Toyota RAV4

El Toyota RAV4 fue uno de los precursores del segmento de los todo caminos allá por 1994 y, ahora, doce años después se presenta la tercera generación con el objetivo claro de ofrecer un producto más refinado, más dinámico y más seguro que pueda rivalizar con el referente de prestigio del segmento, el BMW X3.
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Toyota RAV4
Toyota RAV4

El segmento de los todo terrenos está viviendo una muy buena época en lo que respecta a ventas, y las marcas, conscientes de ello, han apostado por él con el lanzamiento de nuevos y atractivos vehículos. En ese clima de dura competencia, Toyota ha considerado imprescindible renovar su todo camino estrella, el RAV4, con un cambio generacional.

Los argumentos con los que se expresa este nuevo RAV4 son muy poderosos y están orientados a un público menos campero y más elitista. Desde su nacimiento, en 1994, este modelo nunca ha sido un todo terreno de los llamados puros, pues era alérgico a los terrenos demasiado complicados y se encontraba más cómodo tanto en pistas de tierra como en carretera.

Ahora siguen sin gustarle las trialeras, pero ha mejorado su comportamiento en vías convencionales. Su conducta en este apartado es muy similar a la de un turismo, con unas suspensiones que sujetan con firmeza la carrocería y proporcionan unas sensaciones de control muy satisfactorias. No hay que esperar torpeza ni inercias demasiado pronunciadas, pues no las hay.

En este sentido cobra especial protagonismo el rediseño de las suspensiones. La suspensión de la parte delantera, de tipo McPherson, es completamente nueva y en ella se ha trabajado para reducir los pesos, cambiar la geometría y reducir la altura del centro de balanceo. La trasera, de triángulo doble independiente, se ha hecho más rígida para contener el movimiento lateral de la carrocería. El objetivo, dotar de mayor estabilidad al conjunto, evitar en lo posible el balanceo y no perder comodidad.

El RAV4 incorpora tracción a las cuatro ruedas tutelada de manera electrónica y continua. Se ha eliminado el diferencial central convencional y ha sido sustituido por unos sensores electrónicos que controlan la información que proporcionan varios elementos del coche (velocidad del motor, ángulo de dirección y par, entre otros) y cambian constantemente entre el modo de tracción a las cuatro y el de dos ruedas motrices.

Hay tres momentos “clave” en este reparto. Al arrancar, el sistema distribuye el par entre las ruedas delanteras y traseras en una relación de hasta 55:45 (eje delantero/trasero); durante la marcha convencional la distribución de par puede variar entre 100:0 y 55:45, aunque mayoritariamente se opta por dotar de mayor fuerza al tren delantero para reducir el consumo (ya que el eje trasero no recibe energía); el último momento es cuando el conductor elige la opción de bloquear la transferencia de par y dejarlo en una relación 55:45. Esto se realiza a través de un botón en el salpicadero y permite compensar pérdidas de tracción en terrenos off road. A partir de 40 km/h se pone fin al bloqueo y el sistema vuelve a funcionar de manera automática.

El agrado de conducción y la seguridad están unidos a través del nuevo Sistema Integrado de Conducción Activa, que hace que trabajen juntas varias tecnologías que habitualmente actúan individualmente. Los dispositivos que lo componen son: el Sistema de control activo de par 4WD (que te acabamos de explicar), el control de estabilidad (VSC) y la dirección asistida eléctrica.

En la práctica, este sistema facilita mantener la trayectoria del vehículo en una aceleración o frenada en superficie deslizante o con diferentes grados de agarre y controla el subviraje y el sobreviraje. Esto se realiza a través de determinadas actuaciones: se manda más o menos par a la rueda que lo necesita, sea del eje delantero o trasero; frena de manera independiente las ruedas apropiadas para ceñirse a la trayectoria; aplica mayor asistencia a la dirección para ayudar al conductor a corregir el ángulo de giro y regula la potencia del motor.

