Opel Omega 2.2 Dti Elegance

Desde la desaparición del Senator, Opel ha renunciado a los vehículos tope de gama. Sin embargo, el Omega continúa presentándose como una correcta opción de un constructor generalista para aquellos que desean mejorar las dotes de comodidad y representatividad que proporciona, por ejemplo, su hermano Vectra.

Opel Omega 2.2 Dti Elegance
Opel Omega 2.2 Dti Elegance

El Omega 2.2 tiene un buen número de cualidades. No resulta demasiado económico de adquirir, pero frente a las marcas de prestigio permite ahorrarnos algo de dinero. Sin embargo, la potencia que anuncia y proporciona no le ayudan a conseguir excelentes prestaciones, aunque sus consumos, para el tamaño y peso, pueden calificarse de buenos. Opel ha cambiado drásticamente su presencia en los segmentos altos del mercado. Descartado el gastar energías en una categoría copada por las marcas de prestigio, no ha querido abandonar con su Omega la oferta de la marca en el segmento de los vehículos que rondan los cinco metros. Eso sí, en su última remodelación, el Omega ha reorientado su presentación e incluso su planteamiento, adecuando las características de comportamiento -durante su concepción se mantuvo la propulsión trasera "como los grandes"- y de tacto de su actual buque insignia a los gustos norteamericanos, abandonando un poco el carácter típico europeo. La explicación creemos que es bastante obvia. En un principio, el Omega se fabricaba para Europa en exclusiva, para pasar, en su anterior generación y con ligeros cambios estéticos, a comercializarse en Estados Unidos como Cadillac Catera. Esta última generación de Omega, que no es más que un "restyling", ha variado sustancialmente su carácter, aproximándose a su mellizo y a los gustos del conductor norteamericano. Tanto el interior como su temperamento, aburguesado para cumplir con los estándares de comodidad imperantes al otro lado del Atlántico, le sitúan, si no lejos, sí algo apartado de lo que impera en el Viejo Continente, sacrificando el comportamiento en aras de un mayor confort. Este es quizás uno de los aspectos que mejor definen el carácter de este vehículo. Conducido con tranquilidad las suspensiones son cómodas, pero, en terreno virado o en autovías con irregularidades, los movimientos de la carrocería no son contenidos, lo que supone un excesivo bamboleo y, por tanto, cierta incomodidad. Por fortuna, muestra una doble cara y, salvadas las primeras reticencias, resulta curioso que el Omega se comporte mucho mejor cuando se maneja con cierta energía. Forzando apoyos bruscos en el momento en que aceleramos el ritmo de marcha, tanto los amortiguadores como los muelles, que han pasado a la zona más resistente a la compresión, cambian sustancialmente el carácter del Omega. La carrocería deja de sacudirse e incluso se adorna de unas estupendas cualidades dinámicas, con buena precisión en los trazados, menos movimientos parásitos e incluso una elevada predisposición a los cambios de apoyo, siempre que estos sean rápidos y enérgicos.

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