Toyota Verso 2.0 D-4D 126 CV

Aunque también está disponible con sólo 5 asientos, los monovolúmenes compactos de 7 plazas son una opción cada vez más valorada por su dosis extra de versatilidad. El Verso destaca por una altura contenida, algo que aporta frescura a su diseño sin restarle habitabilidad.
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Toyota Verso 2.0 D-4D 126 CV
Toyota Verso 2.0 D-4D 126 CV

Por ahora, y no sólo por consumo sino también por valor de reventa, lo ideal para un monovolumen siguen siendo las motorizaciones Diesel. Dentro de la gama Toyota Verso hay dos posibilidades mecánicas que emplean este tipo de combustible, el 2.2 D-4D de 150 CV, únicamente disponible con cambio automático de convertidor de par, y el 2.0 D-4D de 126 CV que nos ocupa, seguramente la opción que mayor número de ventas acumule en nuestro país. Sus 4,44 metros de longitud le sitúan en pleno centro del segmento de los monovolúmenes compactos con siete plazas, entre los que se encuentran el precursor Opel Zafira, el Citroën Grand C4 Picasso, el Kia Carens, el Mazda5, el Renault Grand Scénic y el Volkswagen Touran, el único de este grupo cuya longitud es menor que la del Toyota Verso.

Aunque su diseño es bastante continuista respecto a su antecesor, el Toyota Verso dispone de mayor batalla (18 cm), longitud (19 cm) y anchura (9,5 cm) que el Toyota Corolla Verso, modelo al que sustituye. La altura no ha cambiado, pero las nuevas proporciones transmiten una mayor sensación de dinamismo y una apariencia más deportiva, sobre todo visto de perfil. Por fuera se ha estilizado su figura y lo mismo ocurre en el interior, con un diseño limpio, de aspecto moderno y atractivo que combina cromados y superficies de plástico mullido y duro con terminaciones en tela, siempre en negro y tonos grises, aparentemente resistentes a la suciedad y al trato intensivo que tendrá que soportar su habitáculo. Una de sus principales señas de identidad es el cuadro de instrumentos central, que cuenta con indicador de cambio de marcha para ayudarnos a ahorrar combustible. Los relojes son de fácil lectura, pero se echa de menos el termómetro de agua, suplantado por un testigo azul que se enciende cuando el motor está frío. A la derecha del velocímetro se encuentran el ordenador de viaje y un avisador de cinturones abrochados que nos informa del estado de las cinco plazas traseras.

A pesar de no contar con reglaje lumbar, los asientos son cómodos y la postura de conducción, idónea. El volante se regula en altura y distancia, y la palanca de cambios, situada en una posición elevada sobre la consola, queda muy a mano. Los mandos son precisos y están bien dispuestos para poder disfrutar de la agradable conducción que proporciona el Toyota Verso, en el que destaca la comodidad de suspensiones. No obstante, el límite dinámico es muy alto para tratarse de un monovolumen y en todo momento, incluso a ritmos rápidos por zonas viradas, transmite mucha confianza, a pesar de que la dirección está bastante asistida. El comportamiento es eficaz y muy seguro, con un tren trasero inamovible para evitarnos cualquier sobresalto, algo que convierte al Toyota Verso en un coche ligeramente subvirador en curvas medias-lentas si el asfalto no es excesivamente adherente. En cualquier caso, el control de estabilidad de serie evita llegar a situaciones complicadas. Los frenos, por su parte, aguantan bien la fatiga y responden con contundencia en caso necesario.

El motor 2.0 D-4D está plenamente acorde con el planteamiento del Toyota Verso. Su funcionamiento es progresivo y refinado, además, el generoso par que hay disponible desde muy pocas vueltas evita en muchas ocasiones tener que recurrir al manejo del cambio manual de 6 marchas para insertar una marcha inferior. Su potencia permite un nivel de prestaciones más que resolutivo, pero lo que más llama la atención son las parcas cifras de consumo obtenidas. Puestos a buscarle algún defecto, la sonoridad por encima de 100 km/h es algo más perceptible de lo que nos gustaría, pero no supone un problema significativo.

El apartado de la modularidad del Toyota Verso también queda muy bien resuelto. Las plazas delanteras son espaciosas y en las de la fila central hay mucha anchura disponible. Los asientos de la 3ª fila, en cambio, son algo más pequeños que el resto. Estas plazas están destinadas fundamentalmente a niños, no por altura, que está dentro de lo razonable, sino por el reducido margen para las piernas. Para poder albergar a dos adultos con suficiente comodidad hay que desplazar casi completamente hacia delante la segunda fila de asientos, de modo que queda inutilizada, a no ser que todos los que viajen en ella sean niños, en cuyo caso no habrá problemas. Para acceder a la 3ª fila no hay demasiada complicación: los asientos exteriores de la 2ª fila se adelantan, al tiempo que su respaldo se inclina hacia delante, dejando libre una zona de paso holgada. Por otra parte, las banquetas traseras se escamotean bajo el piso casi sin esfuerzo y sin necesidad de retirar los reposacabezas, con lo que el maletero pasa de 140 a 470 dm3 (650 dm3 con la 2ª fila adelantada). Al plegar todos los asientos el interior se transforma en una superficie de carga completamente plana y de formas regulares. Un detalle muy práctico es que bajo el maletero, en el mismo hueco de 70 dm3 en el que va ubicado el kit reparapinchazos, se puede guardar la bandeja cubre equipajes.