Además, el RAV4 incorpora el control de asistencia al arranque en pendientes (HAC), que facilita esta maniobra en pendientes o sobre piso deslizante. Al contrario que en otros modelos, este dispositivo no funciona de manera automática, sino que es el conductor el que lo activa pisando de manera más firme el freno. Es entonces cuando el sistema se activa –se alerta al conductor a través de un avisador acústico y un testigo luminoso- y “sujeta” durante dos segundos el vehículo e impide que el coche caiga hacia atrás. Las versiones automáticas también cuentan con control de asistencia para el descenso de pendientes.

El segmento de los todo terrenos está viviendo una muy buena época en lo que respecta a ventas, y las marcas, conscientes de ello, han apostado por él con el lanzamiento de nuevos y atractivos vehículos. En ese clima de dura competencia, Toyota ha considerado imprescindible renovar su todo camino estrella, el RAV4, con un cambio generacional.

Los argumentos con los que se expresa este nuevo RAV4 son muy poderosos y están orientados a un público menos campero y más elitista. Desde su nacimiento, en 1994, este modelo nunca ha sido un todo terreno de los llamados puros, pues era alérgico a los terrenos demasiado complicados y se encontraba más cómodo tanto en pistas de tierra como en carretera.

Ahora siguen sin gustarle las trialeras, pero ha mejorado su comportamiento en vías convencionales. Su conducta en este apartado es muy similar a la de un turismo, con unas suspensiones que sujetan con firmeza la carrocería y proporcionan unas sensaciones de control muy satisfactorias. No hay que esperar torpeza ni inercias demasiado pronunciadas, pues no las hay.

En este sentido cobra especial protagonismo el rediseño de las suspensiones. La suspensión de la parte delantera, de tipo McPherson, es completamente nueva y en ella se ha trabajado para reducir los pesos, cambiar la geometría y reducir la altura del centro de balanceo. La trasera, de triángulo doble independiente, se ha hecho más rígida para contener el movimiento lateral de la carrocería. El objetivo, dotar de mayor estabilidad al conjunto, evitar en lo posible el balanceo y no perder comodidad.

El RAV4 incorpora tracción a las cuatro ruedas tutelada de manera electrónica y continua. Se ha eliminado el diferencial central convencional y ha sido sustituido por unos sensores electrónicos que controlan la información que proporcionan varios elementos del coche (velocidad del motor, ángulo de dirección y par, entre otros) y cambian constantemente entre el modo de tracción a las cuatro y el de dos ruedas motrices.

Hay tres momentos “clave” en este reparto. Al arrancar, el sistema distribuye el par entre las ruedas delanteras y traseras en una relación de hasta 55:45 (eje delantero/trasero); durante la marcha convencional la distribución de par puede variar entre 100:0 y 55:45, aunque mayoritariamente se opta por dotar de mayor fuerza al tren delantero para reducir el consumo (ya que el eje trasero no recibe energía); el último momento es cuando el conductor elige la opción de bloquear la transferencia de par y dejarlo en una relación 55:45. Esto se realiza a través de un botón en el salpicadero y permite compensar pérdidas de tracción en terrenos off road. A partir de 40 km/h se pone fin al bloqueo y el sistema vuelve a funcionar de manera automática.

El agrado de conducción y la seguridad están unidos a través del nuevo Sistema Integrado de Conducción Activa, que hace que trabajen juntas varias tecnologías que habitualmente actúan individualmente. Los dispositivos que lo componen son: el Sistema de control activo de par 4WD (que te acabamos de explicar), el control de estabilidad (VSC) y la dirección asistida eléctrica.

En la práctica, este sistema facilita mantener la trayectoria del vehículo en una aceleración o frenada en superficie deslizante o con diferentes grados de agarre y controla el subviraje y el sobreviraje. Esto se realiza a través de determinadas actuaciones: se manda más o menos par a la rueda que lo necesita, sea del eje delantero o trasero; frena de manera independiente las ruedas apropiadas para ceñirse a la trayectoria; aplica mayor asistencia a la dirección para ayudar al conductor a corregir el ángulo de giro y regula la potencia del motor.

Además, el RAV4 incorpora el control de asistencia al arranque en pendientes (HAC), que facilita esta maniobra en pendientes o sobre piso deslizante. Al contrario que en otros modelos, este dispositivo no funciona de manera automática, sino que es el conductor el que lo activa pisando de manera más firme el freno. Es entonces cuando el sistema se activa –se alerta al conductor a través de un avisador acústico y un testigo luminoso- y “sujeta” durante dos segundos el vehículo e impide que el coche caiga hacia atrás. Las versiones automáticas también cuentan con control de asistencia para el descenso de pendientes.

