Opel Astra 1.6 Easytronic

Rara avis. Probamos un Astra con uno de los motores más demandados (el 1.6 de 105 CV) al que se ha montado un chasis deportivo y un cambio automático robotizado. La metamorfosis resulta más que notable: es la conducción a golpe de tecla, con sus pros y sus contras.

El Astra ofrece como opción el chasis deportivo y la innovadora amortiguación pilotada. Son dos extras que transforman completamente el espíritu del coche.En el pack denominado “Sport Chasis I" se incluye el mencionado chasis rebajado en 15 mm, además de la dirección asistida variable y el más que aconsejable control de estabilidad. Hay que pagar 770 euros, pero –a cambio- tendremos un plus de deportividad asegurado y, lo que es más importante, de seguridad (recuerda que, dentro de unos años, el control de estabilidad será un elemento obligatorio en todos los coches). También se ofrece el pack “IDS Plus" por 680 euros. Se trata de la suspensión pilotada (un avance por el que, a nuestro juicio, será recordada la nueva generación del Astra). ¿En qué consiste?Hay un botón en el salpicadero, una tecla que pone “SPORT". Pulsándola, se endurecen los amortiguadores, se hace más rápida la respuesta de la dirección y se modifica el recorrido efectivo del acelerador acortándolo. Además, estos cambios son distintos según la conducción que realicemos o la carretera por la que vayamos. ¿Qué se nota? Es como si, de repente, resucitara. El coche coge “agarre", el motor acelera más vivo y notamos que responde más rápido a lo que le dictamos con el volante. Esto no quiere decir que se vuelva “bruto": las suspensiones son duras –cierto-, pero no molestas para los ocupantes. Además, o al menos ésa es la teoría, el control de estabilidad y el ABS se encuentran más alerta para entrar en acción si los necesitamos. Este Astra está preparado para afrontar las curvas con agildad de atleta. “Lástima de motor", pensamos... El IDS permite más posibilidades. Si mantenemos pulsada la tecla “SPORT" durante un rato, desconectamos el control de estabilidad. No es que éste sea intrusivo, pero ahí tenemos esta posibilidad para aquellos que busquen una conducción más deportiva. Además, este modelo –unido a la caja automática robotizada Easytronic- también ajusta los cambios a un régimen más alto. Este Astra es muy estable. No hemos notado balanceos, ni desequilibrios. Además, hay que destacar el trabajo que hace su equipo de frenos (discos ventilados de 280 mm en el eje delantero y de tambor de 230 mm en el eje trasero).
El coche tiene aplomo cuando decelera. En parte es también debido a las poderosas ruedas que llevaba nuestra unidad (205/55 R16), aunque no hay que quitarle méritos: comparado con un Mazda3 con el mismo tamaño de ruedas consigue parar de 140 a 0 km/h en 3 metros menos. El Astra no sólo ha cambiado por fuera. El interior es más grande y confortable para todos los pasajeros. Además, se ha mimado al conductor. El puesto de conducción nos ha gustado. La visibilidad es muy buena, los asientos recogen bien el cuerpo y todo queda a mano. El volante, además, tiene un diseño agradable, muy ergonómico: notamos en su envés hay pequeños circulitos, como para que encajen los dedos; también hay dos ranuras donde apoyar los pulgares a la altura del eje del mismo. Si el anterior Astra era criticado por su interior “soso", parece que la nueva generación ha subsanado el problema. Todo tiene buen tacto y mejor presencia. Sin embargo, se echan en falta pequeños huecos para depositar los miles de objetos que siempre llevamos encima. Tampoco nos convencen los mandos del climatizador: el manejo es un poco lioso. Esta versión además no escasea de equipamiento. Ya te hemos hablado de los extras para hacerle un modelo más deportivo, pero –si no los montamos- tenemos un Astra bien equipado a un precio bastante competitivo. Para empezar, el cambio automático resulta más económico que el que ofrecen sus rivales. Montar el Easytronic cuesta 450 euros más que la versión manual. El cambio automático de cualquiera de sus rivales duplica, por lo menos, esa cantidad. La dotación de seguridad también es generosa. Encontramos 6 airbags