Subaru Legacy Boxer Diesel

Tiene su punto de sofisticación, porque su dueño podrá afirmar que ningún otro coche posee un motor turbodiésel con los cilindros horizontales opuestos. Y es verdad, Subaru entra en el mundo del gasóleo con el motor más original de todo el mercado.
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Subaru Legacy Boxer Diesel
Subaru Legacy Boxer Diesel

Y del centro de gravedad, ¿qué? Pues, lamentablemente, nuestro Centro Técnico no posee instrumentos que puedan sacar a la luz la posición exacta de dicho punto. Pero, para paliar esto, un buen paseo por carreteras de revirado trazado te pueden sacar de dudas si tienes la experiencia necesaria. Y con este Legacy, la confirmación de su baja implantación frente a la competencia es casi inmediata. De entrada, la definición de los reglajes de suspensión resulta en exceso blanda para lo habitual en un modelo de dinámica, llamemos, deportiva. De pronto, en acción, este Subaru muestra una sorprendente capacidad para pasar las curvas a un ritmo endiablado. Sí, la carrocería oscila con suavidad pero el tren delantero manda en la situación y el trasero, eso sí, nos deleita con francos sobrevirajes cuando trasvasamos peso adelante, ya sea en frenadas o levantadas de acelerador en apoyo. Ojo con los conductores tranquilos, que pueden ver aquí una conducta inapropiada. Si no te gusta el contraviraje, mejor dirígete hacia otro modelo.

Los asientos y el confort de suspensión le ayudan a aliarse con sus ocupantes en los viajes largos

La aguja del velocímetro indica un ritmo en curva incompatible con las campañas de pretendida seguridad –más cerca del terror- de ciertos organismos estatales y lo mejor es que, aún así, pisando el acelerador, no aparecen situaciones críticas de adherencia. ¿Por qué? La respuesta es el sistema de tracción total del Legacy, con diferencial viscoso central, que adapta el traspaso de potencia al asfalto según la adherencia disponible. Como aquélla, además, debe repartirse entre cuatro neumáticos, cada uno de los delanteros posee una capacidad de agarre lateral extra en relación con un modelo de tracción delantera. Miel sobre hojuelas.

El Legacy tiene por delante un par o tres años de vida hasta la llegada de su sustituto. Y se deja notar enfrentado a sus más recientes rivales. Tanto por fuera como por dentro, se queda algo en retraso dimensional con respecto a otras berlinas de más reciente factura. Hablando de factura, también la calidad visual y la terminación se quedan a un paso de los mejores fabricantes generalistas. Un detalle significativo es que mientras en las plazas delanteras el nivel sonoro es más que correcto, los usuarios de las plazas traseras deben soportar un valor claramente superior. Ah, por cierto, que un coche de más de 30.000 euros –“cinco kilos”, recuerden- no tenga encendido automático de luces y limpiaparabrisas ni mandos de radio en el volante es algo criticable, vamos, digo yo.

Esta versión es la más equipada de las tres que componen su gama. Pero el navegador, el tapizado en cuero y el techo solar –principales diferencias– no nos convencen lo suficiente como para pagar los 4.600 euros de más con respecto a la versión Classic

Por lo demás, la conducción del Legacy Boxer Diésel es realmente placentera. Le falta algo del empaque de un Laguna o C5, por decir coches recientes, pues –como otros Subaru- transmite la sensación de conducir un vehículo más liviano de lo que es. También algunos detalles a la vista confirman ciertas dudas como, por ejemplo, el adicional sistema de ajuste de la parte baja de las puertas traseras que se suma a la tradicional cerradura, para evitar las vibraciones de aquéllas consecuencia, nos imaginamos, de la falta de marcos en las ventanillas.

En fin, como buen Subaru, este Legacy es un coche para amantes de la filosofía de la marca, bastante divergente de lo visto en el resto del segmento. Si perteneces a este grupo, seguro que te encantará. Si no, puede que probándolo acabes afiliándote a él.

— Adherencia y tracción
— Consumo y autonomía
— Conducción divertida

— Sólo cinco marchas
— Lagunas de equipamiento
— Nivel sonoro detrás

Berlina con personalidad

Y del centro de gravedad, ¿qué? Pues, lamentablemente, nuestro Centro Técnico no posee instrumentos que puedan sacar a la luz la posición exacta de dicho punto. Pero, para paliar esto, un buen paseo por carreteras de revirado trazado te pueden sacar de dudas si tienes la experiencia necesaria. Y con este Legacy, la confirmación de su baja implantación frente a la competencia es casi inmediata. De entrada, la definición de los reglajes de suspensión resulta en exceso blanda para lo habitual en un modelo de dinámica, llamemos, deportiva. De pronto, en acción, este Subaru muestra una sorprendente capacidad para pasar las curvas a un ritmo endiablado. Sí, la carrocería oscila con suavidad pero el tren delantero manda en la situación y el trasero, eso sí, nos deleita con francos sobrevirajes cuando trasvasamos peso adelante, ya sea en frenadas o levantadas de acelerador en apoyo. Ojo con los conductores tranquilos, que pueden ver aquí una conducta inapropiada. