Nissan Almera 2.2 Di Luxury 5p

Con su motor turbodiesel de 2,2 litros, el nuevo Almera marca un hito en la categoría de los compactos en el apartado de la cilindrada. Sin embargo, más que por sus prestaciones, el nuevo arma de Nissan apuesta por el confort y la imagen para tratar de descollar en este reñidísimo segmento.

Nissan Almera 2.2 Di Luxury 5p
Nissan Almera 2.2 Di Luxury 5p

El nuevo Nissan Almera 2.2 TD posee unos principios básicos que, inevitablemente, generan un producto mejor que el precedente. Es más grande, posee un diseño más personal, un motor más potente y una presentación más lujosa. Así, en casi cuatro palabras se puede resumir su oferta frente a la de su antecesor. Pero esto, indudablemente, es poco para describirlo y más enmarcado dentro de un segmento en el que se encuentran los modelos más vendidos del continente. Más largo, ancho y alto que el anterior Almera, éste ha llevado sus proporciones casi hasta invadir esa tierra de nadie que le separaría de las berlinas medias. Sin embargo, la distancia entre ejes se ha mantenido inalterada. De ahí uno de los hechos curiosos que se presentan al viajar en la parte de atrás del Almera. Ahora hay menos espacio para las piernas de los ocupantes. Por el contrario, van más a sus anchas, pues se han ganado cinco centímetros entre las puertas. ¿Y por qué esa pérdida de espacio? Pues parece ser que a causa de una ganancia de capacidad de maletero, que llega ahora hasta unos notables 370 dm3 y, en parte, por un grosor exagerado del respaldo de los asientos delanteros. En fin, aparte de cuestiones de centímetro acá o allá, el Almera resulta adecuado, como casi todos los modelos actuales, para cuatro pasajeros y medio, siendo este medio un niño, pues tres adultos bien formados no caben con holgura en el asiento posterior. El habitáculo, además de pleno de detalles y espacios para dejar objetos, destaca por su buena presentación. Los plásticos del salpicadero no son flexibles -un lujo que parece ya va quedando sólo al alcance de coches más caros- pero se les asemejan. Y los que no buscan una similitud, se han elegido a la perfección para aparentar una excelente calidad. Todos los mandos caen bien a la mano del conductor y el volante, con su aro de generoso grosor, nos transmite la sensación de estar en un coche de mayor porte. Uno de esos pequeños trucos que se van aprendiendo o quizás la necesidad de filtrar con más material las vibraciones que podrían llegar a las manos. La posición al volante es correcta, aunque quienes acostumbren a conducir con las piernas algo separadas tocarán con la rodilla en la consola. Los asientos poseen una apariencia imponente, con gruesas banquetas y respaldos, como queriéndonos recordar al sofá de casa. Más trucos. En realidad, son confortables y bastante bien diseñados, aunque al respaldo le falte capacidad de sujeción del cuerpo en curva. El confort general del coche se completa con unos reglajes de suspensión bien elegidos, para no comprometer ni el comportamiento ni la comodidad. Lástima que poco por encima de los 100 km/h empiecen a destacar los ruidos aerodinámicos y el motor se tenga presente en muchos momentos de la conducción, con un sonido, si no elevado, sí poco agradable. El propulsor, por cierto, es un motor de inyección directa y cuatro válvulas por cilindro, pero sin los más recientes refinamientos como el conducto común o el turbocompresor de geometría variable. Esto no le ha impedido rendir 120 CV en nuestro banco de potencia, con una banda de utilización razonable, al despertar hacia las 1.700 rpm y respirar a pleno pulmón al llegar a las 2.100 rpm. Por arriba, aunque la línea roja del cuentarrevoluciones empieza a las 5.000, pasando de las 4.000, el motor cae en su vigor y no se obtiene excesivo beneficio insistiendo.