Como ocurre habitualmente en los modelos de Toyota, la política de opciones es bastante cerrada. En este caso, con el acabado superior Advance, prácticamente todo es de serie. Los únicos extras disponibles son la pintura metalizada, el techo panorámico, las barras para el techo —incompatibles si éste es de cristal— y un paquete conjunto que incluye navegador con disco duro y faros de Xenon, no pudiendo adquirirlos por separado. Además, si se opta por este pack, es obligatorio incorporar techo panorámico, es decir, que en total sumaremos 3.200 euros a la factura final. A nuestro juicio, lo mejor es prescindir del pack, pues la luz de cruce que ofrece no nos ha parecido del todo satisfactoria debido al corto alcance de su haz.

Respecto al navegador, en su pantalla táctil de 7" se ven las imágenes de la cámara de marcha atrás —de serie—, que, de no incorporar este elemento, se visualizan a menor tamaño en el espejo retrovisor interior. Echamos de menos la cámara de visión delantera de su antecesor, muy útil para poder ver el entorno en cruces sin visibilidad o a la salida de garajes con sólo asomar el morro ligeramente. Hablando de garajes, la ayuda de arranque en rampa no es automática, sino que se conecta hundiendo casi hasta el fondo el pedal de freno justo antes de comenzar la marcha; de este modo, es el conductor quien decide el momento adecuado para hacer uso de los dos segundos como máximo que el sistema mantiene el coche frenado, tiempo durante el cual permanece una luz de aviso encendida en el salpicadero. A buen seguro que un freno de estacionamiento eléctrico habría sido más valorado por los futuros clientes del modelo. Otros elementos de serie que también se agradecen son: entrada auxiliar de audio, puerto USB, Bluetooth, acceso y arranque sin llave, sensor de lluvia, faros automáticos, retrovisor fotocromático, alarma y control de crucero. Todo un arsenal de equipamiento que hace aún más placentera la utilización cotidiana del Toyota Verso, que se posiciona como uno de los monovolúmenes de referencia del momento.

— Agrado de uso
— Equipamiento de serie
— Calidad percibida

— Habitabilidad con 7 pasajeros
— Política de opciones
— Sin rueda de repuesto

Por ahora, y no sólo por consumo sino también por valor de reventa, lo ideal para un monovolumen siguen siendo las motorizaciones Diesel. Dentro de la gama Toyota Verso hay dos posibilidades mecánicas que emplean este tipo de combustible, el 2.2 D-4D de 150 CV, únicamente disponible con cambio automático de convertidor de par, y el 2.0 D-4D de 126 CV que nos ocupa, seguramente la opción que mayor número de ventas acumule en nuestro país. Sus 4,44 metros de longitud le sitúan en pleno centro del segmento de los monovolúmenes compactos con siete plazas, entre los que se encuentran el precursor Opel Zafira, el Citroën Grand C4 Picasso, el Kia Carens, el Mazda5, el Renault Grand Scénic y el Volkswagen Touran, el único de este grupo cuya longitud es menor que la del Toyota Verso.

Aunque su diseño es bastante continuista respecto a su antecesor, el Toyota Verso dispone de mayor batalla (18 cm), longitud (19 cm) y anchura (9,5 cm) que el Toyota Corolla Verso, modelo al que sustituye. La altura no ha cambiado, pero las nuevas proporciones transmiten una mayor sensación de dinamismo y una apariencia más deportiva, sobre todo visto de perfil. Por fuera se ha estilizado su figura y lo mismo ocurre en el interior, con un diseño limpio, de aspecto moderno y atractivo que combina cromados y superficies de plástico mullido y duro con terminaciones en tela, siempre en negro y tonos grises, aparentemente resistentes a la suciedad y al trato intensivo que tendrá que soportar su habitáculo. Una de sus principales señas de identidad es el cuadro de instrumentos central, que cuenta con indicador de cambio de marcha para ayudarnos a ahorrar combustible. Los relojes son de fácil lectura, pero se echa de menos el termómetro de agua, suplantado por un testigo azul que se enciende cuando el motor está frío. A la derecha del velocímetro se encuentran el ordenador de viaje y un avisador de cinturones abrochados que nos informa del estado de las cinco plazas traseras.

