Toyota RAV4 2.2 D4-D Sol

A lo largo de los últimos meses hemos asistido a la renovación de casi todos los todo terrenos ligeros de gama media. El Toyota RAV4, uno de los referentes de esta pujante categoría, ha sido uno de los últimos en ponerse al día. Lo probamos con el interesante motor 2.2 D4-D para analizar los cambios y determinar en qué medida ha mejorado el coche.
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Toyota RAV4 2.2 D4-D Sol
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=52576&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Toyota RAV4

A estas alturas, con el segmento de los todo terrenos creciendo a ritmos de dos dígitos por mes, ya es una obviedad decir que estos coches están de moda. Quizá no lo sea tanto reconocer el papel que han tenido modelos como el RAV4 en este auge del 4x4 llamado “light”.
Desde su lanzamiento, el atractivo todo terreno japonés ha constituido un referente por diseño, practicidad, agilidad en el campo y confort en la carretera. Quizá por eso, Toyota se ha pensado con calma la renovación del coche. Al fin, nos llega el turno de subirnos al nuevo RAV4 y comprobar cómo ha mejorado el concepto.
Mantiene el esquema de tracción integral permanente, aunque el diferencial central viscoso ha dado paso a un dispositivo electrónico que reparte el par. También mantiene la gama de mecánicas, de la que hemos seleccionado el 2.2 D4-D de 136 CV, una máquina turbodiésel que ha demostrado sobradamente su valía. En cambio, el coche es ahora más grande, más ancho, más confortable y mucho más moderno en cuestión de acabados y equipamiento.

El mensaje está claro: la base era lo suficientemente buena como para no tener que cambiar nada fundamental de la idea original. Lo demás se ha mejorado.

De todos los todo terrenos ligeros que se han renovado últimamente, probablemente sea el RAV 4 el que más ha avanzado en términos de estética. Con más tamaño en todos los sentidos, los diseñadores han trabajado en una imagen que combina rasgos típicos de los 4x4, como la fornida zaga del coche (con la rueda de repuesto colgada), con elementos más propios de los compactos: el aguzado y deportivo frontal. Al tiempo, introducen señales que hablan de una berlina, como el destierro de la carrocería de cinco puertas, que ya no se utilizará en esta nueva etapa.

En el interior, la misma mezcla: posición de los pasajeros típica de 4x4, cotas de berlina y detalles de habitabilidad y confort propios de un monovolumen. También hay mejora en lo que se refiere a materiales y acabados, que brillan a buena altura. Hay algunos aciertos, como la guantera de apertura deslizante o los asientos traseros, que siguen siendo desplazables y regulables, y, además, una de las plazas es independiente. Y, claro, también hay algún fallo, como la incomprensible situación del botón de “warning”, que está lejísimos del conductor…

Al volante, la postura es inmejorable por natural y cómoda. El volante, de pequeño diámetro, permite un manejo propio de un turismo deportivo, rápido y eficaz, lejos de los grandes y pesados volantes que montan habitualmente los 4x4. Sin embargo, la sujeción lateral que ofrecen los asientos no es gran cosa. Eso sí: son muy confortables.

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p> Mención aparte merece el maletero, que ha crecido hasta los 475 litros de capacidad. Además, liberado de la rueda de repuesto (colgada de la puerta), el maletero incluye un amplio doble fondo en el que cabe mucha carga. Tal vez lo peor sea el portón, de apertura hacia la derecha, lo cual siempre es un tanto incómodo, y bastante pesado.

También el equipamiento ha crecido en esta nueva etapa. La dotación de serie dispone de elementos como los controles de estabilidad, tracción y crucero, o una completa lista de airbags delanteros, laterales y de rodillas. Además, el apartado de confort cuenta con climatizador de doble zona y equipo de sonido con mandos en el volante y cargador de CD. Lo único que echamos en falta es la presencia de un ordenador de viaje: los datos que aporta el coche son muy pocos y siempre es de agradecer una mayor cantidad de información.
Si se quiere ampliar esta dotación, se puede montar el navegador, que cuesta 3.300 euros, o también el techo practicable, que sale por 800 euros. El conjunto no está mal, pero se nos antoja que 31.100 euros es un precio demasiado alto para un coche de estas carácterísticas.

