequeño de los Toyota.

Toyota Aygo 1.0 vvt-i Sport 3p
Toyota Aygo 1.0 vvt-i Sport 3p

El Aygo llama la atención. Sus formas redondeadas y sinuosas predominan en la carrocería aportando juventud al conjunto. Aunque es el más original -creo- de los tres coches que se montan sobre la misma plataforma (Citroën C1 y Peugeot 107), no todos los elementos son nuevos y a media que los analizamos encontramos referencias a otros coches. El frontal nos dice, sin lugar a dudas, que estamos ante un Toyota. La parte delantera es muy parecida a un Yaris con los faros y la parrilla que parecen “sonreir". Es un coche gracioso. En el lateral los pasos de rueda aparecen abultados y los pilotos penetran en el lateral y también lo abultan. La trasera nos recuerda a un Smart, eso sí, las tres luces dentro del mismo envoltorio le dan un toque especial. El mismo color de la carrocería está presente en los tiradores de las puertas, los paragolpes y el recubrimiento de los espejos retrovisores, con lo que, al final, el vehículo tiene un buen aspecto exterior que, en otros pequeños utilitarios, no se consigue tan bien.

 
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Las líneas sinuosas entran en el habitáculo cuando abrimos la puerta para descubrirlo. Se extienden en el salpicadero, por los asientos delanteros, en las plazas traseras y llegan hasta el maletero. Sentada frente al volante recorro visualmente el salpicadero, mientras me acomodo en el asiento del conductor. El volante de tres radios no tiene mucho diámetro y es agradable al tacto. Una gran esfera preside el salpicadero: fondo blanco para el velocímetro que está dividido a la manera francesa (señalando las velocidades impares) y dentro de él, en la parte central, los indicadores de los intermitentes, de las luces, del nivel de aceite, del freno de estacionamiento; incluso se advinan los indicadores de los calentadores de las mecánicas Diesel (será el mismo para todos) y, si no nos abrochamos el cinturón, inmediatamente después de arrancar, el chivato del cinto. Y ¡oh! como añadido al conjunto un pequeño reloj (el cuentarrevoluciones) a modo de oreja izquierda de Mickey Mouse –uno de los pequeños que montaron en el coche lo definió así-. Nos faltaría la otra, nos queda como “cojo". El “añadido", como lo hemos denominado, es efectivamente eso, ya que no todos los acabados del Aygo llevan de serie el cuentarrevoluciones; en las versiones más básicas es una opción (200 euros). En la consola central encontramos el navegador Tom Tom (más adelante te hablamos de él), la radio cd y los mandos del aire acondicionado (ambos elementos de serie en el acabado Sport, pero que se facturan aparte en el resto de terminaciones). El plástico lo domina todo, incluso los mandos del aire acondicionado que no parecen que vayan a durar muchos kilómetros. Debajo de él, encontramos un útil hueco para colocar una latas, un teléfono móvil y unas gafas y, tal vez, unas monedas. Finalizando el recorrido visual por el salpicadero encontramos un hueco más, amplio, frente al puesto del acompañante, en el que podemos colocar la documentación del coche. Lástima que no haya una tapa o, al menos, una red para resguardarlos. El Aygo no tiene guantera cerrada y nos parece un problema de sencilla solución. El puesto de conducción es cómodo, a pesar de que el asiento no se regula en altura y el respaldo no se inclina al gusto del conductor. Además, hablando del asiento. En la carrocería de tres puertas que hemos probado hallamos un problema adicional. Cuando alguien ocupa las plazas traseras y tenemos que darle paso, reclinamos los asientos delanteros y luego éstos no vuelven a su lugar. Es decir, no disponen de memoria de anclaje y nos toca volver a acomodarlos. Esto no sería más que una anécdota si no fuera porque, en más de una ocasión, una vez iniciada la marcha, y por suerte a poca velocidad, el asiento se ha deslizado hacia atrás antes de anclarse. Y, si los ocupantes de las plazas traseras tienen que salir, han de contar con que no tendrán ni una ayuda para hacerlo. Las plazas traseras son cómodas gracias al mullido firme de los asientos, pero el confort de los dos viajeros -el Aygo está homologado para albergar cuatro ocupantes- dependerá de la colocación de las personas de las plazas delanteras. La habitabilidad de este interior no es muy destacada. En un Renault Twingo, por ejemplo, con calcadas dimensiones, se exprime cada centímetro cúbico de espacio mucho más. En el diseño de este interior, se ha primado el confort para los ocupantes, dejando para la carga apenas 139 litros de capacidad en el maletero. El acceso al maletero se hace mediante un portón que resulta ser sólo la luneta trasera con un tirador (por cierto, el diseño de éste no es nada moderno y desentona con el conjunto gracioso del Aygo). Una vez que estamos frente a frente con el maletero comprobamos que podremos llenarlo bastante poco: una compra semanal no muy voluminosa. Si necesitamos más espacio, podemos reclinar los asientos traseros al 50/50.El Aygo llama la atención. Sus formas redondeadas y sinuosas predominan en la carrocería aportando juventud al conjunto. Aunque es el más original -creo- de los tres coches que se montan sobre la misma plataforma (Citroën C1 y Peugeot 107), no todos los elementos son nuevos y a media que los analizamos encontramos referencias a otros coches. El frontal nos dice, sin lugar a dudas, que estamos ante un Toyota. La parte delantera es muy parecida a un Yaris con los faros y la parrilla que parecen “sonreir". Es un coche gracioso. En el lateral los pasos de rueda aparecen abultados y los pilotos penetran en el lateral y también lo abultan. La trasera nos recuerda a un Smart, eso sí, las tres luces dentro del mismo envoltorio le dan un toque especial. El mismo color de la carrocería está presente en los tiradores de las puertas, los paragolpes y el recubrimiento de los espejos retrovisores, con lo que, al final, el vehículo tiene un buen aspecto exterior que, en otros pequeños utilitarios, no se consigue tan bien.