El segmento de los todo terrenos está viviendo una muy buena época en lo que respecta a ventas, y las marcas, conscientes de ello, han apostado por él con el lanzamiento de nuevos y atractivos vehículos. En ese clima de dura competencia, Toyota ha considerado imprescindible renovar su todo camino estrella, el RAV4, con un cambio generacional.

Los argumentos con los que se expresa este nuevo RAV4 son muy poderosos y están orientados a un público menos campero y más elitista. Desde su nacimiento, en 1994, este modelo nunca ha sido un todo terreno de los llamados puros, pues era alérgico a los terrenos demasiado complicados y se encontraba más cómodo tanto en pistas de tierra como en carretera.

Ahora siguen sin gustarle las trialeras, pero ha mejorado su comportamiento en vías convencionales. Su conducta en este apartado es muy similar a la de un turismo, con unas suspensiones que sujetan con firmeza la carrocería y proporcionan unas sensaciones de control muy satisfactorias. No hay que esperar torpeza ni inercias demasiado pronunciadas, pues no las hay.

En este sentido cobra especial protagonismo el rediseño de las suspensiones. La suspensión de la parte delantera, de tipo McPherson, es completamente nueva y en ella se ha trabajado para reducir los pesos, cambiar la geometría y reducir la altura del centro de balanceo. La trasera, de triángulo doble independiente, se ha hecho más rígida para contener el movimiento lateral de la carrocería. El objetivo, dotar de mayor estabilidad al conjunto, evitar en lo posible el balanceo y no perder comodidad.

El RAV4 incorpora tracción a las cuatro ruedas tutelada de manera electrónica y continua. Se ha eliminado el diferencial central convencional y ha sido sustituido por unos sensores electrónicos que controlan la información que proporcionan varios elementos del coche (velocidad del motor, ángulo de dirección y par, entre otros) y cambian constantemente entre el modo de tracción a las cuatro y el de dos ruedas motrices.

Hay tres momentos “clave” en este reparto. Al arrancar, el sistema distribuye el par entre las ruedas delanteras y traseras en una relación de hasta 55:45 (eje delantero/trasero); durante la marcha convencional la distribución de par puede variar entre 100:0 y 55:45, aunque mayoritariamente se opta por dotar de mayor fuerza al tren delantero para reducir el consumo (ya que el eje trasero no recibe energía); el último momento es cuando el conductor elige la opción de bloquear la transferencia de par y dejarlo en una relación 55:45. Esto se realiza a través de un botón en el salpicadero y permite compensar pérdidas de tracción en terrenos off road. A partir de 40 km/h se pone fin al bloqueo y el sistema vuelve a funcionar de manera automática.

El agrado de conducción y la seguridad están unidos a través del nuevo Sistema Integrado de Conducción Activa, que hace que trabajen juntas varias tecnologías que habitualmente actúan individualmente. Los dispositivos que lo componen son: el Sistema de control activo de par 4WD (que te acabamos de explicar), el control de estabilidad (VSC) y la dirección asistida eléctrica.

En la práctica, este sistema facilita mantener la trayectoria del vehículo en una aceleración o frenada en superficie deslizante o con diferentes grados de agarre y controla el subviraje y el sobreviraje. Esto se realiza a través de determinadas actuaciones: se manda más o menos par a la rueda que lo necesita, sea del eje delantero o trasero; frena de manera independiente las ruedas apropiadas para ceñirse a la trayectoria; aplica mayor asistencia a la dirección para ayudar al conductor a corregir el ángulo de giro y regula la potencia del motor.

Además, el RAV4 incorpora el control de asistencia al arranque en pendientes (HAC), que facilita esta maniobra en pendientes o sobre piso deslizante. Al contrario que en otros modelos, este dispositivo no funciona de manera automática, sino que es el conductor el que lo activa pisando de manera más firme el freno. Es entonces cuando el sistema se activa –se alerta al conductor a través de un avisador acústico y un testigo luminoso- y “sujeta” durante dos segundos el vehículo e impide que el coche caiga hacia atrás. Las versiones automáticas también cuentan con control de asistencia para el descenso de pendientes.

