Toyota iQ

El Toyota iQ ya está a la venta en España. Este concepto revolucionario de automóvil, que bien podría denominarse microurbano, se comercializa en la versión gasolina 1.0 de 68 CV, mientras que la variante Diesel 1.4 de 90 CV no llegará, por ahora, a nuestro país. El iQ presenta un avance en tecnología y vanguardia en este tipo de vehículos: equipamiento ‘premium’ para un coche sólo 29 centímetros más largo que un Smart ForTwo.
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Toyota iQ
Toyota iQ

La teoría, lo que habíamos leído sobre él, las primeras impresiones al verlo en los salones como concepto y después de poder sentarnos en él de forma estática en el pasado Salón de París, nos había hecho sentir una cierta atracción hacia este pequeño Toyota iQ (léase aikiu, please).

Toyota iQ 1.0 68 CV: 12.500 euros (acabado básico iQ). Toyota iQ 1.0 68 CV Multidrive: 14.950 euros (automático, acabado Premium iQ2).

Nada mejor que aprovechar la presentación que la marca ha hecho de este modelo para comprobar, de verdad, si nuestros pálpitos eran ciertos o nos habíamos dejado cegar por un simple “diseño mono”. No os vamos a dejar con la duda hasta el final: la respuesta es sí, venimos enamorados de este singular modelo.

Es cierto, no nos hemos olvidado, hay un buen número de coches que tienen este mismo encanto en su imagen, que son perfectamente válidos para superar con un buen grado de confort el día a día en una congestionada ciudad y que puede que sean incluso más baratos… pero ninguno tiene la gracia y el salero que tiene este Toyota iQ.

Vaya por delante que la marca está convencida de que este coche no es rival, ni de lejos, del también ciudadano meritorio que es el Smart Fortwo; y vaya también por delante que nosotros no lo teníamos tan claro… hasta que nos pusimos a sus mandos.

Para empezar, en el Toyota iQ no hay que acostumbrarse a nada, te montas y te sientes lo mismo que en cualquier otro modelo, siempre y cuando no mires hacia atrás y compruebes que el maletero está casi, casi, rozando tu espalda. Esto, que parece una nimiedad, no lo es, por ejemplo, en el caso del Smart, en el que vas sentado “raro”, no tienes una idea clara de donde empieza y donde termina el coche y tienes que acostumbrarte a su tamaño, a dominar la dirección y, sobre todo, a sus suspensiones más bien secas.

En el Toyota iQ no hay nada de esto. Te subes, arrancas y, desde el primer momento conduces con total naturalidad. No hay que acostumbrarse a nada. Pero no es sólo esto lo que te acaba enamorando. El diseño exterior te puede o no gustar, pero lo cierto es que hay más gente que se apunta a lo primero que a lo segundo.

La gama de motores ha variado ligeramente respecto a lo que se anunció a finales del año pasado: finalmente, el iQ sólo se comercializará en España con propulsores de gasolina. La motorización 1.0 de gasolina con 3 cilindros y 68 CV de potencia, ganadora del Premio Motor del Año 2008 para propulsores de menos de un litro, ya está a la venta en nuestro país, tanto en la variante de cambio manual como en la automática Multidrive. Por su parte, la versión Diésel de 1,4 litros de cilindrada y 90 CV de potencia anunciada en noviembre, no se verá en España. No obstante, a partir de julio de este año, llegará a nuestro mercado una nueva variante, también gasolina, más potente: la 1.3 de 99 CV con sistema Stop & Start. Esta versión del iQ ya ha comenzado a fabricarse y se venderá por 15.250 euros. El aumento de potencia permitirá al iQ no sólo desenvolverse a la perfección en suelo urbano como lo hace el 1.0 de 68 CV, si no que, además, le otorgará fuerza suficiente para viajes por carretera (que es un poco la asignatura pendiente de la versión que ya está en el mercado).

El comportamiento dinámico es, por decirlo en pocas palabras, sorprendentemente ágil y seguro. Callejear por zonas estrechas es, casi, casi, como circular en moto –de las gordas, eso sí-; su diámetro de giro es de sólo 7,8 metros, lo que le permite cambiar de dirección en zonas estrechas donde otros –incluido el Smart- tendrían que hacer alguna maniobra más. En carretera sucede algo parecido ya que sus recortadas dimensiones le permiten superar zonas con muchas curvas con buena nota y, en autopista, manteniendo un alto ritmo de marcha, su aplomo es, simplemente, genial.

