Toyota RAV-4 2.0 Sol 3p

El nuevo RAV-4 nos ofrece todo un manual sobre el “saber estar”: se desenvuelve bien en las pistas, lo hace aún mejor en carretera y sus virtudes también se aprecian en la ciudad. Unos mínimos retoques exteriores y un interior que apuesta por el lujo y la versatilidad hacen de este particular todo terreno un maestro en el arte de adaptarse a cualquier situación.
Autopista -
Toyota RAV-4 2.0 Sol 3p
Toyota RAV-4 2.0 Sol 3p

Aunque es algo más voluminoso que el RAV-4, el HR-V también hace gala de una agilidad razonable y es el único rival, junto al Freelander, que ofrece una carrocería con tres puertas. Sus prestaciones son muy parecidas a las del Toyota, si bien cuenta con una cilindrada y una potencia menor (125 CV). Su equipamiento básico -el punto débil de la mayoría de los Honda- no es muy generoso y, a pesar de incluir la tracción a las cuatro ruedas, no tiene, ni siquiera como opción, el control de estabilidad.

La versión intermedia de esta gama aún resulta más barata que el RAV-4 objeto de nuestra prueba. Aquí sí estamos ante un motor similar al del Toyota (y hay que tener en cuenta que las mecánicas Honda son justamente alabadas por todos), que desarrolla la misma potencia y, sobre el papel, iguala sus prestaciones, pese al mayor peso y a las dimensiones superiores del CR-V. Es una opción muy recomendable para aquellos que necesiten algo más de espacio.

Las medidas del Freelander (el único rival occidental del modelo nipón) lo hacen más habitable que el Toyota, pero hay que tener en cuenta que su agilidad quedará lastrada, debido a su mayor peso e inferior potencia. Además, su motor es más pequeño que el del RAV-4, la tracción total no es desconectable y tampoco tiene control de estabilidad. Para conseguir este Land Rover habrá que abonar un precio de 27.000 euros; si estamos dispuestos a desembolsar 1.400 más, conduciremos una versión con 177 CV y unas prestaciones bastante respetables. Eso sí, la mecánica estará ligada, irremisiblemente, a un cambio automático, lo que puede desanimar a los que quieran disfrutar de las sensaciones al volante.

El también musculoso Outlander resulta bastante manejable en ciudad –a pesar de sus dimensiones- y no defraudará a aquellos que deseen hacer largas rutas por carreteras mal asfaltadas o pistas medianamente rotas. Su habitáculo es cómodo y la posición de conducción, algo más alta que en el RAV-4, facilitará cualquier maniobra.

Posiblemente, estamos ante el mayor rival del RAV-4. Para empezar, este modelo sí cuenta con tracción total conectable (aunque el control de estabilidad hay que pagarlo aparte). Es más barato que el Toyota y está arropado por todo el prestigio que Nissan ha otorgado a sus todo terreno. El comprador decide, pues hay que tener en cuenta que este SUV es más grande y pesado que el RAV-4, por lo que su agilidad en carretera quedará limitada.

Aunque es algo más voluminoso que el RAV-4, el HR-V también hace gala de una agilidad razonable y es el único rival, junto al Freelander, que ofrece una carrocería con tres puertas. Sus prestaciones son muy parecidas a las del Toyota, si bien cuenta con una cilindrada y una potencia menor (125 CV). Su equipamiento básico -el punto débil de la mayoría de los Honda- no es muy generoso y, a pesar de incluir la tracción a las cuatro ruedas, no tiene, ni siquiera como opción, el control de estabilidad.

La versión intermedia de esta gama aún resulta más barata que el RAV-4 objeto de nuestra prueba. Aquí sí estamos ante un motor similar al del Toyota (y hay que tener en cuenta que las mecánicas Honda son justamente alabadas por todos), que desarrolla la misma potencia y, sobre el papel, iguala sus prestaciones, pese al mayor peso y a las dimensiones superiores del CR-V. Es una opción muy recomendable para aquellos que necesiten algo más de espacio.