El segmento de los todo terrenos está viviendo una muy buena época en lo que respecta a ventas, y las marcas, conscientes de ello, han apostado por él con el lanzamiento de nuevos y atractivos vehículos. En ese clima de dura competencia, Toyota ha considerado imprescindible renovar su todo camino estrella, el RAV4, con un cambio generacional.

Los argumentos con los que se expresa este nuevo RAV4 son muy poderosos y están orientados a un público menos campero y más elitista. Desde su nacimiento, en 1994, este modelo nunca ha sido un todo terreno de los llamados puros, pues era alérgico a los terrenos demasiado complicados y se encontraba más cómodo tanto en pistas de tierra como en carretera.

Ahora siguen sin gustarle las trialeras, pero ha mejorado su comportamiento en vías convencionales. Su conducta en este apartado es muy similar a la de un turismo, con unas suspensiones que sujetan con firmeza la carrocería y proporcionan unas sensaciones de control muy satisfactorias. No hay que esperar torpeza ni inercias demasiado pronunciadas, pues no las hay.

En este sentido cobra especial protagonismo el rediseño de las suspensiones. La suspensión de la parte delantera, de tipo McPherson, es completamente nueva y en ella se ha trabajado para reducir los pesos, cambiar la geometría y reducir la altura del centro de balanceo. La trasera, de triángulo doble independiente, se ha hecho más rígida para contener el movimiento lateral de la carrocería. El objetivo, dotar de mayor estabilidad al conjunto, evitar en lo posible el balanceo y no perder comodidad.

El RAV4 incorpora tracción a las cuatro ruedas tutelada de manera electrónica y continua. Se ha eliminado el diferencial central convencional y ha sido sustituido por unos sensores electrónicos que controlan la información que proporcionan varios elementos del coche (velocidad del motor, ángulo de dirección y par, entre otros) y cambian constantemente entre el modo de tracción a las cuatro y el de dos ruedas motrices.

Hay tres momentos “clave” en este reparto. Al arrancar, el sistema distribuye el par entre las ruedas delanteras y traseras en una relación de hasta 55:45 (eje delantero/trasero); durante la marcha convencional la distribución de par puede variar entre 100:0 y 55:45, aunque mayoritariamente se opta por dotar de mayor fuerza al tren delantero para reducir el consumo (ya que el eje trasero no recibe energía); el último momento es cuando el conductor elige la opción de bloquear la transferencia de par y dejarlo en una relación 55:45. Esto se realiza a través de un botón en el salpicadero y permite compensar pérdidas de tracción en terrenos off road. A partir de 40 km/h se pone fin al bloqueo y el sistema vuelve a funcionar de manera automática.

El agrado de conducción y la seguridad están unidos a través del nuevo Sistema Integrado de Conducción Activa, que hace que trabajen juntas varias tecnologías que habitualmente actúan individualmente. Los dispositivos que lo componen son: el Sistema de control activo de par 4WD (que te acabamos de explicar), el control de estabilidad (VSC) y la dirección asistida eléctrica.

En la práctica, este sistema facilita mantener la trayectoria del vehículo en una aceleración o frenada en superficie deslizante o con diferentes grados de agarre y controla el subviraje y el sobreviraje. Esto se realiza a través de determinadas actuaciones: se manda más o menos par a la rueda que lo necesita, sea del eje delantero o trasero; frena de manera independiente las ruedas apropiadas para ceñirse a la trayectoria; aplica mayor asistencia a la dirección para ayudar al conductor a corregir el ángulo de giro y regula la potencia del motor.

Además, el RAV4 incorpora el control de asistencia al arranque en pendientes (HAC), que facilita esta maniobra en pendientes o sobre piso deslizante. Al contrario que en otros modelos, este dispositivo no funciona de manera automática, sino que es el conductor el que lo activa pisando de manera más firme el freno. Es entonces cuando el sistema se activa –se alerta al conductor a través de un avisador acústico y un testigo luminoso- y “sujeta” durante dos segundos el vehículo e impide que el coche caiga hacia atrás. Las versiones automáticas también cuentan con control de asistencia para el descenso de pendientes.

