Volkswagen Touareg V10

El Touareg V10 es una especie nueva. Hasta ahora teníamos los todo terrenos puros y los SUV o “light”. Faltaba un coche que fuera capaz de aunar de forma real las virtudes de ambos formatos dejando atrás los defectos propios de cada uno. Había algunos intentos muy loables, pero a todos les faltaba algo. El coche de Volkswagen propone un compendio definitivo de cualidades: es un off-road imparable, una berlina de lujo y un deportivo sobre el asfalto.
-
Volkswagen Touareg V10
Volkswagen Touareg V10

Si vamos por zonas rápidas y viradas, o con firme en mal estado, lo mejor es seleccionar el modo deportivo. Entonces, el coche tensa los músculos y uno casi nota cómo aprieta los riñones. La suspensión se endurece y las reacciones se tornan secas, duras, mientras que el aplomo del Touareg gana enteros y su capacidad de paso por curva aumenta a ojos vista.

<

p> Si a este camaleónico trabajo del bastidor añadimos la presencia de los controles de estabilidad y de tracción, tenemos dos toneladas y media de coche que circulan por cualquier carretera como un tren sobre sus raíles: a toda marcha y sin ninguna duda.

El equilibrio del coche está tan cuidado que apenas se aprecian vicios. Con el control de estabilidad desconectado tiende a subvirar, pero casi hay que obligarle a hacerlo: sobre asfalto, su neutralidad resulta exquisita.

<

p> El único pero ya lo apuntábamos antes. La lentitud del cambio en reducción, producto de su afán de proteger la mecánica, hace que no podamos disfrutar como quisiéramos del poder de retención del motor y aplicarlo a la conducción deportiva. Entonces, como nadie quiere privarse de esta diversión, nos empleamos a fondo con el pedal del freno. No es buena idea, porque, con tanto peso, rápidamente nos encontramos con los discos muy calientes y una clara pérdida de capacidad de frenada.

De antemano, pensábamos que este Touareg V10 iba a ser un coche interesante en carretera y que se iba a defender mal que bien en el campo. Es preciso aclarar desde ahora que lo infravaloramos. Después de someter a este coche a pruebas agotadoras, incluyendo el sadismo de hacerlo subir y bajar por cortafuegos labrados casi en vertical, tenemos que rendirnos a la evidencia de que estamos ante una máquina especial, un vehículo superdotado que camina por un territorio virgen. Nos cuesta encontrarle rivales.

<

p> El Touareg ya era especial antes de nacer. La sola idea de compartir alma, corazón y vida con el Porsche Cayenne pone un punto de emoción en un proyecto que, para Volkswagen, ha supuesto en reencuentro con el todo terreno de verdad.

Ahora, con el coche entre las manos, nos damos cuenta rápido de que han hecho un buen trabajo. La “facha” del coche impresiona: alto, largo, ancho, rotundo, con las formas de un decatleta, capaz de brillar en cualquier esfuerzo.

<

p> Es verdad que el interior, como veremos después, adolece de una clara falta de imaginación, pero acabados y materiales son irreprochables, así que la sensación nada más sentarnos al volante es muy acogedora, muy satisfactoria.
Un descarnado botón metálico pone en marcha el motor, un colosal V10 de cinco litros y 313 CV, que ruge con un eco volcánico. La experiencia empieza con las mejores vibraciones.

Levantamos el capó del motor como quien abre el cofre del tesoro. Pero, claro, como sucede siempre con estos coches tan sofisticados, nos encontramos con una coraza de plástico que recubre y aísla el propulsor. Apenas nos deja ver las muescas de la parte superior del bloque de cilindros y los registros de aceite y agua.

<

p> Pero debajo de este frustrante espectáculo late un monstruo. En Volkswagen no se han andado con chiquitas y han colocado en las tripas del Touareg una máquina TDI de 4.921 cm3 con una arquitectura interna de 10 cilindros en V a 90º y doble ración de turbo e intercooler. Así cualquiera: 313 CV nominales de potencia a 3.750 rpm y, lo que asusta más, 75 mkg de par máximo a sólo 2.000 rpm. La fuerza de un carro de combate. Es el motor de gasóleo más grande de cuantos se emplean en los coches de Europa.

<

p> Una máquina así no deja indiferente. Cualquiera de sus cifras escandaliza. El Touareg, con un peso de 2.635 kg con el depósito hasta arriba, se marca un 0-100 km/h de 7,3 segundos, una marca que firmarían gustosos muchos coches que se las dan de deportivos. Pero, además, recorre el kilómetro desde parado en sólo 28,4 segundos y pasaría de largo de los 250 km/h si no estuviera autolimitado.