La agilidad que aporta en ciudad es una de sus principales armas de venta. Además, sus menos de 3 metros de longitud le permiten aparcar en sitios poco menos que imposibles para el resto de los coches… que no sean Smart.

¿Cuatro ocupantes?

La teoría, lo que habíamos leído sobre él, las primeras impresiones al verlo en los salones como concepto y después de poder sentarnos en él de forma estática en el pasado Salón de París, nos había hecho sentir una cierta atracción hacia este pequeño Toyota iQ (léase aikiu, please).

Toyota iQ 1.0 68 CV: 12.500 euros (acabado básico iQ). Toyota iQ 1.0 68 CV Multidrive: 14.950 euros (automático, acabado Premium iQ2).

Nada mejor que aprovechar la presentación que la marca ha hecho de este modelo para comprobar, de verdad, si nuestros pálpitos eran ciertos o nos habíamos dejado cegar por un simple “diseño mono”. No os vamos a dejar con la duda hasta el final: la respuesta es sí, venimos enamorados de este singular modelo.

Es cierto, no nos hemos olvidado, hay un buen número de coches que tienen este mismo encanto en su imagen, que son perfectamente válidos para superar con un buen grado de confort el día a día en una congestionada ciudad y que puede que sean incluso más baratos… pero ninguno tiene la gracia y el salero que tiene este Toyota iQ.

Vaya por delante que la marca está convencida de que este coche no es rival, ni de lejos, del también ciudadano meritorio que es el Smart Fortwo; y vaya también por delante que nosotros no lo teníamos tan claro… hasta que nos pusimos a sus mandos.

Para empezar, en el Toyota iQ no hay que acostumbrarse a nada, te montas y te sientes lo mismo que en cualquier otro modelo, siempre y cuando no mires hacia atrás y compruebes que el maletero está casi, casi, rozando tu espalda. Esto, que parece una nimiedad, no lo es, por ejemplo, en el caso del Smart, en el que vas sentado “raro”, no tienes una idea clara de donde empieza y donde termina el coche y tienes que acostumbrarte a su tamaño, a dominar la dirección y, sobre todo, a sus suspensiones más bien secas.

En el Toyota iQ no hay nada de esto. Te subes, arrancas y, desde el primer momento conduces con total naturalidad. No hay que acostumbrarse a nada. Pero no es sólo esto lo que te acaba enamorando. El diseño exterior te puede o no gustar, pero lo cierto es que hay más gente que se apunta a lo primero que a lo segundo.

La gama de motores ha variado ligeramente respecto a lo que se anunció a finales del año pasado: finalmente, el iQ sólo se comercializará en España con propulsores de gasolina. La motorización 1.0 de gasolina con 3 cilindros y 68 CV de potencia, ganadora del Premio Motor del Año 2008 para propulsores de menos de un litro, ya está a la venta en nuestro país, tanto en la variante de cambio manual como en la automática Multidrive. Por su parte, la versión Diésel de 1,4 litros de cilindrada y 90 CV de potencia anunciada en noviembre, no se verá en España. No obstante, a partir de julio de este año, llegará a nuestro mercado una nueva variante, también gasolina, más potente: la 1.3 de 99 CV con sistema Stop & Start. Esta versión del iQ ya ha comenzado a fabricarse y se venderá por 15.250 euros. El aumento de potencia permitirá al iQ no sólo desenvolverse a la perfección en suelo urbano como lo hace el 1.0 de 68 CV, si no que, además, le otorgará fuerza suficiente para viajes por carretera (que es un poco la asignatura pendiente de la versión que ya está en el mercado).

El comportamiento dinámico es, por decirlo en pocas palabras, sorprendentemente ágil y seguro. Callejear por zonas estrechas es, casi, casi, como circular en moto –de las gordas, eso sí-; su diámetro de giro es de sólo 7,8 metros, lo que le permite cambiar de dirección en zonas estrechas donde otros –incluido el Smart- tendrían que hacer alguna maniobra más. En carretera sucede algo parecido ya que sus recortadas dimensiones le permiten superar zonas con muchas curvas con buena nota y, en autopista, manteniendo un alto ritmo de marcha, su aplomo es, simplemente, genial.

