Volkswagen Polo 1.6 TDI

Campanas, y a su rincón. El Volkswagen Polo renace con un registro de golpes capaz de noquear a todo rival. En K.O. técnico, y en calidad, espacio, confort... El primer asalto, eso sí, lo resuelve de momento sólo con un croché: a su eficiente y nuevo motor 1.6 TDI de 75 CV le falta algo de pegada y sobran desarrollos. ¿Los tumbará en próximos «rounds»?
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Volkswagen Polo 1.6 TDI
Volkswagen Polo 1.6 TDI

Tras más de tres décadas de historia, cinco generaciones y ocho años después de su última completa renovación, el Volkswagen Polo alcanza la madurez. Sea porque, a diferencia de otros productos de gama, no acababa de enganchar en su segmento, o porque la nueva realidad socioeconómica obliga a mirar ya a pesos ligeros, no queda duda de que Volkswagen se ha volcado por completo en su desarrollo. Puede que también con algún error estratégico o de los nuevos signos que corren, por abrir fuego con un motor económico y de acceso algo soso — probablemente, el más demandado—, pero desde luego dejándonos un inicial sabor de boca a coche superior, impecable tanto en corte como en confección para batirse, cuerpo a cuerpo, en una categoría tan popular, exigente y revisada como la de utilitarios superventas.

El libro de estilo para su renovación era de manual. Así, dotándolo de cierta personalidad sobre todo en la trasera y en unos aerodinámicos retrovisores con un 20 por ciento menos de resistencia al aire, VW traslada al pequeño escalón su nuevo y aceptado concepto compacto. De hecho, tiene mirada VW Scirocco, y un atractivo olor a VW Golf que a más de uno llevará a confusión. No sólo estético, también de sabor.

Del nuevo Volkswagen Golf, el Polo toma ahora una apertura de portón desde el emblema VW, la instrumentación con iluminación blanca, los mandos del volante, cuadros de ventilación y radio… La conclusión es que añade una calidad de ajustes y materiales, y un tacto, nunca vistos en la categoría. Y hay grandes realizaciones, como los nuevos Ford Fiesta o Renault Clio. Salpicadero superior acolchado, limpiaparabrisas enrasados, elevalunas monotoque, detalles cromados por toda la consola o un comodísimo puesto de conducción coronan un ambiente de segmento superior.

También, claro, hay aspectos mejorables en el nuevo VW Polo, como la ergonomía de la regulación de retrovisores, el poco radio del «limpia» trasero o los molestos reflejos que los ribetes de aluminio de las salidas de aire generan en la visibilidad lateral. Poca cosa, en todo caso, atendiendo, además, a su gran funcionalidad. Y es que ahora incluye mucho espacio para almacenamiento, como gavetas bajo los asientos delanteros, portaobjetos en todas las puertas, guantera refrigerada, posavasos y hasta reposabrazos entre los asientos delanteros.

A todo ello, el VW Polo suma la versatilidad de una banqueta trasera abatible que, gracias a un práctico maletero cúbico de doble fondo y posible piso en dos alturas, obtiene una superficie plana que, de unos justos 305 litros de carga, bordea los 1.000 dm3. Y es que sólo en carga puede el VW Polo amilanarse frente a sus rivales por ligera peor cota. Porque, tanto en anchura (detrás, en cualquier caso, sólo viajarán bien dos), como en altura y, sobre todo, espacio para piernas sigue líder: con sus 74 centímetros de distancia «baila» incluso a más de un superior compacto, —léase Peugeot 308, Renault Mégane o Citroën C4—.

Si en esencia el aire a VW Golf es innegable, su estructura nos acerca a sus hermanos de grupo. Nacido de la plataforma PQ25, estrenada en Seat Ibiza y arquitectura también del futuro Audi A1, el VW Polo no se suma a la puja de centímetros. No alcanza los 4 metros de longitud que superan muchos rivales, lo que no significa que no crezca. Más importante en cambio es la ganancia en anchura total y vías (3 cm en cada una), batalla (1 cm) y el recorte en altura (1,4 cm). Mayor superficie de pisada y mejor aerodinámica que, unido a un chasis más rígido y con nuevos soportes de amortiguación, permiten una calidad de rodadura ejemplar. También aquí, de coche superior.

