Audi A3 3.2 DSG

Motor insaciable, cambio revolucionario, chasis alado. Cómodo en ciudad, un relámpago en carretera y maravillosamente eficaz en terreno virado. A veces la automoción es tan complicada y tan fácil al mismo tiempo...

Audi A3 3.2 DSG
Audi A3 3.2 DSG

A todos los detractores de los cambios automáticos, a aquellos que siguen defendiendo que estas cajas son más aburridas, gastan más, se estropean con facilidad o impiden sacar toda la chispa a los motores, se les podría convencer con tan sólo una palabra: DSG. Es la receta mágica. El “abracadabra" de los nuevos coches del grupo Volkswagen. Este tipo de cambios se dio a conocer en las competiciones automovilísticas, pero ahora está al alcance de cualquiera de los coches que usamos en el día a día: desde monovolúmenes a utilitarios, pasando –por supuesto- por coches tan deportivos como el que analizamos.El DSG (Dual Shift Gearbox) es, en realidad, un cambio con embrague pilotado. Más concretamente, con dos embragues. A grandes rasgos, uno se encarga de insertar la 1ª, la 3ª y la 5ª marcha, mientras que el otro hace lo mismo con las pares. Así, cuando estamos en una relación, ya tiene la siguiente preseleccionada (“esperando en recámara"). El paso de una a otra es instantáneo: 2 décimas de segundo, según Audi. Ni el piloto más experimentado podría cambiar con esa rapidez con una caja manual. El argumento de la rapidez queda por tanto rebatido. ¿Y la diversión?Este tipo de cambio permite que el conductor inserte él mismo las marchas, bien mediante el manejo secuencial con la palanca o bien con las levas del volante (sí, igual que en la Fórmula 1). Además, podemos dejar al DSG que “actúe solo"; cuenta con dos programas automáticos de funcionamiento: uno “normal" (si se puede añadir este adjetivo a algo que vaya unido a un motor que late a pulsaciones endiabladas) y otro “deportivo", que estira más las marchas. Además de rápido, el DSG da confianza. En algunos cambios automáticos hay una especie de “tiempo muerto", momentos en que el coche tarda en reaccionar, que da como saltos. Con este Audi, eso no ocurre: nunca hay interrupciones en la tracción. Es un caja pensada para la conducción deportiva, pero que se adapta –sin problemas- a un ritmo más relajado. Los cambios de marcha sólo se notarán en el cuentarrevoluciones. Pura seda. El DSG es el último recién llegado y el más evolucionado de los cambios automáticos. Como ya hemos dicho, no sacrifica ni la rapidez ni la suavidad. Se pueden tener las dos cosas gracias a su acople de marchas con el doble embrague. Es todo un invento y destaca sobre los de sus rivales. Entre las mejores transmisiones automáticas de tintes deportivos del mercado, encontramos la Seledspeed de Alfa. Es un cambio robotizado: cuenta con idénticas relaciones que el manual. Esta caja permite la selección de marchas de dos formas diferentes, mediante una palanca que se puede mover hacia delante o hacia atrás o mediante dos levas situadas tras el volante. Además, dispone de la opción “City", que permite a la centralita controlar los cambios. Comparándolo con el DSG, resulta mucho más brusco, sobre todo a la hora de subir marchas. BMW también ofrece un cambio automático ideal para los amantes de la conducción más dinámica. Es el SMG. Su principal característica es que, mediante un botón junto a la palanca de cambios, nos permite elegir el grado de rapidez con que se producen los cambios.