La agilidad que aporta en ciudad es una de sus principales armas de venta. Además, sus menos de 3 metros de longitud le permiten aparcar en sitios poco menos que imposibles para el resto de los coches… que no sean Smart.

¿Cuatro ocupantes?

La teoría, lo que habíamos leído sobre él, las primeras impresiones al verlo en los salones como concepto y después de poder sentarnos en él de forma estática en el pasado Salón de París, nos había hecho sentir una cierta atracción hacia este pequeño Toyota iQ (léase aikiu, please).

Toyota iQ 1.0 68 CV: 12.500 euros (acabado básico iQ). Toyota iQ 1.0 68 CV Multidrive: 14.950 euros (automático, acabado Premium iQ2).

Nada mejor que aprovechar la presentación que la marca ha hecho de este modelo para comprobar, de verdad, si nuestros pálpitos eran ciertos o nos habíamos dejado cegar por un simple “diseño mono”. No os vamos a dejar con la duda hasta el final: la respuesta es sí, venimos enamorados de este singular modelo.

Es cierto, no nos hemos olvidado, hay un buen número de coches que tienen este mismo encanto en su imagen, que son perfectamente válidos para superar con un buen grado de confort el día a día en una congestionada ciudad y que puede que sean incluso más baratos… pero ninguno tiene la gracia y el salero que tiene este Toyota iQ.

Vaya por delante que la marca está convencida de que este coche no es rival, ni de lejos, del también ciudadano meritorio que es el Smart Fortwo; y vaya también por delante que nosotros no lo teníamos tan claro… hasta que nos pusimos a sus mandos.

Para empezar, en el Toyota iQ no hay que acostumbrarse a nada, te montas y te sientes lo mismo que en cualquier otro modelo, siempre y cuando no mires hacia atrás y compruebes que el maletero está casi, casi, rozando tu espalda. Esto, que parece una nimiedad, no lo es, por ejemplo, en el caso del Smart, en el que vas sentado “raro”, no tienes una idea clara de donde empieza y donde termina el coche y tienes que acostumbrarte a su tamaño, a dominar la dirección y, sobre todo, a sus suspensiones más bien secas.

En el Toyota iQ no hay nada de esto. Te subes, arrancas y, desde el primer momento conduces con total naturalidad. No hay que acostumbrarse a nada. Pero no es sólo esto lo que te acaba enamorando. El diseño exterior te puede o no gustar, pero lo cierto es que hay más gente que se apunta a lo primero que a lo segundo.

La gama de motores ha variado ligeramente respecto a lo que se anunció a finales del año pasado: finalmente, el iQ sólo se comercializará en España con propulsores de gasolina. La motorización 1.0 de gasolina con 3 cilindros y 68 CV de potencia, ganadora del Premio Motor del Año 2008 para propulsores de menos de un litro, ya está a la venta en nuestro país, tanto en la variante de cambio manual como en la automática Multidrive. Por su parte, la versión Diésel de 1,4 litros de cilindrada y 90 CV de potencia anunciada en noviembre, no se verá en España. No obstante, a partir de julio de este año, llegará a nuestro mercado una nueva variante, también gasolina, más potente: la 1.3 de 99 CV con sistema Stop & Start. Esta versión del iQ ya ha comenzado a fabricarse y se venderá por 15.250 euros. El aumento de potencia permitirá al iQ no sólo desenvolverse a la perfección en suelo urbano como lo hace el 1.0 de 68 CV, si no que, además, le otorgará fuerza suficiente para viajes por carretera (que es un poco la asignatura pendiente de la versión que ya está en el mercado).

El comportamiento dinámico es, por decirlo en pocas palabras, sorprendentemente ágil y seguro. Callejear por zonas estrechas es, casi, casi, como circular en moto –de las gordas, eso sí-; su diámetro de giro es de sólo 7,8 metros, lo que le permite cambiar de dirección en zonas estrechas donde otros –incluido el Smart- tendrían que hacer alguna maniobra más. En carretera sucede algo parecido ya que sus recortadas dimensiones le permiten superar zonas con muchas curvas con buena nota y, en autopista, manteniendo un alto ritmo de marcha, su aplomo es, simplemente, genial.

La agilidad que aporta en ciudad es una de sus principales armas de venta. Además, sus menos de 3 metros de longitud le permiten aparcar en sitios poco menos que imposibles para el resto de los coches… que no sean Smart.

