Lexus SC 430

Con el exquisito refinamiento al que nos tiene acostumbrado Lexus y la rotundidad que transmite su techo rígido escamoteable, el SC 430 entra por la puerta grande y sobre alfombra roja en el segmento de los más distinguidos descapotables del mercado.

Lexus SC 430
Lexus SC 430

Sobre buen asfalto la comodidad de marcha es sobresaliente, aunque desconcierta por la sequedad con que llega a responder en algunos baches, motivado por el bajo perfil de sus neumáticos antipinchazos, con carcasas reforzadas que permiten rodar sin aire unos 160 kilómetros. En asfaltos deteriorados este se acentúa –también la dirección copia en exceso el perfil irregular del asfalto obligando a corregir a menudo las trayectorias– y además se pueden apreciar claramente vibraciones en el salpicadero y marco delantero, que delatan su condición de descapotable pero, a decir verdad, en frecuencia que no esperábamos ver en un modelo de esta categoría y calidad de construcción. Sin embargo, con el techo puesto las vibraciones prácticamente se difuminan.

El comportamiento de este cupé/cabrio es noble y muy previsible. Inicialmente parece más firme de lo que es, por el tacto y mínima deriva que proporcionan sus neumáticos. A baja y media velocidad no hay nada que objetar y el compromiso parece ideal. Pero a medida que forzamos la marcha y habida cuenta del potencial de su motor, la suavidad de la suspensión no puede controlar todas las oscilaciones de la carrocería en fuertes apoyos y paso sobre badenes. No obstante, y a pesar del elevado peso (1.751 kg ha pesado en nuestra báscula), esta aparente aparatosidad no influye en las trayectorias, que son muy fidedignas a las marcadas por la dirección. Hay mucha huella de neumáticos, una batalla generosa y un control de estabilidad –que avisa con señales acústicas cuando entra en acción-– que hacen que su actitud sea progresiva y segura.

Si bien en carretera no es muy perceptible, en ciudad la dirección obliga a giros de volante más pronunciados, debido a una desmultiplicación más larga de lo normal, al gusto americano. Los frenos son muy brillantes, no tanto por el tacto tan suave del pedal –de nuevo gustos americanos-, como por una resistencia y distancias de frenado extraordinarias.

La guinda del SC la pone su refinado propulsor construido en aluminio, un V8 de 4,3 litros de gasolina de funcionamiento prodigioso, tanto por sus elevadas prestaciones como por unos modales absolutamente ejemplares. Suavidad, suavidad y más suavidad emana esta mecánica, con un empuje lleno, contundente y lineal en todo momento, apoyado por un sedoso cambio automático de 5 velocidades autoadaptativo perfectamente sintonizado con el carácter de este motor, con saltos de marchas rápidos y tan imperceptibles que hace parece disponer de una sola. Hay mucha potencia –286 CV– y mucho par –42,6 mkg–. En definitiva el mejor acompañante para pasear por los bulevares y terrazas al descubierto, o viajar en un rápido y cómodo coupé. Y es que los excesos no tienen por qué ser siempre desaconsejables.