Volkswagen EOS 2.0 FSI

Sofisticado motor de gasolina de 150 CV, techo duro retráctil, una estampa muy atractiva y una buena dosis de calidad en acabados y materiales. ¿Suena bien, verdad? Pues son las líneas maestras que configuran el Volkswagen Eos, el cabrio-coupé de la familia Golf. Lo probamos ahora en su variante 2.0 FSI, un motor alegre y efectivo, aunque no exagerado.
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Volkswagen EOS 2.0 FSI
Volkswagen EOS 2.0 FSI

El motor va acoplado a un cambio de marchas manual de seis relaciones. Es una caja de cambios rápida y precisa, agradable y divertida en el manejo y, sobre todo, muy eficaz para gestionar la potencia del motor. Unos desarrollos bien escalonados y bastante cercanos unos a otros permiten aprovechar al máximo lo que ofrece la mecánica, especialmente en las cuatro primeras marchas, que son bastante cortas. Pero incluso la sexta es más bien cerrada y permite mantener una cierta capacidad de recuperación.

Desde que hacia el año 2000 Volkswagen decidiera volver a la inyección directa de gasolina, sus motores han evolucionado muchísimo. O, quizá, más que evolucionar, han cambiado. Si aquel año debutaban las siglas FSI era para hacer gala a su significado: fuel estratified injection o, lo que es lo mismo, inyección directa y estratificada de gasolina. Ahora, unos años después, las siglas permanecen, pero la inyección ya no es estratificada, sino homogénea. Aquella utilizaba una mínima cantidad de gasolina y mucho aire, lo que se conoce como mezcla pobre, y se valía de un ingenioso diseño de los cilindros para colocar la gasolina justo delante de las bujías. En esta generación de motores FSI, aquel sofisticado sistema ha dejado paso a un método más sencillo que se basa en la mezcla homogénea de aire y gasolina. Es decir, mezcla estequiométrica. La diferencia fundamental está en el consumo. La mezcla pobre necesita menos gasolina, con lo que ahorra bastante. Claro que, para eso, hacen falta unas determinadas condiciones, como la existencia de gasolina sin azufre, algo que todavía no es común en España. Las emisiones contaminantes, en condiciones ideales, también son menores con la mezcla pobre estratificada. A pesar de todo, los ingenieros de Volkswagen han logrado que estos FSI de segunda generación consuman realmente poco, una media de 8,8 litros cada 100 km en este Eos. Y también han conseguido dominar muchísimo las emisiones.

Por voluntarioso que sea el motor, hay que reconocer que el chasis está por encima de él. Especialmente el chasis del Eos que, con respecto al que utiliza el Golf, tiene vías más anchas. Contando con esta mejora y con el excelente equipo de suspensiones de estos bastidores, estamos hablando de un coche que se mueve con muchísimo aplomo en todos los terrenos.

Como se sabe, la suspensión de esta generación de compactos estrena un complejo esquema de suspensión trasera multibrazo, el mismo que utilizan los Passat. Pero, además, en nuestra unidad contábamos con la suspensión deportiva, cuya altura se ha rebajado en 1,5 cm, de forma que el coche acerca su punto de gravedad al suelo y se comporta con mayor firmeza.
Estos cambios son útiles para mejorar la estabilidad de un coche que, al ser cabrio, tiene una estructura menos rígida que en las versiones convencionales de los Golf. Y el resultado, como no podía ser menos, es un coche que se mueve con esa facilidad y esa solvencia tan propias de los compactos del Volkswagen: firme, con la carrocería muy sujeta y un punto de dureza en el tarado de suspensión que aporta ese paso tan característico.

Por tanto, el Eos resulta muy ágil, obedece sin titubear y no hay forma de que descomponga la postura. Este chasis absorbe con toda naturalidad la potencia del motor y la traslada sin despeinarse a las ruedas. Así, este 2.0 FSI se convierte en un coche muy divertido a poco que nos aprestemos a mover el cambio con soltura y a darle rienda suelta a su motor. No hay que preocuparse de nada más, porque es tan noble que se dejará guiar dócilmente, obedeciendo siempre si un mal movimiento, como cualquier Golf equivalente. Un poco soso por lo neutral y contenido de sus reacciones, pero tremendamente eficaz y con la misma potencia de frenado de sus hermanos.

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p> En carreteras fáciles se mueve igual de bien, incluso mejor. Es cómodo y disfruta de un buen filtrado de suspensión, con lo que pocas cosas molestan a sus ocupantes. Lástima que en las plazas traseras ya no se vaya tan bien…

LO MEJOR
LO PEOR

* Elegante estética
* Gran comportamiento dinámico
* Motor ahorrador

* Maletero muy reducido
* Plazas traseras mínimas
* Frío diseño interior

Volkswagen tiene una interesante gama de motores de gasolina para elegir. De ella, para esta versión del Eos, ha elegido el 2.0 FSI, variante de 150 CV del bloque de dos litros que los alemanes utilizan para su reconocido TFSI de 200 CV.

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p> A pesar de no ser tan poderoso como su hermano mayor, este FSI, que utiliza la segunda generación de la inyección directa de Volkswagen, es un motor entusiasta y generoso en la entrega, más que suficiente para mover con alegría al Eos.

En marcha, el motor destaca por su nobleza en el esfuerzo, liberando la fuerza con progresividad y sosteniendo un empuje más que considerable en un buen tramo del cuentavueltas. De hecho, se muestra bastante elástico y, entre las 1.700 y las 6.000 revoluciones hay par de sobra para lo que necesitemos.
Es un motor agradable, nada brusco, refinado y poco ruidoso. Una máquina sofisticada y enérgica que, además, muestra un consumo bastante moderado: una media de 8,8 litros a los 100 km, lo que no resulta exagerado para un propulsor de 150 CV.

