Volkswagen Beetle 2.0 TSI DSG

Si por hechuras y prestaciones el nuevo Beetle puede replicar al Golf, esta versión lo hace al GTI. Quizás al final puede que ni sea tan deportivo (lo dudo) ni tan funcional (no lo dudo) como el Golf, pero como coche icono... tú decides.
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Volkswagen Beetle 2.0 TSI DSG
Volkswagen Beetle 2.0 TSI DSG

Cuando Volkswagen decide a finales del siglo pasado rendir tributo al primer coche de su historia, no aparece la reinterpretación del "coche del pueblo", pero sí la reinterpretación de un diseño único, original y exclusivo como pocos ha dado la industria automovilística. Aquel New Beetle –presentado públicamente en el Salón del Automóvil de Detroit en 1998– se torna en un coche de capricho, un diseño condicionado, pero con el valor de su imagen como reclamo principal. Este nuevo Beetle (recuerda que ha perdido el adjetivo de New en su nombre comercial) mantiene el culto por ese diseño, pero tratando que interfiera menos sobre la practicidad, de manera que habitabilidad y ergonomía respondan a estándares más convencionales. Pero no por ello el Beetle quiere volver a ser el "coche del pueblo". Calidad percibida y carga tecnológica refinan aún más a un modelo, que sobre esta versión 2.0 TSi DSG, da incluso lugar a un elitista GTI.

Sus formas seguirán sien¬do para bien y para mal su argumento prin¬cipal. Su nueva imagen tiene mucho gancho, a mi particularmente me parece muchísi¬mo más atractivo que la anterior reinter¬pretación, y, además, ha ganado capacidad de maletero (de 230 a 340 litros -350 en el Scirocco y 410 en el Golf-, según nuestras mediciones) y altura en las plazas traseras (de 83 a 89 centímetros -90 en el Scirocco pero 96 en un Golf-), dos puntos que con¬dicionaban enormemente la practicidad del modelo anterior. Pero, en cualquier caso, el bonito portón sigue condicionando las for¬mas del maletero y obliga a tener cuidado al cerrarlo, porque las cabezas de los pasajeros quedan bajo la propia boca de carga (ojo con los chichones). También los dos pasajeros posteriores se encontrarán con un respaldo muy vertical y no mucho espacio para las piernas (según nuestras mediciones, cede de 77 a 66 centímetros -79 en Scirocco y Golf).

Al volante, nos encontramos un puesto de conducción muy cuidado; un precioso salpicadero igualmente de diseño "retromoderno", buenos elementos, mucho equipamiento (curiosamente no dispone de sensores de luz) y materiales que mejoran la calidad percibida del coche pero, como antes, todavía está condicionado por una silueta que repercute en una mala visibilidad del entorno y del propio perímetro de su singular carrocería. Claro que, ahora, no faltan en la lista de opciones ni avisadores acústicos ni cámara de marcha atrás para intentar dominar mejor el exterior. En definitiva, te encontrarás en un ambiente muy coupé, puertas sin marco incluido. O dicho de otra manera, en un ambiente interior más similar al que puedas encontrar en un Scirocco que en un Golf.

Ponerlo en marcha y empezar a conducirlo te lleva directamente a sentirlo como si de un Golf GTi se tratara. Compartir elementos de bastidor y mecánica es lo que tiene. Sobre las otras versiones, este 2.0 TFSi sustituye el básico eje torsional de la gama, por una estructura multibrazo tomada de anteriores Golf, por lo que geométricamente el tren posterior es algo más que un simple punto de apoyo. Este Beetle pisa con mucha firmeza, de auténtico coche deportivo, por lo que su comodidad se puede cuestionar en alguna circunstancia. En cambio, su pisada y guiados transmiten muchísima confianza para rodar muy rápido por cualquier tipo de trazado. Quizá no es tan "fino" bacheando como el Golf GTI actual, ni su tren delantero tan rápido a la insinuación de girar, pero sí lo hace todo con esa enorme facilidad que caracteriza al Golf, sin exigir una pericia especial al conductor. Dirección, apoyos y tracción (dispone del sistema XDS que emula un autoblocante que aporta más direccionalidad cuando aceleramos en curva) lo gestiona de maravilla.

Por nuestra parte, admitiríamos un duelo con el Golf y sólo en los tramos más revirados le exigiría al Beetle una dirección algo más directa, que pida menos 'volanteo'. Aunque por otra parte, esta configuración aporta mucha estabilidad lineal y despreocupación a velocidades elevadas en autopista... en un coche relativamente corto de batalla (4 centímetros menos que un Golf) y suspensiones, y muy, muy rápido.

No luce emblema GTI, pero presume de turbo por ambos costados. El Beetle toma el motor 2.0 TFSi, anunciando 200 CV frente a los 211 del actual mito deportivo. Asociado indisolublemente a la caja de cambios de doble embrague DSG de 6 velocidades, la unión no puede resultar mejor. Sus números de aceleración, con unos 1.000 metros soberbios, también defienden el rango de deportivo de este Beetle, como la preciosa acústica de escape intervenida por los histéricos cambios de marcha manual o automáticamente en subida y en reducción del DSG.

Independientemente de la deportividad que supone esta combinación, la abundancia de par y finura de funcionamiento del motor también suponen una agradable y todopoderosa opción. Todo su rango de giro, que acaba a 6.500 revoluciones, resulta plenamente operativo, con las 3.000 primeras dispuestas a mover siempre holgadamente al Beetle. Esta suave pero contundente conducción engancha por el agrado de uso, pero también recompensa porque sólo así seremos capaces de bajar de los 10 l/100 km de consumo, cuando recordamos que un Golf o Scirocco equivalentes resultaba más difícil superar esas cifra. Y entonces nos acordamos de que el coeficiente aerodinámico de una carrocería tan peculiar como la del Beetle no debe estar entre sus mejores atributos. Aquí los criterios son otros, y lo fundamental es hacer que la silueta del Beetle rinda culto al origen de Volkswagen.

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