Utilitarios de más de 100 CV

En esta interesante comparativa enfrentamos a cuatro utilitarios con motores Diesel entorno a los 100 CV. Sus tamaños, mayores que en anteriores generaciones, no sólo permiten desplazarse en ciudad, sino también realizar largos recorridos con confort y economía.
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Utilitarios de más de 100 CV
Utilitarios de más de 100 CV

En esta comparativa nos encontramos con cuatro tetracilíndricos similares, con distinta cilindrada y potencia. Cada uno tiene su propio carácter, más diferenciado de lo que podría parecer a priori. El Corsa está propulsado por un 1,7 litros de 125 CV. Este motor no podemos decir que sea de última generación, pero ha ido actualizándose conforme han pasado los años para incrementar su eficiencia. En el Corsa se combina con un cambio manual de cinco relaciones, de manejo correcto, aunque con una sexta de desarrollo demasiado largo, si circulamos a 110 ó 120 km/h por autopistas habitualmente, puesto que ante cualquier repecho nos veremos en la obligación de reducir a quinta para seguir manteniendo el ritmo. Lo que menos nos ha gustado de este propulsor ha sido su pobre respuesta a bajo régimen, concretamente por debajo de las 2.000 rpm. Salir desde parado obliga a estirar la primera por encima de esta cifra, sobre todo si iniciamos la marcha con algo de pendiente. Por el contrario, a medio y alto régimen funciona perfectamente siendo de los que mejores prestaciones ha registrado. Lástima de esas primeras 1.000 vueltas.

El cuatro cilindros del Ibiza es de sobra conocido. Ya son pocos los modelos que lo siguen montando con 130 CV, aunque sí lo hacen en variantes más “descafeinadas” como, por ejemplo, el 1.9 TDI del Audi A4 con 115 CV. Es un motor bastante rabioso, con un empuje contundente desde poco régimen. Con el cambio de seis relaciones combina perfectamente y permite unos ritmos elevados en cualquier tipo de conducción. De todos los aquí presentes es el de mayor cilindrada y, consecuentemente, el de los consumos más elevados. También echamos en falta en este propulsor algo más de refinamiento. De tacto es de los menos agradables –muchos lo verán como el más deportivo- y la sonoridad no es de las más contenidas. El tacto del cambio es correcto, si bien el pomo tiene un diseño poco ergonómico, aunque muy vistoso.

De todos los motores aquí probados, el del Peugeot es uno de los que más agradable nos ha resultado, por suavidad y refinamiento. Es el de concepción más moderna, realizado íntegramente en aluminio. Es suave y progresivo desde bajo régimen, con un rendimiento suficiente. Precisamente éste es, quizás, el punto más criticable del cuatro cilindros del 207. Con 109 CV oficiales –poco más que el Clio- y siendo el único con un cambio de cinco relaciones, en prestaciones no puede hacer frente al Ibiza o al Corsa. No corre tanto, ni tiene el mismo tirón, pero para estos modelos, la progresividad y suavidad de marcha nos parecen, incluso, más valorables que las prestaciones puras.

Muy similares son las sensaciones que transmite el Clio. El propulsor de menor cilindrada compensa su déficit de par con unos desarrollos más cortos que la competencia y con un cambio de seis relaciones, una solución que, probablemente, aplicada en el 207 hubiera optimizado ligeramente sus prestaciones. En cualquier caso, el Clio es, en conjunto, el más agradable de los cuatro, tanto por la suavidad de marcha, como por el compromiso logrado entre el propulsor y el bastidor. Una de sus mejores bazas es la economía de uso, con un consumo medio en conducción relajada en recorridos largos por carretera, que apenas alcanza los 6 l/100 km. En los cuatro casos podemos decir que estamos ante modelos capaces de combinar perfectamente movilidad urbana y largos desplazamientos por carretera, no sólo por consumos y autonomía, sino también por prestaciones.

En esta comparativa nos encontramos con cuatro tetracilíndricos similares, con distinta cilindrada y potencia. Cada uno tiene su propio carácter, más diferenciado de lo que podría parecer a priori. El Corsa está propulsado por un 1,7 litros de 125 CV. Este motor no podemos decir que sea de última generación, pero ha ido actualizándose conforme han pasado los años para incrementar su eficiencia. En el Corsa se combina con un cambio manual de cinco relaciones, de manejo correcto, aunque con una sexta de desarrollo demasiado largo, si circulamos a 110 ó 120 km/h por autopistas habitualmente, puesto que ante cualquier repecho nos veremos en la obligación de reducir a quinta para seguir manteniendo el ritmo. Lo que menos nos ha gustado de este propulsor ha sido su pobre respuesta a bajo régimen, concretamente por debajo de las 2.000 rpm. Salir desde parado obliga a estirar la primera por encima de esta cifra, sobre todo si iniciamos la marcha con algo de pendiente. Por el contrario, a medio y alto régimen funciona perfectamente siendo de los que mejores prestaciones ha registrado. Lástima de esas primeras 1.000 vueltas.