<

p> Claro que estos alardes no son gratis. Los consumos de este coche lo convierten en un verdadero elefante blanco, una joya difícil de mantener. La media que ha obtenido nuestro Centro Técnico es de 13,2 litros a los 100 km. Es verdad que podía ser mucho más teniendo en cuenta cómo es el coche, pero también es verdad que estamos hablando de un Diesel, que suelen ser motores más ahorradores, y que el marcador de consumo instantáneo se vuelve loco en las aceleraciones más fuertes.

Sobre el asfalto, el Touareg es como un martillo. Golpea y golpea a cualquier rival y no sufre el más mínimo desgaste. Es un coche rápido, terriblemente rápido para pesar más de dos toneladas y media. Al ser Diesel, no tiene la arrancada explosiva, pero su aceleración es como una riada: progresiva e imparable. Tiene una fuerza increíble que le hace alcanzar velocidades enormes sin dar la impresión de sufrir y, lo que es mejor, sin ninguna dificultad para el conductor, porque se lleva con una sencillez pasmosa.

En autopistas y carreteras resulta tan eficaz, veloz y cómodo como la mejor de las berlinas. Sólo hay que acelerar y calcular cuánto combustible necesitaremos. Es evidente que sobra motor y no nos costará mucho adelantar a muchos de los mejores deportivos del mercado.

<

p> El V10 se combina con una compleja transmisión automática. La caja, de seis marchas, ofrece tres posibilidades de trabajo: automática normal, modo Sport y mando secuencial. En las dos últimas se disfruta de un programa de cambio más flexible, más deportivo, con marchas que llegan más arriba y reducciones para acelerar que se hacen desde dos relaciones por debajo de la que se lleva cuando se exige la potencia. El manejo secuencial da más capacidad de decisión al conductor, pero tampoco en exceso, porque su gestión inteligente hace que se engranen marchas superiores apenas la centralita electrónica considera que el régimen del motor es peligroso.

Es una caja muy eficaz, pero algo lenta. Para arriba no hay problema: en cualquiera de las modalidades las marchas se suceden rápidamente, sin problemas. Incluso en secuencial la velocidad a la que se engranan las marchas es óptima. Sin embargo, en la reducción es donde nos encontramos con las dificultades. El cambio tarda en admitir velocidad más cortas y en el modo secuencial nos sorprendemos tirando hacia atrás de la palanca sin que el coche cambie a un marcha más corta hasta que la aguja del cuentavueltas no pasa por debajo de los 3.000 giros. No es de extrañar que se comporte así: con semejante par motor, una reducción muy brusca podría triturar los palieres. Sin embargo, este conservadurismo del cambio nos quita mucha confianza cuando vamos rápido por carreteras retorcidas. Al final, acabamos abusando del freno y eso, en un vehículo de estas proporciones, pasa factura.

En esas carreteras complicadas es donde empezamos a disfrutar de verdad de la carga tecnológica de este coche. Motores “gordos” hay muchos, aunque muy pocos que lo sean tanto como éste. Pero lo que es seguro es que no hay tantos bastidores capaces de sacarles todo el jugo. Este sí lo hace.

El trabajo que Porsche y Volkswagen han desarrollado para estos coches es fabuloso. La irrupción de la suspensión neumática, gran baza de este chasis, ha cambiado la forma en que enjuiciamos el comportamiento de un vehículo. Ahora, para cada circunstancia hay varias posibilidades, varias filosofías diferentes.

<

p> En el Touareg, con sólo tocar un selector, se puede optar entre tres modalidades de suspensión: confort, deportiva y automática. Entendiendo que esta última se adapta, o trata de hacerlo, a los cambios del terreno y de la conducción, tenemos la posibilidad de endurecer o ablandar los tarados a voluntad. El modo de confort es el mejor para las grandes cabalgadas por autopista o carretera en buen estado. La suspensión alarga sus movimientos, el coche se vuelve algo más impreciso y flota más, pero la comodidad del interior está garantizada y la estabilidad no se ve comprometida en ningún momento.

Galería relacionada

Volkswagen Touareg V10

AUTOPISTA TV
Te recomendamos

No hay mejor manera de conocer un producto que poder probarlo a fondo. Bridgestone y ...

El retrato más personal que encontrarás de mítico piloto Ayrton Senna, con hasta 25 h...

SEAT, Autopista y el Máster en Styling y Diseño de la Universidad Politécnica de Vale...

Range Rover sorprendió a todos con la llegada de su último SUV. El Range Rover Velar ...

Hablar del MINI Countryman Híbrido Enchufable es hablar de un SUV camaleónico, que aú...

Uno de los motivos principales a la hora de comprar un coche de segunda mano es el pr...