Audi A2 1.4 TDI

Con sus formas distintas y originales y sus aires de “pero qué guapo soy", el A2 convierte a su dueño en centro de la atención popular allá por donde pasa. Para eso tiene 4 aros bien puestos en la parrilla, carrocería y chasis de aluminio y un precio exclusivo que lo coloca en lo que el Márketing llama “un nicho de mercado". La versión TDI añade a todo eso un consumo muy reducido y unas prestaciones nada desdeñables para sus 75 CV de potencia nominal.

¡Y que miren!
¡Y que miren!

Dejando el alma a un lado y aplicando sólo la más cerebral objetividad, lo cierto es que las formas externas de este Audi están bien conseguidas, con su suave silueta curvilínea, su parrilla breve y grupos ópticos de diseño exterior discreto e interior elaborado, los pasos de rueda bien marcados, la línea avanzada del parabrisas y el declive del techo al llegar a la trasera, rematado por un pequeño alerón, que logra darle un aire de dinamismo que equilibra las formas más bien rotundas del resto.

Ya dentro, del puesto de conducción, bueno en conjunto, no ha terminado de convencernos su altura. Cierto es que proporciona una sensación de dominio y un horizonte de visibilidad que muchos conductores agradecerán sin ambages. El apoyo sobre el paso de rueda es vertical en exceso y, a pesar de todas las regulaciones posibles, no logramos sentirnos del todo a gusto, lo que en trayectos largos se convierte en temprana aparición de cansancio. El tacto del volante y el diseño y manejo del cambio, sin embargo, nos han encantado y la situación de los mandos y la visibilidad del cuadro de instrumentos son correctas. En cuanto al espacio interior, no hay alardes de amplitud, especialmente en las dos plazas delanteras; en la del copiloto, por ejemplo, el diseño del salpicadero, algo invasivo respecto al resto del habitáculo, origina una estrechez más psicológica que real, pero que se percibe al viajar en él. Atrás, por el diseño de los asientos y la disposición de los anclajes de los cinturones de seguridad, sólo hay sitio para dos pasajeros, aunque por espacio real podrían caber tres, que, además, se sentarán sin estrechez para las piernas y, eso sí, en una postura bastante vertical. Disponer de tres plazas será sólo una opción disponible previo pago.

Para terminar con la disponibilidad de espacio, el maletero no está mal (355 litros), aunque también es cierto que eso es sin rueda de repuesto (sólo un kit antipinchazos). Con ella, empezamos a ir justitos a la hora de viajar para más que un fin de semana. Si no se ocupan todas las plazas, la solución a este inconveniente viene dada por la polivalencia de las traseras, que pueden abatirse y convertir su espacio en complemento para el del maletero.

Algunos pequeños “gadgets" completan la lista de originalidades del A2. Así, la parrilla puede desmontarse fácilmente para permitir que el conductor mida el nivel de aceite y líquido de frenos y, si es necesario, pueda rellenar el depósito correspondiente. También el capó entero, en lugar de sólo levantarse, se desmonta (mejor no meterse en esa operación si no se está seguro de saber encajarlo de nuevo, un procedimiento no tan evidente como podría parecer en un principio).