Toyota RAV4 2.2 D4-D Sol

A lo largo de los últimos meses hemos asistido a la renovación de casi todos los todo terrenos ligeros de gama media. El Toyota RAV4, uno de los referentes de esta pujante categoría, ha sido uno de los últimos en ponerse al día. Lo probamos con el interesante motor 2.2 D4-D para analizar los cambios y determinar en qué medida ha mejorado el coche.
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Toyota RAV4 2.2 D4-D Sol
Toyota RAV4 2.2 D4-D Sol

Para la primera prueba de la nueva generación del RAV4 hemos elegido el conocido, y contrastado, motor 2.2 D-4D de 136 CV. Esta mecánica, respetada por su solvencia y buen rendimiento, se ajusta bastante bien a las condiciones del RAV4.
Sometido al escrutinio del banco de rodillos, el D4-D ha exprimido sus 136 CV hasta convertirlos en casi 140, una cifra interesante que se deja notar bajo el acelerador. No son los 150 que da esta mecánica con el Avensis, pero se bastan para mover con alegría al RAV4.

Ofrece buen empuje a pocas revoluciones, justo lo que el coche necesita para defenderse un poco mejor en el campo, y, después, tiene carácter para estirarse con rapidez y empujar por encima de las 3.500 vueltas, nivel al que todavía mantiene un aceptable par de 25,2 mkg (el máximo, 33,16 mkg, lo alcanza a 2.500 vueltas exactamente). Eso sí, a partir de 4.000, el motor no tiene ya nada que decir.

Manejado con una agradable y bien elegida caja de cambios de seis relaciones, el motor firma un consumo de 7,5 litros a los 100 km, una buena marca para un coche que pesa 1.655 kg y que tiene la envergadura que tiene.
Al volante, es un motor muy cómodo de utilizar, progresivo, noble, sin una gran patada, pero con fuerza de sobra. Lo que menos nos ha gustado es que hace más ruido de lo que esperábamos y eso se deja notar en el habitáculo.

La citada caja de cambios pone en relación al conductor con la nueva transmisión del RAV4, muy sofisticada y de interesante funcionamiento. Toyota ha decidido relevar al antiguo diferencial central de acoplamiento viscoso y, en su lugar, ha instalado un nuevo acople electrónico que, de partida, reparte el par en un 55/45, con preeminencia del eje delantero. Después, a mucha velocidad, el trabajo es casi todo para ese mismo eje delantero, pero, despacio y sobre terreno resbaladizo, puede ser completamente al revés.
El sistema funciona muy bien y, además, con un mando, el conductor puede bloquear el reparto en el 55/45, de forma que el coche sea tracción total de manera permanente. Eso sí: a más de 40 km/h, la electrónica recupera el control y vuelve a decidir qué par es el mejor en cada eje.
Estrechamente vinculado con el control de tracción, este dispositivo electrónico tiene en cuenta la información de aquél para “echarle una mano” eligiendo el mejor reparto de par cuando hay que neutralizar algún deslizamiento excesivo.
Aunque no es una tracción integral a la vieja usanza, esta transmisión es más que suficiente para superar terrenos complicados, como zonas nevadas. No es lo más adecuado para el trial y las grandes dificultades, claro, pero tampoco este coche está para esas batallas.

La gran ventaja de estos todo terrenos de última generación es que ruedan de maravilla sobre asfalto. Ayudados por sus chasis monocasco y sus suspensiones de tarados más bien blandos, los SUV resultan grandes viajeros. Ruedan con facilidad, aislando muy bien a unos ocupantes que, sentados a una altura considerable, disfrutan de viajes la mar de agradables.

El RAV4 reproduce este patrón con alguna variante que, en nuestra opinión, sirve para mejorar el resultado final. Así, el coche de Toyota no tiene unas suspensiones tan blandas como algunos de sus rivales, con lo que el comportamiento es más interesante. El RAV4 demuestra gran seguridad en las curvas largas de las autovías, donde no se deja llevar por ninguna inercia y rueda tan bien como cualquier berlina media.
Fuera de las carreteras de primer orden, cuando llegan las curvas, esa mayor firmeza de la suspensión permite que el coche gire con más estabilidad y aplomo. Esto abre la posibilidad de practicar una conducción más ágil, de corte más deportivo, en la que colabora su ejemplar dirección eléctrica. Sin embargo, no hay que olvidar qué coche llevamos. A la larga, las masas imponen su ley y, a pesar de que no hay grandes oscilaciones de carrocería ni excesivos vicios, acaba apareciendo un claro subviraje que nos obligará a levantar el pie en las curvas.

Los frenos, por su parte, no son de lo mejor. Se muestran resistentes, pero no muy poderosos. Las cifras de frenado registradas por nuestro Centro Técnico son poco destacables: desde 140 km/h, han hecho falta casi 82 metros para detenerlo… Además, el tacto es muy poco fino.

Para acabar de conocer el comportamiento del RAV4 es obligatorio salir del asfalto y adentrarse en el campo. En este terreno, el 4x4 de Toyota manifiesta lo mejor y lo peor de sus condiciones.

Lo mejor es el buen trabajo que realiza sobre pistas y caminos en más o menos buen estado. Ahí, sobre la tierra, el RAV4 brilla sobremanera. Rápido, muy ágil, capaz de tragarse cualquier bache u obstáculo sin que apenas lleguen molestias al habitáculo… Un coche para divertirse conduciendo ligero por los caminos, para jugar y, cómo no, para llegar bastante lejos por el monte. Desde luego, hace honor al nombre que se les ha dado a los SUV en España: todocaminos.

En cambio, también es aquí donde muestra lo peor de sí mismo. Lo hace cuando intentamos sortear obstáculos de gran dificultad o alguna zona de características trialeras. Entonces, los cortos recorridos de suspensión y la ausencia de reductora y, sobre todo, de bloqueo del diferencial trasero harán que el coche se quede atrás. El paso de zanjas, vados, barrizales, las pendientes muy fuertes, los grandes descensos, los cruces de puentes… Todas estas maniobras se complican por culpa de las carencias mecánicas de los SUV y, claro, del RAV4.

Y eso que el Toyota disfruta de unas interesantes cotas 4x4, con una buena altura libre al suelo y generosos ángulos de ataque y salida, pero eso no es suficiente bagaje para ser un todo terreno de verdad. Ni siquiera el buen rendimiento del motor puede suplir la ausencia de la reductora cuando las cosas se ponen realmente complicadas.

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p> Pero, claro, el cliente tipo de estos coches no es un aventurero que busca el 4x4 extremo. Tampoco lo compra para trabajar con él todo el tiempo en el monte. El conductor de un RAV4 quiere un coche que le lleve a todas partes, que sea cómodo y ágil en la carretera y lo suficientemente audaz como para darse algo más que un paseo por el campo.
Si nos atenemos a estas necesidades, el RAV4 es, otra vez, un vehículo idóneo, una referencia para el todo terreno ligero.

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