Suzuki Splash

Bonito, económico y bien aprovechado. El nuevo Suzuki Splash, que comenzará a venderse en el mes de mayo, es la apuesta de la marca oriental para ganarse su hueco entre los modernos coches ciudadanos gracias, entre otras virtudes, a unos precios muy ajustados y una interesante oferta de lanzamiento.
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Suzuki Splash
Suzuki Splash

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

El conductor dispone de una posición elevada, lo que beneficia su visibilidad y el control del contorno del vehículo. La posición de conducción es adecuada, pero no la ideal, con el volante bastante inclinado, para nuestro gusto. El volante sólo se puede regular en altura pero, en conjunto, los kilómetros se viven a gusto en el interior del Splash. Como, además, el nivel sonoro y de vibraciones que acceden al interior del habitáculo no son especialmente notables, se puede afirmar que este Suzuki pasa con nota el examen de confort.

Este Splash no es, propiamente, un coche japonés, aunque tenga un emblema Suzuki sobre el capó. Entendámonos. Sus responsables son orientales pero las directrices que han tomado para su diseño están dictadas por las necesidades del consumidor europeo, está fabricado en una planta húngara y dispone de tres mecánicas, de las cuales una, la turbodiésel, es de origen italiano y está fabricada en una planta situada en la India. Vamos, que estamos ante lo que podríamos denominar un coche global.

Y global no sólo por lo anterior, sino porque, para muchos, va a ser un modelo de polivalencia y utilización en todos los terrenos asfálticos. El Splash nace a partir de una modificación de la plataforma del Swift, por lo que, por aquí, ninguna aventura, ya que conocemos su buen funcionamiento en este modelo. La longitud se queda en algo más de 3,7 metros, pero la cota más personal del nuevo Splash es su altura, que le permite dos cosas muy importantes: facilitar el acceso a su interior a todo tipo de personas –jóvenes y menos jóvenes- y permitir que usuarios de alta talla se acomoden bien, pues a pesar de lo elevados que están los asientos aún hay mucho espacio desde la cabeza hasta el techo.

Por dentro, el Splash está bien presentado, con una calidad de terminación que no demuestra un desmedido interés en recortar costes, si exceptuamos la colocación sobre el salpicadero del cuentarrevoluciones, en una manera que nos recuerda a los inicios de la historia moderna de nuestro automovilismo, allá por finales de los años sesenta del siglo pasado y que, desgraciadamente, parece extenderse en modelos de este tipo.

El habitáculo tiene capacidad real para cuatro adultos y sólo serán cinco si detrás se colocan niños de mediana edad, porque como queramos colocar tres sillas infantiles, apañados estamos. Pero a esto también hay que acostumbrarse, porque si no es monovolumen medio, no hay manera de meterse tres adultos en un coche medio. Los asientos delanteros son cómodos aunque, como es lógico en este tipo de coches, no sujetan en exceso el cuerpo en las curvas. Detrás, el espacio longitudinal no sobra, pero un adulto de 1,75 metros de alto coloca bien sus piernas si delante va otro de la misma altura. El maletero supera por poco los 200 litros de capacidad, por lo que en un viaje largo sólo puede contener el equipaje de un par de personas. Eso sí, con alguna de las partes de la banqueta posterior abatida, tres ocupantes pueden llevar una cantidad de maletas suficientes para una vacaciones de altura. Bajo el maletero aparece una bandeja con compartimentos para alojar el triángulo de peligro, chalecos reflectantes y otros tipos de abalorios.

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