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A estas alturas, con el segmento de los todo terrenos creciendo a ritmos de dos dígitos por mes, ya es una obviedad decir que estos coches están de moda. Quizá no lo sea tanto reconocer el papel que han tenido modelos como el RAV4 en este auge del 4x4 llamado “light”.
Desde su lanzamiento, el atractivo todo terreno japonés ha constituido un referente por diseño, practicidad, agilidad en el campo y confort en la carretera. Quizá por eso, Toyota se ha pensado con calma la renovación del coche. Al fin, nos llega el turno de subirnos al nuevo RAV4 y comprobar cómo ha mejorado el concepto.
Mantiene el esquema de tracción integral permanente, aunque el diferencial central viscoso ha dado paso a un dispositivo electrónico que reparte el par. También mantiene la gama de mecánicas, de la que hemos seleccionado el 2.2 D4-D de 136 CV, una máquina turbodiésel que ha demostrado sobradamente su valía. En cambio, el coche es ahora más grande, más ancho, más confortable y mucho más moderno en cuestión de acabados y equipamiento.

El mensaje está claro: la base era lo suficientemente buena como para no tener que cambiar nada fundamental de la idea original. Lo demás se ha mejorado.

De todos los todo terrenos ligeros que se han renovado últimamente, probablemente sea el RAV 4 el que más ha avanzado en términos de estética. Con más tamaño en todos los sentidos, los diseñadores han trabajado en una imagen que combina rasgos típicos de los 4x4, como la fornida zaga del coche (con la rueda de repuesto colgada), con elementos más propios de los compactos: el aguzado y deportivo frontal. Al tiempo, introducen señales que hablan de una berlina, como el destierro de la carrocería de cinco puertas, que ya no se utilizará en esta nueva etapa.

En el interior, la misma mezcla: posición de los pasajeros típica de 4x4, cotas de berlina y detalles de habitabilidad y confort propios de un monovolumen. También hay mejora en lo que se refiere a materiales y acabados, que brillan a buena altura. Hay algunos aciertos, como la guantera de apertura deslizante o los asientos traseros, que siguen siendo desplazables y regulables, y, además, una de las plazas es independiente. Y, claro, también hay algún fallo, como la incomprensible situación del botón de “warning”, que está lejísimos del conductor…

Al volante, la postura es inmejorable por natural y cómoda. El volante, de pequeño diámetro, permite un manejo propio de un turismo deportivo, rápido y eficaz, lejos de los grandes y pesados volantes que montan habitualmente los 4x4. Sin embargo, la sujeción lateral que ofrecen los asientos no es gran cosa. Eso sí: son muy confortables.

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p> Mención aparte merece el maletero, que ha crecido hasta los 475 litros de capacidad. Además, liberado de la rueda de repuesto (colgada de la puerta), el maletero incluye un amplio doble fondo en el que cabe mucha carga. Tal vez lo peor sea el portón, de apertura hacia la derecha, lo cual siempre es un tanto incómodo, y bastante pesado.

También el equipamiento ha crecido en esta nueva etapa. La dotación de serie dispone de elementos como los controles de estabilidad, tracción y crucero, o una completa lista de airbags delanteros, laterales y de rodillas. Además, el apartado de confort cuenta con climatizador de doble zona y equipo de sonido con mandos en el volante y cargador de CD. Lo único que echamos en falta es la presencia de un ordenador de viaje: los datos que aporta el coche son muy pocos y siempre es de agradecer una mayor cantidad de información.
Si se quiere ampliar esta dotación, se puede montar el navegador, que cuesta 3.300 euros, o también el techo practicable, que sale por 800 euros. El conjunto no está mal, pero se nos antoja que 31.100 euros es un precio demasiado alto para un coche de estas carácterísticas.

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