¿Cuatro ocupantes?

La teoría, lo que habíamos leído sobre él, las primeras impresiones al verlo en los salones como concepto y después de poder sentarnos en él de forma estática en el pasado Salón de París, nos había hecho sentir una cierta atracción hacia este pequeño Toyota iQ (léase aikiu, please).

Toyota iQ 1.0 68 CV: 12.500 euros (acabado básico iQ). Toyota iQ 1.0 68 CV Multidrive: 14.950 euros (automático, acabado Premium iQ2).

Nada mejor que aprovechar la presentación que la marca ha hecho de este modelo para comprobar, de verdad, si nuestros pálpitos eran ciertos o nos habíamos dejado cegar por un simple “diseño mono”. No os vamos a dejar con la duda hasta el final: la respuesta es sí, venimos enamorados de este singular modelo.

Es cierto, no nos hemos olvidado, hay un buen número de coches que tienen este mismo encanto en su imagen, que son perfectamente válidos para superar con un buen grado de confort el día a día en una congestionada ciudad y que puede que sean incluso más baratos… pero ninguno tiene la gracia y el salero que tiene este Toyota iQ.

Vaya por delante que la marca está convencida de que este coche no es rival, ni de lejos, del también ciudadano meritorio que es el Smart Fortwo; y vaya también por delante que nosotros no lo teníamos tan claro… hasta que nos pusimos a sus mandos.

Para empezar, en el Toyota iQ no hay que acostumbrarse a nada, te montas y te sientes lo mismo que en cualquier otro modelo, siempre y cuando no mires hacia atrás y compruebes que el maletero está casi, casi, rozando tu espalda. Esto, que parece una nimiedad, no lo es, por ejemplo, en el caso del Smart, en el que vas sentado “raro”, no tienes una idea clara de donde empieza y donde termina el coche y tienes que acostumbrarte a su tamaño, a dominar la dirección y, sobre todo, a sus suspensiones más bien secas.

En el Toyota iQ no hay nada de esto. Te subes, arrancas y, desde el primer momento conduces con total naturalidad. No hay que acostumbrarse a nada. Pero no es sólo esto lo que te acaba enamorando. El diseño exterior te puede o no gustar, pero lo cierto es que hay más gente que se apunta a lo primero que a lo segundo.

La gama de motores ha variado ligeramente respecto a lo que se anunció a finales del año pasado: finalmente, el iQ sólo se comercializará en España con propulsores de gasolina. La motorización 1.0 de gasolina con 3 cilindros y 68 CV de potencia, ganadora del Premio Motor del Año 2008 para propulsores de menos de un litro, ya está a la venta en nuestro país, tanto en la variante de cambio manual como en la automática Multidrive. Por su parte, la versión Diésel de 1,4 litros de cilindrada y 90 CV de potencia anunciada en noviembre, no se verá en España. No obstante, a partir de julio de este año, llegará a nuestro mercado una nueva variante, también gasolina, más potente: la 1.3 de 99 CV con sistema Stop & Start. Esta versión del iQ ya ha comenzado a fabricarse y se venderá por 15.250 euros. El aumento de potencia permitirá al iQ no sólo desenvolverse a la perfección en suelo urbano como lo hace el 1.0 de 68 CV, si no que, además, le otorgará fuerza suficiente para viajes por carretera (que es un poco la asignatura pendiente de la versión que ya está en el mercado).

El comportamiento dinámico es, por decirlo en pocas palabras, sorprendentemente ágil y seguro. Callejear por zonas estrechas es, casi, casi, como circular en moto –de las gordas, eso sí-; su diámetro de giro es de sólo 7,8 metros, lo que le permite cambiar de dirección en zonas estrechas donde otros –incluido el Smart- tendrían que hacer alguna maniobra más. En carretera sucede algo parecido ya que sus recortadas dimensiones le permiten superar zonas con muchas curvas con buena nota y, en autopista, manteniendo un alto ritmo de marcha, su aplomo es, simplemente, genial.

La agilidad que aporta en ciudad es una de sus principales armas de venta. Además, sus menos de 3 metros de longitud le permiten aparcar en sitios poco menos que imposibles para el resto de los coches… que no sean Smart.

¿Cuatro ocupantes?
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