 
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Las líneas sinuosas entran en el habitáculo cuando abrimos la puerta para descubrirlo. Se extienden en el salpicadero, por los asientos delanteros, en las plazas traseras y llegan hasta el maletero. Sentada frente al volante recorro visualmente el salpicadero, mientras me acomodo en el asiento del conductor. El volante de tres radios no tiene mucho diámetro y es agradable al tacto. Una gran esfera preside el salpicadero: fondo blanco para el velocímetro que está dividido a la manera francesa (señalando las velocidades impares) y dentro de él, en la parte central, los indicadores de los intermitentes, de las luces, del nivel de aceite, del freno de estacionamiento; incluso se advinan los indicadores de los calentadores de las mecánicas Diesel (será el mismo para todos) y, si no nos abrochamos el cinturón, inmediatamente después de arrancar, el chivato del cinto. Y ¡oh! como añadido al conjunto un pequeño reloj (el cuentarrevoluciones) a modo de oreja izquierda de Mickey Mouse –uno de los pequeños que montaron en el coche lo definió así-. Nos faltaría la otra, nos queda como “cojo". El “añadido", como lo hemos denominado, es efectivamente eso, ya que no todos los acabados del Aygo llevan de serie el cuentarrevoluciones; en las versiones más básicas es una opción (200 euros). En la consola central encontramos el navegador Tom Tom (más adelante te hablamos de él), la radio cd y los mandos del aire acondicionado (ambos elementos de serie en el acabado Sport, pero que se facturan aparte en el resto de terminaciones). El plástico lo domina todo, incluso los mandos del aire acondicionado que no parecen que vayan a durar muchos kilómetros. Debajo de él, encontramos un útil hueco para colocar una latas, un teléfono móvil y unas gafas y, tal vez, unas monedas. Finalizando el recorrido visual por el salpicadero encontramos un hueco más, amplio, frente al puesto del acompañante, en el que podemos colocar la documentación del coche. Lástima que no haya una tapa o, al menos, una red para resguardarlos. El Aygo no tiene guantera cerrada y nos parece un problema de sencilla solución. El puesto de conducción es cómodo, a pesar de que el asiento no se regula en altura y el respaldo no se inclina al gusto del conductor. Además, hablando del asiento. En la carrocería de tres puertas que hemos probado hallamos un problema adicional. Cuando alguien ocupa las plazas traseras y tenemos que darle paso, reclinamos los asientos delanteros y luego éstos no vuelven a su lugar. Es decir, no disponen de memoria de anclaje y nos toca volver a acomodarlos. Esto no sería más que una anécdota si no fuera porque, en más de una ocasión, una vez iniciada la marcha, y por suerte a poca velocidad, el asiento se ha deslizado hacia atrás antes de anclarse. Y, si los ocupantes de las plazas traseras tienen que salir, han de contar con que no tendrán ni una ayuda para hacerlo. Las plazas traseras son cómodas gracias al mullido firme de los asientos, pero el confort de los dos viajeros -el Aygo está homologado para albergar cuatro ocupantes- dependerá de la colocación de las personas de las plazas delanteras. La habitabilidad de este interior no es muy destacada. En un Renault Twingo, por ejemplo, con calcadas dimensiones, se exprime cada centímetro cúbico de espacio mucho más. En el diseño de este interior, se ha primado el confort para los ocupantes, dejando para la carga apenas 139 litros de capacidad en el maletero. El acceso al maletero se hace mediante un portón que resulta ser sólo la luneta trasera con un tirador (por cierto, el diseño de éste no es nada moderno y desentona con el conjunto gracioso del Aygo). Una vez que estamos frente a frente con el maletero comprobamos que podremos llenarlo bastante poco: una compra semanal no muy voluminosa. Si necesitamos más espacio, podemos reclinar los asientos traseros al 50/50.

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