Rover 45 2.0 V6 24V 4P

Único en su categoría por su cambio automático y motor V6 de dos litros, el Rover 45 constituye una agradable sorpresa por su agrado de conducción y la relación precio-equipamiento.

Rover 45 2.0 V6 24V 4P
Rover 45 2.0 V6 24V 4P

El modelo 75 de la marca británica dio el aviso: corren aires nuevos en Rover. Y ahora, el Rover 45, configurado a partir de la plataforma del Rover 400, lo confirma. Aunque la carrocería es muy parecida, porque se emplean algunos paneles del mismo, los cambios han sido profundos, a tal punto, que el carácter del coche se ha transformado radicalmente. Es evidente que se ha procurado dar a este modelo el talante de una berlina familiar, en variante medio-alta de gama, y recuperar el halo de nobleza que siempre tuvo la marca con el barco vikingo en el emblema. La longitud del Rover 45 entra en este segmento, pero el ancho y la habitabilidad interior son las de un compacto. Claro que, debido a sus características de marcha, la motorización y el equipamiento, el Rover 45 2.0 se sale de casi todos los cánones establecidos en esta categoría, porque nadie ofrece un V6 de dos litros y porque no es posible comprar sus hipotéticos rivales, el Fiat Marea 2.0 con cinco cilindros y el VW Bora V5, con cambio automático. En este sentido Rover ha jugado una carta de exclusividad ofreciendo la transmisión con control Steptronic como un "plus" sin cargo en un modelo que aparece como bastante atractivo. Es verdad que el salpicadero mantiene el aspecto "a la japonesa" de origen Honda del 400 y que es discutible la tapa bajo la que se ha ocultado el airbag del acompañante, pero, a partir de allí, todo lo que no se ve tiene una nueva concepción que ha dado como resultado un vehículo que satisface y que tiene un empaque y un andar propio de una categoría superior. Allí donde los amortiguadores del 400 eran blandos y la suspensión algo imprecisa, nos encontramos con un tarado perfectamente equilibrado, con un control muy adecuado de las oscilaciones y con un notable aplomo en vías rápidas y en curvas. Se nota la mano de una ingeniería nueva con la adopción de amortiguadores que permiten un mejor control a través de una curva de resistencia no líneal que se adapta a las distintas fuerzas y velocidades de los mismos. También se han adoptado resortes algo más duros, que pasan de 35,3/38,9 N/mm de tensión a 45,0 N/mm adelante, y de 25,5 a 28,0 N/mm atrás. Con estos dos detalles y bujes de montaje de nuevo diseño, de los brazos de suspensión se ha conseguido, no solamente una suspensión suave ante los pequeños impactos de la carretera, sino también bastante más eficaz en zonas viradas. De todas maneras, no hay que confundirse, el 45 no ha pasado a ser una berlina deportiva, al contrario, se ha hecho más plácida y más confortable, pero, al mismo tiempo, ha ganado en sensación de seguridad. El equilibrio entre ambos ejes, siempre apuntando a un coche subvirador -que deja deslizar el morro- se ha complementado con un aumento del diámetro de la barra estabilizadora delantera, de 21 a 24 mm, al tiempo que se adaptaba otra en el eje posterior de 18 mm de diámetro. Por estos detalles y el confort de marcha se percibe claramente la intención de aproximarlo a un BMW de la Serie 3, aunque la dirección, asistida, no reacciona con la misma rapidez (lo que podría considerarse deportivo) o sensibilidad, aún con las llantas de 16 pulgadas de esta variante, dotadas con neumáticos de perfil 45. La marca Rover siempre quizo dar a sus coches una imagen señorial con cierta nobleza. Esto se perdió en los últimos lustros, pero tanto en el 75, y ahora con el 45, ese andar que se asocia con los coches con linaje está presente de manera notable. El filtrado de las vibraciones de pequeña amplitud y alta frecuencia es casi perfecto en este modelo.