Fantástico así tanto lo asentado que marcha el VW Polo en vías rápidas, como su gran pisada en carretera o también su agilidad. Aquí, penalizado con un peso de 1.214 kg y una orientación a confort y suavidad, encontramos alternativas más deportivas como Seat Ibiza o Ford Fiesta. Sin embargo, sus nobles trayectorias —delante entra bien, detrás ni se mueve—, gran tacto y paquete de acabado Sport, que incluye chasis rebajado 15 mm, le permiten ganar finalmente posiciones.

También llega reforzado por sus grandes neumáticos de medida 215/45 R16, montados para mejor agarre y frenada (histórico punto débil del VW Polo, superado ahora también con un nuevo servofreno de 10 pulgadas en vez 8,5), aunque creemos que exagerados por generar lastres en sonoridad, consumo y prestaciones en contraste con el utilitario que es y la mecánica que ofrece.

Hasta aquí, el VW Polo no puede ser más que un magnífico utilitario de última generación. ¿Qué falla entonces para no tumbar directamente a sus rivales? Pues, en este caso, la mecánica. Entre la sofisticada gama de estreno (incluso con un moderno 1.2 TSI de 105 CV y cambio DSG de 7 relaciones) esperábamos mucho del bloque de nuevo desarrollo 1.6 TDI, nacido para reemplazar ya al 1.9 y 1.4 TDI, éste pronto superado también por la estrategia «downsizing» y el futuro 1.2 TDI.

Pero en esta versión básica de 75 CV de potencia no acaba de explotar. No por potencia, esperada para una movilidad razonable, ni por gran suavidad; de hecho cumple como versión de acceso que es. Pero sí por una artificial curva de rendimiento y unos desarrollos de cambio que le pesan como una losa. Primero, porque a su buen bajo régimen (entre 1.500-2.500 rpm, donde conviene moverlo siempre) le sigue un claro vacío. Es como si la electrónica (reglajes específicos, también de turbo e inyectores, para separarlo de sus variantes de 90 y 105 CV) cerrara repentinamente el grifo. Estrangulado, presenta de las peores aceleraciones de categoría.

Segundo, por desarrollos de transmisión un 30 por ciento más largos que el anterior VW Polo, y que sus rivales, e incluso ligeramente más abiertos que el antiguo Bluemotion… ¿Ecología sin etiqueta? Aceptablemente escalonados en sus tres primeras marchas, y por el agradable bajo régimen, este Polo 1.6 TDI se mueve con brío en ciudad y se lanza fácil en carretera. Eso sí, a partir de ahí poco adaptado a pedirle esfuerzos, ya que al motor, perezoso en la subida de vueltas, le cuesta arrastrar semejante cuarta y quinta velocidad, ésta de 53 km/h cada 1.000 rpm y que, de no ganar inercia, lleva ante cualquier frenada e intento de recuperación a bajar no una marcha, sino dos y tres para no quedarnos ahogados con gas a tabla. Imagínense a plena carga.

En prestaciones, el nuevo VW Polo 1.6 TDI empeora hasta en 4 segundos los adelantamientos de sus rivales (casi 20 segundos tarda en el 80-120 km/h en 5ª). Demasiado tiempo y, lástima, porque frente al anterior 3 cilindros mejora mucho en refinamiento (se acabó la elevada sonoridad y molestas vibraciones, ahora este TDI de lo más fino del segmento) y hasta en consumo (espectaculares 5,6 l/100 km de media, hasta 0,5 menos que el anterior 1.4 TDI y rivales).

En este sentido, por sólo 570 euros más, quizá en el nuevo VW Polo conviene optar al 1.6 TDI de 90 CV, igual de eficiente y muy contundente. Única nota agridulce, en definitiva, para un utilitario alto también de equipamiento (ESP, 8 airbags, luz de día, aire acondicionado o asistente de arranque en pendiente de serie), y precio. Y es que, exclusivo en su segmento, el Polo sigue siendo el Polo… pero ahora mucho mejor.