El cuatro cilindros del Ibiza es de sobra conocido. Ya son pocos los modelos que lo siguen montando con 130 CV, aunque sí lo hacen en variantes más “descafeinadas” como, por ejemplo, el 1.9 TDI del Audi A4 con 115 CV. Es un motor bastante rabioso, con un empuje contundente desde poco régimen. Con el cambio de seis relaciones combina perfectamente y permite unos ritmos elevados en cualquier tipo de conducción. De todos los aquí presentes es el de mayor cilindrada y, consecuentemente, el de los consumos más elevados. También echamos en falta en este propulsor algo más de refinamiento. De tacto es de los menos agradables –muchos lo verán como el más deportivo- y la sonoridad no es de las más contenidas. El tacto del cambio es correcto, si bien el pomo tiene un diseño poco ergonómico, aunque muy vistoso.

De todos los motores aquí probados, el del Peugeot es uno de los que más agradable nos ha resultado, por suavidad y refinamiento. Es el de concepción más moderna, realizado íntegramente en aluminio. Es suave y progresivo desde bajo régimen, con un rendimiento suficiente. Precisamente éste es, quizás, el punto más criticable del cuatro cilindros del 207. Con 109 CV oficiales –poco más que el Clio- y siendo el único con un cambio de cinco relaciones, en prestaciones no puede hacer frente al Ibiza o al Corsa. No corre tanto, ni tiene el mismo tirón, pero para estos modelos, la progresividad y suavidad de marcha nos parecen, incluso, más valorables que las prestaciones puras.

Muy similares son las sensaciones que transmite el Clio. El propulsor de menor cilindrada compensa su déficit de par con unos desarrollos más cortos que la competencia y con un cambio de seis relaciones, una solución que, probablemente, aplicada en el 207 hubiera optimizado ligeramente sus prestaciones. En cualquier caso, el Clio es, en conjunto, el más agradable de los cuatro, tanto por la suavidad de marcha, como por el compromiso logrado entre el propulsor y el bastidor. Una de sus mejores bazas es la economía de uso, con un consumo medio en conducción relajada en recorridos largos por carretera, que apenas alcanza los 6 l/100 km. En los cuatro casos podemos decir que estamos ante modelos capaces de combinar perfectamente movilidad urbana y largos desplazamientos por carretera, no sólo por consumos y autonomía, sino también por prestaciones.

En esta comparativa nos encontramos con cuatro tetracilíndricos similares, con distinta cilindrada y potencia. Cada uno tiene su propio carácter, más diferenciado de lo que podría parecer a priori. El Corsa está propulsado por un 1,7 litros de 125 CV. Este motor no podemos decir que sea de última generación, pero ha ido actualizándose conforme han pasado los años para incrementar su eficiencia. En el Corsa se combina con un cambio manual de cinco relaciones, de manejo correcto, aunque con una sexta de desarrollo demasiado largo, si circulamos a 110 ó 120 km/h por autopistas habitualmente, puesto que ante cualquier repecho nos veremos en la obligación de reducir a quinta para seguir manteniendo el ritmo. Lo que menos nos ha gustado de este propulsor ha sido su pobre respuesta a bajo régimen, concretamente por debajo de las 2.000 rpm. Salir desde parado obliga a estirar la primera por encima de esta cifra, sobre todo si iniciamos la marcha con algo de pendiente. Por el contrario, a medio y alto régimen funciona perfectamente siendo de los que mejores prestaciones ha registrado. Lástima de esas primeras 1.000 vueltas.

El cuatro cilindros del Ibiza es de sobra conocido. Ya son pocos los modelos que lo siguen montando con 130 CV, aunque sí lo hacen en variantes más “descafeinadas” como, por ejemplo, el 1.9 TDI del Audi A4 con 115 CV. Es un motor bastante rabioso, con un empuje contundente desde poco régimen. Con el cambio de seis relaciones combina perfectamente y permite unos ritmos elevados en cualquier tipo de conducción. De todos los aquí presentes es el de mayor cilindrada y, consecuentemente, el de los consumos más elevados. También echamos en falta en este propulsor algo más de refinamiento. De tacto es de los menos agradables –muchos lo verán como el más deportivo- y la sonoridad no es de las más contenidas. El tacto del cambio es correcto, si bien el pomo tiene un diseño poco ergonómico, aunque muy vistoso.