El segmento de los todo terrenos está viviendo una muy buena época en lo que respecta a ventas, y las marcas, conscientes de ello, han apostado por él con el lanzamiento de nuevos y atractivos vehículos. En ese clima de dura competencia, Toyota ha considerado imprescindible renovar su todo camino estrella, el RAV4, con un cambio generacional.

Los argumentos con los que se expresa este nuevo RAV4 son muy poderosos y están orientados a un público menos campero y más elitista. Desde su nacimiento, en 1994, este modelo nunca ha sido un todo terreno de los llamados puros, pues era alérgico a los terrenos demasiado complicados y se encontraba más cómodo tanto en pistas de tierra como en carretera.

Ahora siguen sin gustarle las trialeras, pero ha mejorado su comportamiento en vías convencionales. Su conducta en este apartado es muy similar a la de un turismo, con unas suspensiones que sujetan con firmeza la carrocería y proporcionan unas sensaciones de control muy satisfactorias. No hay que esperar torpeza ni inercias demasiado pronunciadas, pues no las hay.

En este sentido cobra especial protagonismo el rediseño de las suspensiones. La suspensión de la parte delantera, de tipo McPherson, es completamente nueva y en ella se ha trabajado para reducir los pesos, cambiar la geometría y reducir la altura del centro de balanceo. La trasera, de triángulo doble independiente, se ha hecho más rígida para contener el movimiento lateral de la carrocería. El objetivo, dotar de mayor estabilidad al conjunto, evitar en lo posible el balanceo y no perder comodidad.

El RAV4 incorpora tracción a las cuatro ruedas tutelada de manera electrónica y continua. Se ha eliminado el diferencial central convencional y ha sido sustituido por unos sensores electrónicos que controlan la información que proporcionan varios elementos del coche (velocidad del motor, ángulo de dirección y par, entre otros) y cambian constantemente entre el modo de tracción a las cuatro y el de dos ruedas motrices.

Hay tres momentos “clave” en este reparto. Al arrancar, el sistema distribuye el par entre las ruedas delanteras y traseras en una relación de hasta 55:45 (eje delantero/trasero); durante la marcha convencional la distribución de par puede variar entre 100:0 y 55:45, aunque mayoritariamente se opta por dotar de mayor fuerza al tren delantero para reducir el consumo (ya que el eje trasero no recibe energía); el último momento es cuando el conductor elige la opción de bloquear la transferencia de par y dejarlo en una relación 55:45. Esto se realiza a través de un botón en el salpicadero y permite compensar pérdidas de tracción en terrenos off road. A partir de 40 km/h se pone fin al bloqueo y el sistema vuelve a funcionar de manera automática.

El agrado de conducción y la seguridad están unidos a través del nuevo Sistema Integrado de Conducción Activa, que hace que trabajen juntas varias tecnologías que habitualmente actúan individualmente. Los dispositivos que lo componen son: el Sistema de control activo de par 4WD (que te acabamos de explicar), el control de estabilidad (VSC) y la dirección asistida eléctrica.

En la práctica, este sistema facilita mantener la trayectoria del vehículo en una aceleración o frenada en superficie deslizante o con diferentes grados de agarre y controla el subviraje y el sobreviraje. Esto se realiza a través de determinadas actuaciones: se manda más o menos par a la rueda que lo necesita, sea del eje delantero o trasero; frena de manera independiente las ruedas apropiadas para ceñirse a la trayectoria; aplica mayor asistencia a la dirección para ayudar al conductor a corregir el ángulo de giro y regula la potencia del motor.

Además, el RAV4 incorpora el control de asistencia al arranque en pendientes (HAC), que facilita esta maniobra en pendientes o sobre piso deslizante. Al contrario que en otros modelos, este dispositivo no funciona de manera automática, sino que es el conductor el que lo activa pisando de manera más firme el freno. Es entonces cuando el sistema se activa –se alerta al conductor a través de un avisador acústico y un testigo luminoso- y “sujeta” durante dos segundos el vehículo e impide que el coche caiga hacia atrás. Las versiones automáticas también cuentan con control de asistencia para el descenso de pendientes.