de serie, incluyendo los de cortina que protegen la cabeza de los ocupantes. Sin embargo, el control de estabilidad se cobra aparte (650 euros). El Astra ofrece como opción el chasis deportivo y la innovadora amortiguación pilotada. Son dos extras que transforman completamente el espíritu del coche.En el pack denominado “Sport Chasis I" se incluye el mencionado chasis rebajado en 15 mm, además de la dirección asistida variable y el más que aconsejable control de estabilidad. Hay que pagar 770 euros, pero –a cambio- tendremos un plus de deportividad asegurado y, lo que es más importante, de seguridad (recuerda que, dentro de unos años, el control de estabilidad será un elemento obligatorio en todos los coches). También se ofrece el pack “IDS Plus" por 680 euros. Se trata de la suspensión pilotada (un avance por el que, a nuestro juicio, será recordada la nueva generación del Astra). ¿En qué consiste?Hay un botón en el salpicadero, una tecla que pone “SPORT". Pulsándola, se endurecen los amortiguadores, se hace más rápida la respuesta de la dirección y se modifica el recorrido efectivo del acelerador acortándolo. Además, estos cambios son distintos según la conducción que realicemos o la carretera por la que vayamos. ¿Qué se nota? Es como si, de repente, resucitara. El coche coge “agarre", el motor acelera más vivo y notamos que responde más rápido a lo que le dictamos con el volante. Esto no quiere decir que se vuelva “bruto": las suspensiones son duras –cierto-, pero no molestas para los ocupantes. Además, o al menos ésa es la teoría, el control de estabilidad y el ABS se encuentran más alerta para entrar en acción si los necesitamos. Este Astra está preparado para afrontar las curvas con agildad de atleta. “Lástima de motor", pensamos... El IDS permite más posibilidades. Si mantenemos pulsada la tecla “SPORT" durante un rato, desconectamos el control de estabilidad. No es que éste sea intrusivo, pero ahí tenemos esta posibilidad para aquellos que busquen una conducción más deportiva. Además, este modelo –unido a la caja automática robotizada Easytronic- también ajusta los cambios a un régimen más alto. Este Astra es muy estable. No hemos notado balanceos, ni desequilibrios. Además, hay que destacar el trabajo que hace su equipo de frenos (discos ventilados de 280 mm en el eje delantero y de tambor de 230 mm en el eje trasero).
El coche tiene aplomo cuando decelera. En parte es también debido a las poderosas ruedas que llevaba nuestra unidad (205/55 R16), aunque no hay que quitarle méritos: comparado con un Mazda3 con el mismo tamaño de ruedas consigue parar de 140 a 0 km/h en 3 metros menos. El Astra no sólo ha cambiado por fuera. El interior es más grande y confortable para todos los pasajeros. Además, se ha mimado al conductor. El puesto de conducción nos ha gustado. La visibilidad es muy buena, los asientos recogen bien el cuerpo y todo queda a mano. El volante, además, tiene un diseño agradable, muy ergonómico: notamos en su envés hay pequeños circulitos, como para que encajen los dedos; también hay dos ranuras donde apoyar los pulgares a la altura del eje del mismo. Si el anterior Astra era criticado por su interior “soso", parece que la nueva generación ha subsanado el problema. Todo tiene buen tacto y mejor presencia. Sin embargo, se echan en falta pequeños huecos para depositar los miles de objetos que siempre llevamos encima. Tampoco nos convencen los mandos del climatizador: el manejo es un poco lioso. Esta versión además no escasea de equipamiento. Ya te hemos hablado de los extras para hacerle un modelo más deportivo, pero –si no los montamos- tenemos un Astra bien equipado a un precio bastante competitivo. Para empezar, el cambio automático resulta más económico que el que ofrecen sus rivales. Montar el Easytronic cuesta 450 euros más que la versión manual. El cambio automático de cualquiera de sus rivales duplica, por lo menos, esa cantidad. La dotación de seguridad también es generosa. Encontramos 6 airbags de serie, incluyendo los de cortina que protegen la cabeza de los ocupantes. Sin embargo, el control de estabilidad se cobra aparte (650 euros).