Mercedes S 600 L

No debe ser fácil levantarse cada día pensando: "hoy debo trabajar para construir el mejor coche del mundo". Frase que seguramente no se quitaban de la cabeza los ingenieros de Mercedes encargados del proyecto de la Clase S.

Mercedes S 600 L
Mercedes S 600 L

Es decir, se debe poner un motor poderoso y de buen rendimiento, pero que haga su trabajo tan bien que ningún ocupante caiga en la cuenta de que delante hay un motor. El cambio debe ser rápido y refinado, tanto que la única vez que el conductor o acompañantes recuerden que el coche está dotado de un cambio automático, o más bien, siquiera de un mecanismo que se llama caja de cambios, sea la vez en que haya que mover la palanca hacia la letra "D". Y así todo. Cuanto más impresionante en su planteamiento y realización, más inadvertido debe pasar un coche de lujo. La única excepción la pone su estética. Tanto la externa como la interna. La elegancia a veces está reñida con la discreción. Y nos parece casi imposible ser discretos con un vehículo de más de cinco metros, con un interior propio de una suite de lujo y que cuesta más de 20 millones de pesetas. Ni siquiera Mercedes puede conseguir esto. Por lo demás, consigue todo. Consigue ser muy cómodo, muy rápido, muy seguro, muy silencioso y muy bueno. Se vale de lo mejor para poder ser el mejor. No se descuida prácticamente nada. Ni siquiera los consumos. Aunque parezca algo irrelevante en un vehículo así, recordemos que nos encontramos en una época en la que en la zona rica del mundo parece que se tiene una especial preocupación por la ecología. Y ser ecológicos pasa también por ser poco gastadores. Este Mercedes tiene un motor de doce cilindros en V, con seis litros de cilindrada y 367 CV de potencia. Pero no por ello deja de pensar en el consumo. Un nuevo sistema electrónico con las siglas ZAS permite que, de los doce cilindros del motor, sólo funcionen seis mientras no se solicite mucha potencia y siempre que el régimen esté por debajo de las 3.000 rpm. Así, funciona como un motor de tres litros. Esta solución parece ideal para mantener los consumos, sobre todo en ciudad, en términos tolerables. No obstante, quizá sea aquí donde radique uno de los pocos "peros" que podemos encontrar en el S 600. Como los desarrollos de cambio son largos y el peso considerable, si circulamos despacio por carretera y queremos recuperar la velocidad para, por ejemplo, adelantar, hay que pisar con ganas para provocar el cambio de marcha. De lo contrario, notamos cierta falta de brío y de respuesta en un motor que, en ese momento no es un 12 cilindros con par de locomotora, sino un seis anclado a un cambio largo y a un peso excesivo. La solución: pisar a fondo y esperar, muy poco por cierto, a que el cambio quite una o dos marchas para que el coche salga absolutamente disparado hacia delante, con el brío de un V12. Los demás aspectos reprobables son críticas mundanas. Una, el precio que tiene lo exclusivo. Otra, lo complicado que es llegar a controlar con maestría las posibilidades del ordenador de a bordo, que Mercedes llama Command. Menos mal que sólo podemos programarlo con el coche totalmente parado, porque si no podría llegar a ser muy peligroso. Este sistema integra todo, y todo significa desde el teléfono hasta el navegador vía satélite, y resulta francamente útil pues manejamos las principales funciones desde el volante. Una vez que hemos asimilado su funcionamiento, es fácil sentirse bien informado sobre todos los aspectos prácticos del vehículo y, al mismo tiempo, contestar una llamada sin desviar la atención de la conducción.