smart & pulse 61Cv

Con la potencia incrementada a 61 CV, el motor tricilíndrico de gasolina del smart añade agrado de conducción y prestaciones mejoradas a un singular modelo que mantiene su carácter ciudadano y especial personalidad.

smart & pulse 61Cv
smart & pulse 61Cv

Desde el punto de vista dinámico, el smart es un coche singular. Diseñado para desplazamientos urbanos, la puesta a punto de sus suspensiones y el empleo del control de estabilidad lo vuelven torpe y muy subvirador en zonas viradas. La tensión de los muelles, los amortiguadores y el bajo perfil de sus neumáticos contribuyen a un rodar bastante seco y duro en la ciudad. En este entorno, las más de cuatro vueltas entre topes de la dirección tampoco ayuda y, aunque se carece de asistencia (lo que permitiría acortar la relación de la caja de la dirección), no resulta pesada, pero hace falta girar mucho el volante para un comparativamente reducido ángulo de giro. A cambio, el radio de giro es mínimo, realmente cómodo en los sitios estrechos. Aunque tiene neumáticos muy anchos atrás (175/55 R15) y de perfil bajo en ambos ejes, sus actitudes distan mucho de ser ágiles. El morro entra en las curvas en un primer momento, pero inmediatamente después tiende a deslizar con relativa facilidad y, si se conduce con cierto brío, el control de estabilidad, que actúa sobre la inyección, entra en acción y aumenta el subviraje al tiempo que reduce demasiado la velocidad. Se pensó, antes que nada, en la seguridad teniendo en cuenta que un vehículo de su altura y con vías estrechas bien podría encontrarse ante circunstancias difíciles de superar airosamente. En este sentido, el smart no deja sitio para excesos o errores de bulto en la conducción. Y de eso se trata, teniendo en cuenta el tipo de utilización para el que fue diseñado. En esta versión, la más potente de la gama de gasolina, denominada Pulse, el ya conocido motor tricilíndrico de 600 cm3 pasa de 55 a 61 CV (superando 100 CV/l), gracias a un incremento en la presión del turbo, regulado por cartografía, que alcanza un bar. Éste es el valor momentáneo de presión de turbo en la versión de 55 CV cuando se funciona con overboost (sobrepresión momentánea). Si bien la velocidad punta queda limitada electrónicamente a 135 km/h (como en el resto de las variantes de este modelo), lo que se gana con este motor es agrado de conducción y una curva de entrega de par algo más plana. Smart asegura que el valor máximo de par de 9 mkg se encuentra presente desde 2.250 y hasta 4.500 rpm. Sin embargo, el motor, muy bien insonorizado, cobra "vida" a partir de las 4.000 rpm y se estira sin problemas hasta 6.000 rpm. En primera y segunda marcha, con el cambio Softouch, se llega muy pronto al corte de inyección y hace falta estar atento para cambiar antes, pero la selección de las marchas ascendentes es lenta y se realiza con cierta brusquedad. Primera y segunda son marchas muy cortas (para salir "zumbando" de los semáforos), tercera y cuarta son marchas "intermedias" y la quinta es un desarrollo justo, que permite alcanzar la velocidad máxima, al igual que la sexta, una relación muy larga, que se estabiliza en 3.900 rpm, un régimen de menor consumo, también a 135 km/h. Esto está muy bien si se viaja sobre terreno llano, pero, apenas hay algún repecho, es necesario reducir a quinta. Las prestaciones se han incrementado respecto del motor de 55 CV debido a una curva de par algo más generosa, ganando entre seis décimas y un segundo en la mayoría de nuestras mediciones, con valores que se sitúan entre las que consigue un Fiat Seicento y un Daewoo Matiz, vehículos también con talento ciudadano, aunque con distinto planteamiento tanto en habitabilidad como precio. La mejora en el agrado de conducción y las prestaciones no han afectado para nada a los consumos, que se siguen situando en una media de 6,6/6,7 l/100 km. Por su parte, las distancias de frenada son buenas, con 60 metros a partir de 120 km/h, de lo mejor en su categoría, a pesar de las reducidas dimensiones de los neumáticos delanteros y la altura relativa del centro de gravedad y la corta batalla, que incrementan la transferencia de peso restando eficacia a los más anchos neumáticos traseros. En síntesis, con el motor de 61 CV el smart ha ganado algo en agrado de conducción, pero mantiene tanto sus virtudes como sus limitaciones. Sigue siendo un vehículo para usar con comodidad en la ciudad, donde se apreciará su facilidad de aparcamiento y para deslizarse entre los vericuetos del tránsito, pero las incursiones en carretera siguen siendo su asignatura pendiente.