Las medidas del Freelander (el único rival occidental del modelo nipón) lo hacen más habitable que el Toyota, pero hay que tener en cuenta que su agilidad quedará lastrada, debido a su mayor peso e inferior potencia. Además, su motor es más pequeño que el del RAV-4, la tracción total no es desconectable y tampoco tiene control de estabilidad. Para conseguir este Land Rover habrá que abonar un precio de 27.000 euros; si estamos dispuestos a desembolsar 1.400 más, conduciremos una versión con 177 CV y unas prestaciones bastante respetables. Eso sí, la mecánica estará ligada, irremisiblemente, a un cambio automático, lo que puede desanimar a los que quieran disfrutar de las sensaciones al volante.

El también musculoso Outlander resulta bastante manejable en ciudad –a pesar de sus dimensiones- y no defraudará a aquellos que deseen hacer largas rutas por carreteras mal asfaltadas o pistas medianamente rotas. Su habitáculo es cómodo y la posición de conducción, algo más alta que en el RAV-4, facilitará cualquier maniobra.

Posiblemente, estamos ante el mayor rival del RAV-4. Para empezar, este modelo sí cuenta con tracción total conectable (aunque el control de estabilidad hay que pagarlo aparte). Es más barato que el Toyota y está arropado por todo el prestigio que Nissan ha otorgado a sus todo terreno. El comprador decide, pues hay que tener en cuenta que este SUV es más grande y pesado que el RAV-4, por lo que su agilidad en carretera quedará limitada.

Aunque es algo más voluminoso que el RAV-4, el HR-V también hace gala de una agilidad razonable y es el único rival, junto al Freelander, que ofrece una carrocería con tres puertas. Sus prestaciones son muy parecidas a las del Toyota, si bien cuenta con una cilindrada y una potencia menor (125 CV). Su equipamiento básico -el punto débil de la mayoría de los Honda- no es muy generoso y, a pesar de incluir la tracción a las cuatro ruedas, no tiene, ni siquiera como opción, el control de estabilidad.

La versión intermedia de esta gama aún resulta más barata que el RAV-4 objeto de nuestra prueba. Aquí sí estamos ante un motor similar al del Toyota (y hay que tener en cuenta que las mecánicas Honda son justamente alabadas por todos), que desarrolla la misma potencia y, sobre el papel, iguala sus prestaciones, pese al mayor peso y a las dimensiones superiores del CR-V. Es una opción muy recomendable para aquellos que necesiten algo más de espacio.

Las medidas del Freelander (el único rival occidental del modelo nipón) lo hacen más habitable que el Toyota, pero hay que tener en cuenta que su agilidad quedará lastrada, debido a su mayor peso e inferior potencia. Además, su motor es más pequeño que el del RAV-4, la tracción total no es desconectable y tampoco tiene control de estabilidad. Para conseguir este Land Rover habrá que abonar un precio de 27.000 euros; si estamos dispuestos a desembolsar 1.400 más, conduciremos una versión con 177 CV y unas prestaciones bastante respetables. Eso sí, la mecánica estará ligada, irremisiblemente, a un cambio automático, lo que puede desanimar a los que quieran disfrutar de las sensaciones al volante.

El también musculoso Outlander resulta bastante manejable en ciudad –a pesar de sus dimensiones- y no defraudará a aquellos que deseen hacer largas rutas por carreteras mal asfaltadas o pistas medianamente rotas. Su habitáculo es cómodo y la posición de conducción, algo más alta que en el RAV-4, facilitará cualquier maniobra.

Posiblemente, estamos ante el mayor rival del RAV-4. Para empezar, este modelo sí cuenta con tracción total conectable (aunque el control de estabilidad hay que pagarlo aparte). Es más barato que el Toyota y está arropado por todo el prestigio que Nissan ha otorgado a sus todo terreno. El comprador decide, pues hay que tener en cuenta que este SUV es más grande y pesado que el RAV-4, por lo que su agilidad en carretera quedará limitada.

