Kia Sportage 2.0 CRDI EX 4x4

Hay que ver lo rápido que se ha puesto Kia al nivel de las marcas occidentales en vehículos 4x4. Al triunfal y lujoso Sorento se une este renovadísimo Sportage, su propuesta de todo terreno más asequible, capaz y eficaz.

Kia Sportage 2.0 CRDI EX 4x4
Kia Sportage 2.0 CRDI EX 4x4

El Tucson es un clon del Sportage, y también viceversa. Comparten motores, bastidor, trenes rodantes, suspensiones y transmisiones. Además, pesan prácticamente lo mismo, con lo que no es de extrañar que sus prestaciones sean idénticas y su comportamiento dinámico, prácticamente exacto.
Así, las únicas diferencias apreciables son estéticas. El Tucson es algo más musculoso y protuberante que el Sportage y, por dentro, está ligeramente mejor rematado.
Donde sí hay diferencia es en el precio. En los topes de gama, el Tuscon es 1.200 euros más caro que el Sportage, una cantidad que, a igualdad de coches, debería decantar la balanza hacia el lado del Kia. El único rival europeo del Sportage es el Land Rover Freelander, un SUV que tiene el marchamo de calidad de Land Rover, uno de las grandes especialistas del 4x4.
El Freelander de última generación ofrece unos acabados más atractivos que los del Sportage y algo más de calidad en materiales y estética. En la versión equivalente resulta algo más caro, pero, a cambio, introduce en el equipamiento elementos como el control de descenso, que casi hace las veces de reductora, aunque nunca será tan eficaz como ella.
Por prestaciones, este dos litros turbodiésel ofrece la misma potencia que el Kia, pero logra marcas de velocidad levemente inferiores. También consume un poco más.El pequeño SUV de Toyota es un duro rival para el Sportage por la buena calidad general del coche y por el buen hacer tradicional de Toyota en los vehículos de campo.
Como es algo más corto, el RAV-4 no puede ofrecer tanto espacio interior, aunque, en cambio, mejora la capacidad del maletero del Sportage.
Por prestaciones, los 116 CV del Toyota, unidos a su menor peso, hacen que sea algo más rápido que nuestro protagonista. El consumo, en cambio, es prácticamente idéntico.
La gran diferencia es el precio. El RAV-4 cuesta 4.200 euros más que el Sportage, una distancia realmente amplia que no está claro que se compense por las mejores calidades de materiales y acabados.El Tucson es un clon del Sportage, y también viceversa. Comparten motores, bastidor, trenes rodantes, suspensiones y transmisiones. Además, pesan prácticamente lo mismo, con lo que no es de extrañar que sus prestaciones sean idénticas y su comportamiento dinámico, prácticamente exacto.
Así, las únicas diferencias apreciables son estéticas. El Tucson es algo más musculoso y protuberante que el Sportage y, por dentro, está ligeramente mejor rematado.
Donde sí hay diferencia es en el precio. En los topes de gama, el Tuscon es 1.200 euros más caro que el Sportage, una cantidad que, a igualdad de coches, debería decantar la balanza hacia el lado del Kia. El único rival europeo del Sportage es el Land Rover Freelander, un SUV que tiene el marchamo de calidad de Land Rover, uno de las grandes especialistas del 4x4.
El Freelander de última generación ofrece unos acabados más atractivos que los del Sportage y algo más de calidad en materiales y estética. En la versión equivalente resulta algo más caro, pero, a cambio, introduce en el equipamiento elementos como el control de descenso, que casi hace las veces de reductora, aunque nunca será tan eficaz como ella.
Por prestaciones, este dos litros turbodiésel ofrece la misma potencia que el Kia, pero logra marcas de velocidad levemente inferiores. También consume un poco más.El pequeño SUV de Toyota es un duro rival para el Sportage por la buena calidad general del coche y por el buen hacer tradicional de Toyota en los vehículos de campo.
Como es algo más corto, el RAV-4 no puede ofrecer tanto espacio interior, aunque, en cambio, mejora la capacidad del maletero del Sportage.
Por prestaciones, los 116 CV del Toyota, unidos a su menor peso, hacen que sea algo más rápido que nuestro protagonista. El consumo, en cambio, es prácticamente idéntico.
La gran diferencia es el precio. El RAV-4 cuesta 4.200 euros más que el Sportage, una distancia realmente amplia que no está claro que se compense por las mejores calidades de materiales y acabados.El Tucson es un clon del Sportage, y también viceversa. Comparten motores, bastidor, trenes rodantes, suspensiones y transmisiones. Además, pesan prácticamente lo mismo, con lo que no es de extrañar que sus prestaciones sean idénticas y su comportamiento dinámico, prácticamente exacto.
Así, las únicas diferencias apreciables son estéticas. El Tucson es algo más musculoso y protuberante que el Sportage y, por dentro, está ligeramente mejor rematado.
Donde sí hay diferencia es en el precio. En los topes de gama, el Tuscon es 1.200 euros más caro que el Sportage, una cantidad que, a igualdad de coches, debería decantar la balanza hacia el lado del Kia. El único rival europeo del Sportage es el Land Rover Freelander, un SUV que tiene el marchamo de calidad de Land Rover, uno de las grandes especialistas del 4x4.
El Freelander de última generación ofrece unos acabados más atractivos que los del Sportage y algo más de calidad en materiales y estética. En la versión equivalente resulta algo más caro, pero, a cambio, introduce en el equipamiento elementos como el control de descenso, que casi hace las veces de reductora, aunque nunca será tan eficaz como ella.
Por prestaciones, este dos litros turbodiésel ofrece la misma potencia que el Kia, pero logra marcas de velocidad levemente inferiores. También consume un poco más.El pequeño SUV de Toyota es un duro rival para el Sportage por la buena calidad general del coche y por el buen hacer tradicional de Toyota en los vehículos de campo.
Como es algo más corto, el RAV-4 no puede ofrecer tanto espacio interior, aunque, en cambio, mejora la capacidad del maletero del Sportage.
Por prestaciones, los 116 CV del Toyota, unidos a su menor peso, hacen que sea algo más rápido que nuestro protagonista. El consumo, en cambio, es prácticamente idéntico.
La gran diferencia es el precio. El RAV-4 cuesta 4.200 euros más que el Sportage, una distancia realmente amplia que no está claro que se compense por las mejores calidades de materiales y acabados.