Nissan Almera 2.2 Di Luxury 5p

Con su motor turbodiesel de 2,2 litros, el nuevo Almera marca un hito en la categoría de los compactos en el apartado de la cilindrada. Sin embargo, más que por sus prestaciones, el nuevo arma de Nissan apuesta por el confort y la imagen para tratar de descollar en este reñidísimo segmento.

Nissan Almera 2.2 Di Luxury 5p
Nissan Almera 2.2 Di Luxury 5p

Al iniciar la marcha, sin embargo, todo este potencial, que no es poco, parece desvanecerse entre las manos del conductor. ¿Qué pasa? Pues que la caja de cambios no tenemos muy claro con qué objetivo ha sido elegida. Nos imaginamos que servirá para obtener consumos homologados muy favorables pero, desde luego, para mover con agilidad y trasladar esa alegría al conductor, no. Empezando por arriba, la quinta es desmesurada. No queremos poner más adjetivos a una marcha de más de 51 km/h a 1.000 rpm. Baste decir que, en carretera, es inútil. Simplemente, con ella y respetando el límite de 90 km/h, el coche no responde. Empieza a encontrase a gusto hacia los 110/120 km/h y, conociendo las restricciones de nuestras vías, si queremos alejarnos de multas, este Almera es, en la práctica, un coche de cuatro marchas. De hecho, para adelantar o simplemente cuando la carretera empieza a dejar de ser recta y plana, el recurso a la cuarta e, incluso, a la tercera, es constante. Esto tendría su perdón si el Almera consiguiera unos consumos destacados. Pero tampoco ése es el caso. Con la falta de reacción que se detecta en marchas largas, una de dos, o estamos pisando a fondo el acelerador con más frecuencia de la deseada o nos vemos obligados a la necesaria reducción de marcha. El resultado, un consumo que poco tiene que ver con los resultados de otros modelos del segmento, aunque no sea exagerado en cifras absolutas. El esquema de suspensión del Almera mantiene la original estructura de la gama alta de Nissan, con un eje posterior semirrígido, pero que mantiene prácticamente a cero las caídas de las ruedas independizándolas en su movimiento vertical. Lo que se ofrece en el Almera es un tren trasero en el que se puede confiar. En ningún momento vamos a sentir una escapada brusca de las ruedas posteriores, por muy rápidos que vayamos. Incluso frenando en fuertes apoyos, la corrección de la trayectoria es mínima y no se necesita, casi, corrección con el volante. Como contrapartida, el tren delantero, para mantener un equilibrio coherente con el trasero, se ve obligado a perder algo de eficacia, generándose un subviraje perceptible que, si bien torna a la baja la efectividad del coche, potencia al alza su nobleza y sencillez de conducción. Por cierto, hablando de frenos, el Almera frena bien, con potencia y resistencia. Dispone de un sistema, denominado NBA -nada que ver con la liga de baloncesto norteamericana- que potencia la actuación del servofreno cuando detecta una frenada de alta intensidad. El conductor no pierde el control de la frenada y puede, sin embargo, llegar más fácilmente al umbral de actuación del ABS que, teóricamente, es el de mayor rendimiento. Algún día, esperemos, nos gustaría que alguien nos contara por qué se han tomado algunas decisiones que afectan de forma tan clara a esta versión del Almera. Seguramente que serán más que razonables, pero nosotros no alcanzamos a adivinarlas. Con todo, el coche es mucho más agradable que su anterior versión, por fin añade un motor de inyección directa y un turbo y, en general, tiene virtudes para ocupar un puesto destacado en su segmento.

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