Aunque es algo más voluminoso que el RAV-4, el HR-V también hace gala de una agilidad razonable y es el único rival, junto al Freelander, que ofrece una carrocería con tres puertas. Sus prestaciones son muy parecidas a las del Toyota, si bien cuenta con una cilindrada y una potencia menor (125 CV). Su equipamiento básico -el punto débil de la mayoría de los Honda- no es muy generoso y, a pesar de incluir la tracción a las cuatro ruedas, no tiene, ni siquiera como opción, el control de estabilidad.

La versión intermedia de esta gama aún resulta más barata que el RAV-4 objeto de nuestra prueba. Aquí sí estamos ante un motor similar al del Toyota (y hay que tener en cuenta que las mecánicas Honda son justamente alabadas por todos), que desarrolla la misma potencia y, sobre el papel, iguala sus prestaciones, pese al mayor peso y a las dimensiones superiores del CR-V. Es una opción muy recomendable para aquellos que necesiten algo más de espacio.

Las medidas del Freelander (el único rival occidental del modelo nipón) lo hacen más habitable que el Toyota, pero hay que tener en cuenta que su agilidad quedará lastrada, debido a su mayor peso e inferior potencia. Además, su motor es más pequeño que el del RAV-4, la tracción total no es desconectable y tampoco tiene control de estabilidad. Para conseguir este Land Rover habrá que abonar un precio de 27.000 euros; si estamos dispuestos a desembolsar 1.400 más, conduciremos una versión con 177 CV y unas prestaciones bastante respetables. Eso sí, la mecánica estará ligada, irremisiblemente, a un cambio automático, lo que puede desanimar a los que quieran disfrutar de las sensaciones al volante.

El también musculoso Outlander resulta bastante manejable en ciudad –a pesar de sus dimensiones- y no defraudará a aquellos que deseen hacer largas rutas por carreteras mal asfaltadas o pistas medianamente rotas. Su habitáculo es cómodo y la posición de conducción, algo más alta que en el RAV-4, facilitará cualquier maniobra.

Posiblemente, estamos ante el mayor rival del RAV-4. Para empezar, este modelo sí cuenta con tracción total conectable (aunque el control de estabilidad hay que pagarlo aparte). Es más barato que el Toyota y está arropado por todo el prestigio que Nissan ha otorgado a sus todo terreno. El comprador decide, pues hay que tener en cuenta que este SUV es más grande y pesado que el RAV-4, por lo que su agilidad en carretera quedará limitada.

Aunque es algo más voluminoso que el RAV-4, el HR-V también hace gala de una agilidad razonable y es el único rival, junto al Freelander, que ofrece una carrocería con tres puertas. Sus prestaciones son muy parecidas a las del Toyota, si bien cuenta con una cilindrada y una potencia menor (125 CV). Su equipamiento básico -el punto débil de la mayoría de los Honda- no es muy generoso y, a pesar de incluir la tracción a las cuatro ruedas, no tiene, ni siquiera como opción, el control de estabilidad.

La versión intermedia de esta gama aún resulta más barata que el RAV-4 objeto de nuestra prueba. Aquí sí estamos ante un motor similar al del Toyota (y hay que tener en cuenta que las mecánicas Honda son justamente alabadas por todos), que desarrolla la misma potencia y, sobre el papel, iguala sus prestaciones, pese al mayor peso y a las dimensiones superiores del CR-V. Es una opción muy recomendable para aquellos que necesiten algo más de espacio.

Las medidas del Freelander (el único rival occidental del modelo nipón) lo hacen más habitable que el Toyota, pero hay que tener en cuenta que su agilidad quedará lastrada, debido a su mayor peso e inferior potencia. Además, su motor es más pequeño que el del RAV-4, la tracción total no es desconectable y tampoco tiene control de estabilidad. Para conseguir este Land Rover habrá que abonar un precio de 27.000 euros; si estamos dispuestos a desembolsar 1.400 más, conduciremos una versión con 177 CV y unas prestaciones bastante respetables. Eso sí, la mecánica estará ligada, irremisiblemente, a un cambio automático, lo que puede desanimar a los que quieran disfrutar de las sensaciones al volante.