A pesar de no contar con reglaje lumbar, los asientos son cómodos y la postura de conducción, idónea. El volante se regula en altura y distancia, y la palanca de cambios, situada en una posición elevada sobre la consola, queda muy a mano. Los mandos son precisos y están bien dispuestos para poder disfrutar de la agradable conducción que proporciona el Toyota Verso, en el que destaca la comodidad de suspensiones. No obstante, el límite dinámico es muy alto para tratarse de un monovolumen y en todo momento, incluso a ritmos rápidos por zonas viradas, transmite mucha confianza, a pesar de que la dirección está bastante asistida. El comportamiento es eficaz y muy seguro, con un tren trasero inamovible para evitarnos cualquier sobresalto, algo que convierte al Toyota Verso en un coche ligeramente subvirador en curvas medias-lentas si el asfalto no es excesivamente adherente. En cualquier caso, el control de estabilidad de serie evita llegar a situaciones complicadas. Los frenos, por su parte, aguantan bien la fatiga y responden con contundencia en caso necesario.

El motor 2.0 D-4D está plenamente acorde con el planteamiento del Toyota Verso. Su funcionamiento es progresivo y refinado, además, el generoso par que hay disponible desde muy pocas vueltas evita en muchas ocasiones tener que recurrir al manejo del cambio manual de 6 marchas para insertar una marcha inferior. Su potencia permite un nivel de prestaciones más que resolutivo, pero lo que más llama la atención son las parcas cifras de consumo obtenidas. Puestos a buscarle algún defecto, la sonoridad por encima de 100 km/h es algo más perceptible de lo que nos gustaría, pero no supone un problema significativo.

El apartado de la modularidad del Toyota Verso también queda muy bien resuelto. Las plazas delanteras son espaciosas y en las de la fila central hay mucha anchura disponible. Los asientos de la 3ª fila, en cambio, son algo más pequeños que el resto. Estas plazas están destinadas fundamentalmente a niños, no por altura, que está dentro de lo razonable, sino por el reducido margen para las piernas. Para poder albergar a dos adultos con suficiente comodidad hay que desplazar casi completamente hacia delante la segunda fila de asientos, de modo que queda inutilizada, a no ser que todos los que viajen en ella sean niños, en cuyo caso no habrá problemas. Para acceder a la 3ª fila no hay demasiada complicación: los asientos exteriores de la 2ª fila se adelantan, al tiempo que su respaldo se inclina hacia delante, dejando libre una zona de paso holgada. Por otra parte, las banquetas traseras se escamotean bajo el piso casi sin esfuerzo y sin necesidad de retirar los reposacabezas, con lo que el maletero pasa de 140 a 470 dm3 (650 dm3 con la 2ª fila adelantada). Al plegar todos los asientos el interior se transforma en una superficie de carga completamente plana y de formas regulares. Un detalle muy práctico es que bajo el maletero, en el mismo hueco de 70 dm3 en el que va ubicado el kit reparapinchazos, se puede guardar la bandeja cubre equipajes.

Como ocurre habitualmente en los modelos de Toyota, la política de opciones es bastante cerrada. En este caso, con el acabado superior Advance, prácticamente todo es de serie. Los únicos extras disponibles son la pintura metalizada, el techo panorámico, las barras para el techo —incompatibles si éste es de cristal— y un paquete conjunto que incluye navegador con disco duro y faros de Xenon, no pudiendo adquirirlos por separado. Además, si se opta por este pack, es obligatorio incorporar techo panorámico, es decir, que en total sumaremos 3.200 euros a la factura final. A nuestro juicio, lo mejor es prescindir del pack, pues la luz de cruce que ofrece no nos ha parecido del todo satisfactoria debido al corto alcance de su haz.

Respecto al navegador, en su pantalla táctil de 7" se ven las imágenes de la cámara de marcha atrás —de serie—, que, de no incorporar este elemento, se visualizan a menor tamaño en el espejo retrovisor interior. Echamos de menos la cámara de visión delantera de su antecesor, muy útil para poder ver el entorno en cruces sin visibilidad o a la salida de garajes con sólo asomar el morro ligeramente. Hablando de garajes, la ayuda de arranque en rampa no es automática, sino que se conecta hundiendo casi hasta el fondo el pedal de freno justo antes de comenzar la marcha; de este modo, es el conductor quien decide el momento adecuado para hacer uso de los dos segundos como máximo que el sistema mantiene el coche frenado, tiempo durante el cual permanece una luz de aviso encendida en el salpicadero. A buen seguro que un freno de estacionamiento eléctrico habría sido más valorado por los futuros clientes del modelo. Otros elementos de serie que también se agradecen son: entrada auxiliar de audio, puerto USB, Bluetooth, acceso y arranque sin llave, sensor de lluvia, faros automáticos, retrovisor fotocromático, alarma y control de crucero. Todo un arsenal de equipamiento que hace aún más placentera la utilización cotidiana del Toyota Verso, que se posiciona como uno de los monovolúmenes de referencia del momento.

— Agrado de uso
— Equipamiento de serie
— Calidad percibida

— Habitabilidad con 7 pasajeros
— Política de opciones
— Sin rueda de repuesto

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