El motor va acoplado a un cambio de marchas manual de seis relaciones. Es una caja de cambios rápida y precisa, agradable y divertida en el manejo y, sobre todo, muy eficaz para gestionar la potencia del motor. Unos desarrollos bien escalonados y bastante cercanos unos a otros permiten aprovechar al máximo lo que ofrece la mecánica, especialmente en las cuatro primeras marchas, que son bastante cortas. Pero incluso la sexta es más bien cerrada y permite mantener una cierta capacidad de recuperación.

Desde que hacia el año 2000 Volkswagen decidiera volver a la inyección directa de gasolina, sus motores han evolucionado muchísimo. O, quizá, más que evolucionar, han cambiado. Si aquel año debutaban las siglas FSI era para hacer gala a su significado: fuel estratified injection o, lo que es lo mismo, inyección directa y estratificada de gasolina. Ahora, unos años después, las siglas permanecen, pero la inyección ya no es estratificada, sino homogénea. Aquella utilizaba una mínima cantidad de gasolina y mucho aire, lo que se conoce como mezcla pobre, y se valía de un ingenioso diseño de los cilindros para colocar la gasolina justo delante de las bujías. En esta generación de motores FSI, aquel sofisticado sistema ha dejado paso a un método más sencillo que se basa en la mezcla homogénea de aire y gasolina. Es decir, mezcla estequiométrica. La diferencia fundamental está en el consumo. La mezcla pobre necesita menos gasolina, con lo que ahorra bastante. Claro que, para eso, hacen falta unas determinadas condiciones, como la existencia de gasolina sin azufre, algo que todavía no es común en España. Las emisiones contaminantes, en condiciones ideales, también son menores con la mezcla pobre estratificada. A pesar de todo, los ingenieros de Volkswagen han logrado que estos FSI de segunda generación consuman realmente poco, una media de 8,8 litros cada 100 km en este Eos. Y también han conseguido dominar muchísimo las emisiones.

Por voluntarioso que sea el motor, hay que reconocer que el chasis está por encima de él. Especialmente el chasis del Eos que, con respecto al que utiliza el Golf, tiene vías más anchas. Contando con esta mejora y con el excelente equipo de suspensiones de estos bastidores, estamos hablando de un coche que se mueve con muchísimo aplomo en todos los terrenos.

Como se sabe, la suspensión de esta generación de compactos estrena un complejo esquema de suspensión trasera multibrazo, el mismo que utilizan los Passat. Pero, además, en nuestra unidad contábamos con la suspensión deportiva, cuya altura se ha rebajado en 1,5 cm, de forma que el coche acerca su punto de gravedad al suelo y se comporta con mayor firmeza.
Estos cambios son útiles para mejorar la estabilidad de un coche que, al ser cabrio, tiene una estructura menos rígida que en las versiones convencionales de los Golf. Y el resultado, como no podía ser menos, es un coche que se mueve con esa facilidad y esa solvencia tan propias de los compactos del Volkswagen: firme, con la carrocería muy sujeta y un punto de dureza en el tarado de suspensión que aporta ese paso tan característico.

Por tanto, el Eos resulta muy ágil, obedece sin titubear y no hay forma de que descomponga la postura. Este chasis absorbe con toda naturalidad la potencia del motor y la traslada sin despeinarse a las ruedas. Así, este 2.0 FSI se convierte en un coche muy divertido a poco que nos aprestemos a mover el cambio con soltura y a darle rienda suelta a su motor. No hay que preocuparse de nada más, porque es tan noble que se dejará guiar dócilmente, obedeciendo siempre si un mal movimiento, como cualquier Golf equivalente. Un poco soso por lo neutral y contenido de sus reacciones, pero tremendamente eficaz y con la misma potencia de frenado de sus hermanos.

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p> En carreteras fáciles se mueve igual de bien, incluso mejor. Es cómodo y disfruta de un buen filtrado de suspensión, con lo que pocas cosas molestan a sus ocupantes. Lástima que en las plazas traseras ya no se vaya tan bien…

LO MEJOR
LO PEOR

* Elegante estética
* Gran comportamiento dinámico
* Motor ahorrador

* Maletero muy reducido
* Plazas traseras mínimas
* Frío diseño interior

Volkswagen tiene una interesante gama de motores de gasolina para elegir. De ella, para esta versión del Eos, ha elegido el 2.0 FSI, variante de 150 CV del bloque de dos litros que los alemanes utilizan para su reconocido TFSI de 200 CV.

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p> A pesar de no ser tan poderoso como su hermano mayor, este FSI, que utiliza la segunda generación de la inyección directa de Volkswagen, es un motor entusiasta y generoso en la entrega, más que suficiente para mover con alegría al Eos.

En marcha, el motor destaca por su nobleza en el esfuerzo, liberando la fuerza con progresividad y sosteniendo un empuje más que considerable en un buen tramo del cuentavueltas. De hecho, se muestra bastante elástico y, entre las 1.700 y las 6.000 revoluciones hay par de sobra para lo que necesitemos.
Es un motor agradable, nada brusco, refinado y poco ruidoso. Una máquina sofisticada y enérgica que, además, muestra un consumo bastante moderado: una media de 8,8 litros a los 100 km, lo que no resulta exagerado para un propulsor de 150 CV.

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