El segmento de los todo terrenos está viviendo una muy buena época en lo que respecta a ventas, y las marcas, conscientes de ello, han apostado por él con el lanzamiento de nuevos y atractivos vehículos. En ese clima de dura competencia, Toyota ha considerado imprescindible renovar su todo camino estrella, el RAV4, con un cambio generacional.

Los argumentos con los que se expresa este nuevo RAV4 son muy poderosos y están orientados a un público menos campero y más elitista. Desde su nacimiento, en 1994, este modelo nunca ha sido un todo terreno de los llamados puros, pues era alérgico a los terrenos demasiado complicados y se encontraba más cómodo tanto en pistas de tierra como en carretera.

Ahora siguen sin gustarle las trialeras, pero ha mejorado su comportamiento en vías convencionales. Su conducta en este apartado es muy similar a la de un turismo, con unas suspensiones que sujetan con firmeza la carrocería y proporcionan unas sensaciones de control muy satisfactorias. No hay que esperar torpeza ni inercias demasiado pronunciadas, pues no las hay.

En este sentido cobra especial protagonismo el rediseño de las suspensiones. La suspensión de la parte delantera, de tipo McPherson, es completamente nueva y en ella se ha trabajado para reducir los pesos, cambiar la geometría y reducir la altura del centro de balanceo. La trasera, de triángulo doble independiente, se ha hecho más rígida para contener el movimiento lateral de la carrocería. El objetivo, dotar de mayor estabilidad al conjunto, evitar en lo posible el balanceo y no perder comodidad.

El RAV4 incorpora tracción a las cuatro ruedas tutelada de manera electrónica y continua. Se ha eliminado el diferencial central convencional y ha sido sustituido por unos sensores electrónicos que controlan la información que proporcionan varios elementos del coche (velocidad del motor, ángulo de dirección y par, entre otros) y cambian constantemente entre el modo de tracción a las cuatro y el de dos ruedas motrices.

Hay tres momentos “clave” en este reparto. Al arrancar, el sistema distribuye el par entre las ruedas delanteras y traseras en una relación de hasta 55:45 (eje delantero/trasero); durante la marcha convencional la distribución de par puede variar entre 100:0 y 55:45, aunque mayoritariamente se opta por dotar de mayor fuerza al tren delantero para reducir el consumo (ya que el eje trasero no recibe energía); el último momento es cuando el conductor elige la opción de bloquear la transferencia de par y dejarlo en una relación 55:45. Esto se realiza a través de un botón en el salpicadero y permite compensar pérdidas de tracción en terrenos off road. A partir de 40 km/h se pone fin al bloqueo y el sistema vuelve a funcionar de manera automática.

El agrado de conducción y la seguridad están unidos a través del nuevo Sistema Integrado de Conducción Activa, que hace que trabajen juntas varias tecnologías que habitualmente actúan individualmente. Los dispositivos que lo componen son: el Sistema de control activo de par 4WD (que te acabamos de explicar), el control de estabilidad (VSC) y la dirección asistida eléctrica.

En la práctica, este sistema facilita mantener la trayectoria del vehículo en una aceleración o frenada en superficie deslizante o con diferentes grados de agarre y controla el subviraje y el sobreviraje. Esto se realiza a través de determinadas actuaciones: se manda más o menos par a la rueda que lo necesita, sea del eje delantero o trasero; frena de manera independiente las ruedas apropiadas para ceñirse a la trayectoria; aplica mayor asistencia a la dirección para ayudar al conductor a corregir el ángulo de giro y regula la potencia del motor.

Además, el RAV4 incorpora el control de asistencia al arranque en pendientes (HAC), que facilita esta maniobra en pendientes o sobre piso deslizante. Al contrario que en otros modelos, este dispositivo no funciona de manera automática, sino que es el conductor el que lo activa pisando de manera más firme el freno. Es entonces cuando el sistema se activa –se alerta al conductor a través de un avisador acústico y un testigo luminoso- y “sujeta” durante dos segundos el vehículo e impide que el coche caiga hacia atrás. Las versiones automáticas también cuentan con control de asistencia para el descenso de pendientes.

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