— Presentación y confort
— Espacio/funcionalidad
— Bajo consumo

— Desarrollos ultra-largos
— Capacidad para subir de vueltas
— Precio final

Tras más de tres décadas de historia, cinco generaciones y ocho años después de su última completa renovación, el Volkswagen Polo alcanza la madurez. Sea porque, a diferencia de otros productos de gama, no acababa de enganchar en su segmento, o porque la nueva realidad socioeconómica obliga a mirar ya a pesos ligeros, no queda duda de que Volkswagen se ha volcado por completo en su desarrollo. Puede que también con algún error estratégico o de los nuevos signos que corren, por abrir fuego con un motor económico y de acceso algo soso — probablemente, el más demandado—, pero desde luego dejándonos un inicial sabor de boca a coche superior, impecable tanto en corte como en confección para batirse, cuerpo a cuerpo, en una categoría tan popular, exigente y revisada como la de utilitarios superventas.

El libro de estilo para su renovación era de manual. Así, dotándolo de cierta personalidad sobre todo en la trasera y en unos aerodinámicos retrovisores con un 20 por ciento menos de resistencia al aire, VW traslada al pequeño escalón su nuevo y aceptado concepto compacto. De hecho, tiene mirada VW Scirocco, y un atractivo olor a VW Golf que a más de uno llevará a confusión. No sólo estético, también de sabor.

Del nuevo Volkswagen Golf, el Polo toma ahora una apertura de portón desde el emblema VW, la instrumentación con iluminación blanca, los mandos del volante, cuadros de ventilación y radio… La conclusión es que añade una calidad de ajustes y materiales, y un tacto, nunca vistos en la categoría. Y hay grandes realizaciones, como los nuevos Ford Fiesta o Renault Clio. Salpicadero superior acolchado, limpiaparabrisas enrasados, elevalunas monotoque, detalles cromados por toda la consola o un comodísimo puesto de conducción coronan un ambiente de segmento superior.

También, claro, hay aspectos mejorables en el nuevo VW Polo, como la ergonomía de la regulación de retrovisores, el poco radio del «limpia» trasero o los molestos reflejos que los ribetes de aluminio de las salidas de aire generan en la visibilidad lateral. Poca cosa, en todo caso, atendiendo, además, a su gran funcionalidad. Y es que ahora incluye mucho espacio para almacenamiento, como gavetas bajo los asientos delanteros, portaobjetos en todas las puertas, guantera refrigerada, posavasos y hasta reposabrazos entre los asientos delanteros.

A todo ello, el VW Polo suma la versatilidad de una banqueta trasera abatible que, gracias a un práctico maletero cúbico de doble fondo y posible piso en dos alturas, obtiene una superficie plana que, de unos justos 305 litros de carga, bordea los 1.000 dm3. Y es que sólo en carga puede el VW Polo amilanarse frente a sus rivales por ligera peor cota. Porque, tanto en anchura (detrás, en cualquier caso, sólo viajarán bien dos), como en altura y, sobre todo, espacio para piernas sigue líder: con sus 74 centímetros de distancia «baila» incluso a más de un superior compacto, —léase Peugeot 308, Renault Mégane o Citroën C4—.

Si en esencia el aire a VW Golf es innegable, su estructura nos acerca a sus hermanos de grupo. Nacido de la plataforma PQ25, estrenada en Seat Ibiza y arquitectura también del futuro Audi A1, el VW Polo no se suma a la puja de centímetros. No alcanza los 4 metros de longitud que superan muchos rivales, lo que no significa que no crezca. Más importante en cambio es la ganancia en anchura total y vías (3 cm en cada una), batalla (1 cm) y el recorte en altura (1,4 cm). Mayor superficie de pisada y mejor aerodinámica que, unido a un chasis más rígido y con nuevos soportes de amortiguación, permiten una calidad de rodadura ejemplar. También aquí, de coche superior.

