Suzuki Kizashi

Grandes cosas están por llegar. Esa es la traducción al español de Kizashi, la nueva “berlina” de Suzuki, de momento, un diamante en bruto por pulir bajo las consignas del mercado europeo. Sin Diesel de momento, su deportiva línea y sugerente conducción son los principales argumentos de conquista
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Suzuki Kizashi
Suzuki Kizashi

Hay marca que bombardean de información a los medios a cada paso que se da en el desarrollo de sus nuevos coches. El Kizashi, sin embargo, parece gestado en la sombra. Salvo muy puntales apariciones en Salones internacionales, realmente sólo se han conocido tres fases desde que al proyecto se da viabilidad y pasa a ser un coche producción en serie. ¿Se acuerdan de los primeros bocetos? De aquellos atrevidos y llamativos dibujos que prefiguraban las bases de esta nueva berlina japonesa se pasó al desarrollo de coches concepto en el que incluso se contempló una carrocería familiar, y de ahí, a la presentación del coche definitivo justo en la misma semana en la que se pondrá a la venta. Es un coche orientado principalmente al mercado norteamericano, donde al definición del producto difiere drásticamente sobre los gustos y preferencias europeas y donde todo aquello que no tenga una función claramente útil no aporta valor al coche. Pero para Europa puede ser un excelente punto de partida que, eso sí, habrá que pulir. Por ejemplo, sólo dispondrá de una motorización de gasolina que va a contracorriente de las tendencias “downsizing” impuestas, y la evolución de gama será bastante lenta. La gama, además, también se limita a un único nivel de acabado donde la única opción disponible es el color de la carrocería.

Sus dimensiones le dejan en tierra de nadie. Juega a ser berlina y a ese segmento es al que pretende arrimarse Suzuki, pero no sólo las dimensiones integran a un coche en una determinada categoría comercial. De aceptarle como tal, será la berlina más pequeña del mercado, un centímetro menor que el Seat Exeo. Pero el Kizashi se encuadra mucho mejor entre los sedán derivados de compactos, donde sus niveles de refinamiento, calidad de acabados pueden ser más comparables y donde, aunque sea con el tiempo, el Kizashi tendrá mucho más que decir. No obstante, en la marca lo tienen claro, al menos en el papel fundamental que hoy por hoy debe jugar su nuevo buque insignia. Debe ser el escaparate que aporte valor al Swift y o al Vitara, sus dos grandes estrellas en este mercado. Es —en palabras de la marca— un “bebé” en plena fase de desarrollo y de momento no se espera un gran volumen de ventas. Tal vez haya que esperar entre dos y tres años para que dé el estirón, cuando el Kizashi pueda beneficiarse de VW y se dé acceso a una competitiva mecánica Diesel o, quién sabe, a otros motores de gasolina más en la línea europea.

Porque como opción de partida se contempla un 2.4 litros de cuatro cilindros y 178 CV que tampoco hace alardes de grandes despliegues técnicos, aunque su funcionamiento resulte plenamente satisfactorio siempre y cuando no se exija la mejor relación prestaciones/consumo del mercado. Legará en dos posibles configuraciones: tracción delantera y cambio manual de 6 relaciones o tracción total con cambio CVT. El único acabado Sport cubre con garantías lo exigible en confort y seguridad además de incluir unos asientos tapizados en piel con reglaje eléctrico, el arranque por botón o el techo solar, pero no busquen las exquisiteces técnicas de las berlinas de últimas hornada porque ni siquiera se ofrecer un navegador como opción. Suzuki cita como rivales a coches mucho más grandes que dejan al Kizashi en franca poción de privilegio atendiendo a la relación precio/potencia/equipamiento. En su versión más “comercial”, el 2WD de cambio manual, cuesta 28.495 euros, cifra que no nos hace la boca agua cuando por algo menos conseguimos un Skoda con un Octavia RS 2.0 TFSi de 200 CV. Modelos como el Insignia 2.0 Turbo 4x4 automático o la gama Subary Legacy también ponen sobre las cuerdas a la versión más exótica de la gama, que se ofrece por 31.495 euros. De momento, no se contempla ninguna promoción.

El Kizashi arriesga menos de puertas a dentro, donde el estilo es claramente más sobrio y apagado que el exterior. Destacan los sólidos ajustes sobre la calidad real de materiales, aunque es justo reconocer el buen tacto de mandos, aunque algunos —los desplazados a la zona inferior izquierda del salpicadero— tengan un diseño algo desfasado, así como la confluencia de diferentes materiales —duros en la zona superior del salpicadero y mullidos en la línea de cintura, los cuales se prolongan hasta las plazas traseras— sin que sea claramente evidente a la vista.

Para su tamaño exterior ofrece una excelente cota longitudinal en las plazas traseras, pero la anchura, el túnel de transmisión y la estructura de los asientos traseros impiden que un quinto pasajero viaje con unos mínimos de confort. Las habituales bolsas en los respaldos son aquí rejillas, pero sendas puertas tienen portabotes para botellas grandes y asideros amortiguados. Los 461 litros de maletero —de formas algo irregulares en los pasos de rueda— tampoco son la referencia del segmento, pero al menos el acceso es amplio y no demasiado alto.

Arrancamos y despierta el espíritu del Kizashi, ese que insinúa su línea exterior. Su comportamiento es, con diferencia, el mejor valor añadido de este nuevo Suzuki. Tiene unas suspensiones firmes que podrán llegar a resultar secas en algunas circunstancias, pero a cambio garantizan mínimas oscilaciones verticales y un magnifico control y precisión de trayectoria. Su equilibrio entre trenes rodantes sale a reducir en apoyos largos y suaves mientras que el eje delantero “muerde” con eficacia en los giros más que exigen todo del chasis. Rápido de reacciones a través de una dirección que, sin embargo no lo es tanto pese a sus 2,5 vueltas de volante, podrá resultar sensible a la transferencia de masas si se pretende entrar en ese juego, llegando a insinuar cierto deslizamiento de la zaga que el conductor intuirá con cierta anticipación y el control de estabilidad apaciguará con suavidad y eficacia. Una grata sorpresa este magnífico comportamiento fruto de una plataforma definida desde cero y aderezada con tan buena puesta a punto.

El motor responde al dedillo a su condición de atmosférico de alta cilindrada, más cuando viene asociado, en su versión manual, a desarrollos de transmisión bastante ajustados, resultando “eléctrico” y lineal desde bajo régimen y bastante agradable en una conducción turística, pudiendo confiar en las marchas más largas. Su capacidad de empuje tal vez no guarde una relación directa con la potencia que anuncia, pero buscando la zona alta del cuentarrevoluciones se pueden conseguir gratas sensaciones a costa, eso sí, de un gasto de combustible algo alto. Está claro. Pide un gritos un Diesel, y si llega de la mano de VW, tal como está previsto, la eficiencia estará garantizará y el Kizashi abrirá enormemente su radio de acción.

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