El también musculoso Outlander resulta bastante manejable en ciudad –a pesar de sus dimensiones- y no defraudará a aquellos que deseen hacer largas rutas por carreteras mal asfaltadas o pistas medianamente rotas. Su habitáculo es cómodo y la posición de conducción, algo más alta que en el RAV-4, facilitará cualquier maniobra.

Posiblemente, estamos ante el mayor rival del RAV-4. Para empezar, este modelo sí cuenta con tracción total conectable (aunque el control de estabilidad hay que pagarlo aparte). Es más barato que el Toyota y está arropado por todo el prestigio que Nissan ha otorgado a sus todo terreno. El comprador decide, pues hay que tener en cuenta que este SUV es más grande y pesado que el RAV-4, por lo que su agilidad en carretera quedará limitada.

Aunque es algo más voluminoso que el RAV-4, el HR-V también hace gala de una agilidad razonable y es el único rival, junto al Freelander, que ofrece una carrocería con tres puertas. Sus prestaciones son muy parecidas a las del Toyota, si bien cuenta con una cilindrada y una potencia menor (125 CV). Su equipamiento básico -el punto débil de la mayoría de los Honda- no es muy generoso y, a pesar de incluir la tracción a las cuatro ruedas, no tiene, ni siquiera como opción, el control de estabilidad.

La versión intermedia de esta gama aún resulta más barata que el RAV-4 objeto de nuestra prueba. Aquí sí estamos ante un motor similar al del Toyota (y hay que tener en cuenta que las mecánicas Honda son justamente alabadas por todos), que desarrolla la misma potencia y, sobre el papel, iguala sus prestaciones, pese al mayor peso y a las dimensiones superiores del CR-V. Es una opción muy recomendable para aquellos que necesiten algo más de espacio.

Las medidas del Freelander (el único rival occidental del modelo nipón) lo hacen más habitable que el Toyota, pero hay que tener en cuenta que su agilidad quedará lastrada, debido a su mayor peso e inferior potencia. Además, su motor es más pequeño que el del RAV-4, la tracción total no es desconectable y tampoco tiene control de estabilidad. Para conseguir este Land Rover habrá que abonar un precio de 27.000 euros; si estamos dispuestos a desembolsar 1.400 más, conduciremos una versión con 177 CV y unas prestaciones bastante respetables. Eso sí, la mecánica estará ligada, irremisiblemente, a un cambio automático, lo que puede desanimar a los que quieran disfrutar de las sensaciones al volante.

El también musculoso Outlander resulta bastante manejable en ciudad –a pesar de sus dimensiones- y no defraudará a aquellos que deseen hacer largas rutas por carreteras mal asfaltadas o pistas medianamente rotas. Su habitáculo es cómodo y la posición de conducción, algo más alta que en el RAV-4, facilitará cualquier maniobra.

Posiblemente, estamos ante el mayor rival del RAV-4. Para empezar, este modelo sí cuenta con tracción total conectable (aunque el control de estabilidad hay que pagarlo aparte). Es más barato que el Toyota y está arropado por todo el prestigio que Nissan ha otorgado a sus todo terreno. El comprador decide, pues hay que tener en cuenta que este SUV es más grande y pesado que el RAV-4, por lo que su agilidad en carretera quedará limitada.

Galería relacionada

Toyota RAV 4

Historias
LOS MEJORES VÍDEOS
Te recomendamos

Contar con un neumático todo tiempo como el Bridgestone Weather Control A005 te garan...

SYM se ha consolidado como una de las referencias en el mundo del scooter en nuestro ...

El retrato más personal que encontrarás de mítico piloto Ayrton Senna, con hasta 25 h...

SEAT, Autopista y el Máster en Styling y Diseño de la Universidad Politécnica de Vale...

Hablar del MINI Countryman Híbrido Enchufable es hablar de un SUV camaleónico, que aú...

Casi todo cuanto imaginas se puede comprar con dinero, menos tu tiempo, pero MINI te ...