Contacto: Toyota Corolla

La categoría más reñida del mercado —la de los compactos— recibirá a partir del 31 de enero un nuevo contendiente de peso. El Corolla renueva sus armas y ofrece una amplia gama, perfectamente a la altura de sus dotados rivales, y a salvo de todas las críticas surgidas en la generación anterior.

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Decíamos hace tres meses, cuando pudimos ver en vivo las primeras unidades del Toyota Corolla, que a finales de año conoceríamos las excelencias de marcha proclamadas por Toyota. Y el año ya ha acabado. Y la tendencia al sobreviraje, también. Si cualquiera puede darse cuenta de la coherente orientación de las diversas carrocerías, al contrario que los dispares diseños del anterior modelo, al volante los nuevos Corolla han dado carpetazo al comportamiento de antes. Donde sus responsables hablaban de agilidad, con anterioridad se hablaba de un tren trasero nervioso y de cierta inestabilidad si había que levantar el pie de acelerador en una curva. A condición de conocer el trazado, este temperamento permitía una conducción divertida, pero la improvisación requería habilidad al volante al rodar rápido. Punto y final. El nuevo Corolla se asimila a las mejores realizaciones del segmento, dejando a un lado la agilidad y apostando por una conducción rápida, relajada y fácil. El subviraje preside la actuación del coche, al menos con presiones iguales en las cuatro ruedas, que es como probamos todas las variantes, incluidos los más específicos Verso y TSport. En terreno resbaladizo, decelerando en curva, frenando... el nuevo Corolla ha aprendido de errores anteriores o, dicho de otro modo, se ha dejado aconsejar también en chasis por los componentes europeos del equipo, y se muestra aplomado y estable. Filtra bien los baches gracias a unos muelles muy suaves y la amortiguación se encarga de hacer el trabajo restante. En algunas de las unidades que condujimos se agradecería una mayor contundencia de los amortiguadores, de cara al control de las sacudidas parásitas de la carrocería, pero en general, su mayor avance es que ahora es capaz de codearse con los líderes en el equilibrio entre filtrado y comportamiento. Decíamos hace tres meses, cuando pudimos ver en vivo las primeras unidades del Toyota Corolla, que a finales de año conoceríamos las excelencias de marcha proclamadas por Toyota. Y el año ya ha acabado. Y la tendencia al sobreviraje, también. Si cualquiera puede darse cuenta de la coherente orientación de las diversas carrocerías, al contrario que los dispares diseños del anterior modelo, al volante los nuevos Corolla han dado carpetazo al comportamiento de antes. Donde sus responsables hablaban de agilidad, con anterioridad se hablaba de un tren trasero nervioso y de cierta inestabilidad si había que levantar el pie de acelerador en una curva. A condición de conocer el trazado, este temperamento permitía una conducción divertida, pero la improvisación requería habilidad al volante al rodar rápido. Punto y final. El nuevo Corolla se asimila a las mejores realizaciones del segmento, dejando a un lado la agilidad y apostando por una conducción rápida, relajada y fácil. El subviraje preside la actuación del coche, al menos con presiones iguales en las cuatro ruedas, que es como probamos todas las variantes, incluidos los más específicos Verso y TSport. En terreno resbaladizo, decelerando en curva, frenando... el nuevo Corolla ha aprendido de errores anteriores o, dicho de otro modo, se ha dejado aconsejar también en chasis por los componentes europeos del equipo, y se muestra aplomado y estable. Filtra bien los baches gracias a unos muelles muy suaves y la amortiguación se encarga de hacer el trabajo restante. En algunas de las unidades que condujimos se agradecería una mayor contundencia de los amortiguadores, de cara al control de las sacudidas parásitas de la carrocería, pero en general, su mayor avance es que ahora es capaz de codearse con los líderes en el equilibrio entre filtrado y comportamiento. Decíamos hace tres meses, cuando pudimos ver en vivo las primeras unidades del Toyota Corolla, que a finales de año conoceríamos las excelencias de marcha proclamadas por Toyota. Y el año ya ha acabado. Y la tendencia al sobreviraje, también. Si cualquiera puede darse cuenta de la coherente orientación de las diversas carrocerías, al contrario que los dispares diseños del anterior modelo, al volante los nuevos Corolla han dado carpetazo al comportamiento de antes. Donde sus responsables hablaban de agilidad, con anterioridad se hablaba de un tren trasero nervioso y de cierta inestabilidad si había que levantar el pie de acelerador en una curva. A condición de conocer el trazado, este temperamento permitía una conducción divertida, pero la improvisación requería habilidad al volante al rodar rápido. Punto y final. El nuevo Corolla se asimila a las mejores realizaciones del segmento, dejando a un lado la agilidad y apostando por una conducción rápida, relajada y fácil. El subviraje preside la actuación del coche, al menos con presiones iguales en las cuatro ruedas, que es como probamos todas las variantes, incluidos los más específicos Verso y TSport. En terreno resbaladizo, decelerando en curva, frenando... el nuevo Corolla ha aprendido de errores anteriores o, dicho de otro modo, se ha dejado aconsejar también en chasis por los componentes europeos del equipo, y se muestra aplomado y estable. Filtra bien los baches gracias a unos muelles muy suaves y la amortiguación se encarga de hacer el trabajo restante. En algunas de las unidades que condujimos se agradecería una mayor contundencia de los amortiguadores, de cara al control de las sacudidas parásitas de la carrocería, pero en general, su mayor avance es que ahora es capaz de codearse con los líderes en el equilibrio entre filtrado y comportamiento. Decíamos hace tres meses, cuando pudimos ver en vivo las primeras unidades del Toyota Corolla, que a finales de año conoceríamos las excelencias de marcha proclamadas por Toyota. Y el año ya ha acabado. Y la tendencia al sobreviraje, también. Si cualquiera puede darse cuenta de la coherente orientación de las diversas carrocerías, al contrario que los dispares diseños del anterior modelo, al volante los nuevos Corolla han dado carpetazo al comportamiento de antes. Donde sus responsables hablaban de agilidad, con anterioridad se hablaba de un tren trasero nervioso y de cierta inestabilidad si había que levantar el pie de acelerador en una curva. A condición de conocer el trazado, este temperamento permitía una conducción divertida, pero la improvisación requería habilidad al volante al rodar rápido. Punto y final. El nuevo Corolla se asimila a las mejores realizaciones del segmento, dejando a un lado la agilidad y apostando por una conducción rápida, relajada y fácil. El subviraje preside la actuación del coche, al menos con presiones iguales en las cuatro ruedas, que es como probamos todas las variantes, incluidos los más específicos Verso y TSport. En terreno resbaladizo, decelerando en curva, frenando... el nuevo Corolla ha aprendido de errores anteriores o, dicho de otro modo, se ha dejado aconsejar también en chasis por los componentes europeos del equipo, y se muestra aplomado y estable. Filtra bien los baches gracias a unos muelles muy suaves y la amortiguación se encarga de hacer el trabajo restante. En algunas de las unidades que condujimos se agradecería una mayor contundencia de los amortiguadores, de cara al control de las sacudidas parásitas de la carrocería, pero en general, su mayor avance es que ahora es capaz de codearse con los líderes en el equilibrio entre filtrado y comportamiento. 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