De todos los motores aquí probados, el del Peugeot es uno de los que más agradable nos ha resultado, por suavidad y refinamiento. Es el de concepción más moderna, realizado íntegramente en aluminio. Es suave y progresivo desde bajo régimen, con un rendimiento suficiente. Precisamente éste es, quizás, el punto más criticable del cuatro cilindros del 207. Con 109 CV oficiales –poco más que el Clio- y siendo el único con un cambio de cinco relaciones, en prestaciones no puede hacer frente al Ibiza o al Corsa. No corre tanto, ni tiene el mismo tirón, pero para estos modelos, la progresividad y suavidad de marcha nos parecen, incluso, más valorables que las prestaciones puras.

Muy similares son las sensaciones que transmite el Clio. El propulsor de menor cilindrada compensa su déficit de par con unos desarrollos más cortos que la competencia y con un cambio de seis relaciones, una solución que, probablemente, aplicada en el 207 hubiera optimizado ligeramente sus prestaciones. En cualquier caso, el Clio es, en conjunto, el más agradable de los cuatro, tanto por la suavidad de marcha, como por el compromiso logrado entre el propulsor y el bastidor. Una de sus mejores bazas es la economía de uso, con un consumo medio en conducción relajada en recorridos largos por carretera, que apenas alcanza los 6 l/100 km. En los cuatro casos podemos decir que estamos ante modelos capaces de combinar perfectamente movilidad urbana y largos desplazamientos por carretera, no sólo por consumos y autonomía, sino también por prestaciones.

En esta comparativa nos encontramos con cuatro tetracilíndricos similares, con distinta cilindrada y potencia. Cada uno tiene su propio carácter, más diferenciado de lo que podría parecer a priori. El Corsa está propulsado por un 1,7 litros de 125 CV. Este motor no podemos decir que sea de última generación, pero ha ido actualizándose conforme han pasado los años para incrementar su eficiencia. En el Corsa se combina con un cambio manual de cinco relaciones, de manejo correcto, aunque con una sexta de desarrollo demasiado largo, si circulamos a 110 ó 120 km/h por autopistas habitualmente, puesto que ante cualquier repecho nos veremos en la obligación de reducir a quinta para seguir manteniendo el ritmo. Lo que menos nos ha gustado de este propulsor ha sido su pobre respuesta a bajo régimen, concretamente por debajo de las 2.000 rpm. Salir desde parado obliga a estirar la primera por encima de esta cifra, sobre todo si iniciamos la marcha con algo de pendiente. Por el contrario, a medio y alto régimen funciona perfectamente siendo de los que mejores prestaciones ha registrado. Lástima de esas primeras 1.000 vueltas.

El cuatro cilindros del Ibiza es de sobra conocido. Ya son pocos los modelos que lo siguen montando con 130 CV, aunque sí lo hacen en variantes más “descafeinadas” como, por ejemplo, el 1.9 TDI del Audi A4 con 115 CV. Es un motor bastante rabioso, con un empuje contundente desde poco régimen. Con el cambio de seis relaciones combina perfectamente y permite unos ritmos elevados en cualquier tipo de conducción. De todos los aquí presentes es el de mayor cilindrada y, consecuentemente, el de los consumos más elevados. También echamos en falta en este propulsor algo más de refinamiento. De tacto es de los menos agradables –muchos lo verán como el más deportivo- y la sonoridad no es de las más contenidas. El tacto del cambio es correcto, si bien el pomo tiene un diseño poco ergonómico, aunque muy vistoso.

De todos los motores aquí probados, el del Peugeot es uno de los que más agradable nos ha resultado, por suavidad y refinamiento. Es el de concepción más moderna, realizado íntegramente en aluminio. Es suave y progresivo desde bajo régimen, con un rendimiento suficiente. Precisamente éste es, quizás, el punto más criticable del cuatro cilindros del 207. Con 109 CV oficiales –poco más que el Clio- y siendo el único con un cambio de cinco relaciones, en prestaciones no puede hacer frente al Ibiza o al Corsa. No corre tanto, ni tiene el mismo tirón, pero para estos modelos, la progresividad y suavidad de marcha nos parecen, incluso, más valorables que las prestaciones puras.

Muy similares son las sensaciones que transmite el Clio. El propulsor de menor cilindrada compensa su déficit de par con unos desarrollos más cortos que la competencia y con un cambio de seis relaciones, una solución que, probablemente, aplicada en el 207 hubiera optimizado ligeramente sus prestaciones. En cualquier caso, el Clio es, en conjunto, el más agradable de los cuatro, tanto por la suavidad de marcha, como por el compromiso logrado entre el propulsor y el bastidor. Una de sus mejores bazas es la economía de uso, con un consumo medio en conducción relajada en recorridos largos por carretera, que apenas alcanza los 6 l/100 km. En los cuatro casos podemos decir que estamos ante modelos capaces de combinar perfectamente movilidad urbana y largos desplazamientos por carretera, no sólo por consumos y autonomía, sino también por prestaciones.

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