Fantástico así tanto lo asentado que marcha el VW Polo en vías rápidas, como su gran pisada en carretera o también su agilidad. Aquí, penalizado con un peso de 1.214 kg y una orientación a confort y suavidad, encontramos alternativas más deportivas como Seat Ibiza o Ford Fiesta. Sin embargo, sus nobles trayectorias —delante entra bien, detrás ni se mueve—, gran tacto y paquete de acabado Sport, que incluye chasis rebajado 15 mm, le permiten ganar finalmente posiciones.

También llega reforzado por sus grandes neumáticos de medida 215/45 R16, montados para mejor agarre y frenada (histórico punto débil del VW Polo, superado ahora también con un nuevo servofreno de 10 pulgadas en vez 8,5), aunque creemos que exagerados por generar lastres en sonoridad, consumo y prestaciones en contraste con el utilitario que es y la mecánica que ofrece.

Hasta aquí, el VW Polo no puede ser más que un magnífico utilitario de última generación. ¿Qué falla entonces para no tumbar directamente a sus rivales? Pues, en este caso, la mecánica. Entre la sofisticada gama de estreno (incluso con un moderno 1.2 TSI de 105 CV y cambio DSG de 7 relaciones) esperábamos mucho del bloque de nuevo desarrollo 1.6 TDI, nacido para reemplazar ya al 1.9 y 1.4 TDI, éste pronto superado también por la estrategia «downsizing» y el futuro 1.2 TDI.

Pero en esta versión básica de 75 CV de potencia no acaba de explotar. No por potencia, esperada para una movilidad razonable, ni por gran suavidad; de hecho cumple como versión de acceso que es. Pero sí por una artificial curva de rendimiento y unos desarrollos de cambio que le pesan como una losa. Primero, porque a su buen bajo régimen (entre 1.500-2.500 rpm, donde conviene moverlo siempre) le sigue un claro vacío. Es como si la electrónica (reglajes específicos, también de turbo e inyectores, para separarlo de sus variantes de 90 y 105 CV) cerrara repentinamente el grifo. Estrangulado, presenta de las peores aceleraciones de categoría.

Segundo, por desarrollos de transmisión un 30 por ciento más largos que el anterior VW Polo, y que sus rivales, e incluso ligeramente más abiertos que el antiguo Bluemotion… ¿Ecología sin etiqueta? Aceptablemente escalonados en sus tres primeras marchas, y por el agradable bajo régimen, este Polo 1.6 TDI se mueve con brío en ciudad y se lanza fácil en carretera. Eso sí, a partir de ahí poco adaptado a pedirle esfuerzos, ya que al motor, perezoso en la subida de vueltas, le cuesta arrastrar semejante cuarta y quinta velocidad, ésta de 53 km/h cada 1.000 rpm y que, de no ganar inercia, lleva ante cualquier frenada e intento de recuperación a bajar no una marcha, sino dos y tres para no quedarnos ahogados con gas a tabla. Imagínense a plena carga.

En prestaciones, el nuevo VW Polo 1.6 TDI empeora hasta en 4 segundos los adelantamientos de sus rivales (casi 20 segundos tarda en el 80-120 km/h en 5ª). Demasiado tiempo y, lástima, porque frente al anterior 3 cilindros mejora mucho en refinamiento (se acabó la elevada sonoridad y molestas vibraciones, ahora este TDI de lo más fino del segmento) y hasta en consumo (espectaculares 5,6 l/100 km de media, hasta 0,5 menos que el anterior 1.4 TDI y rivales).

En este sentido, por sólo 570 euros más, quizá en el nuevo VW Polo conviene optar al 1.6 TDI de 90 CV, igual de eficiente y muy contundente. Única nota agridulce, en definitiva, para un utilitario alto también de equipamiento (ESP, 8 airbags, luz de día, aire acondicionado o asistente de arranque en pendiente de serie), y precio. Y es que, exclusivo en su segmento, el Polo sigue siendo el Polo… pero ahora mucho mejor.

— Presentación y confort
— Espacio/funcionalidad
— Bajo consumo

— Desarrollos ultra-largos
— Capacidad para subir de vueltas
— Precio final

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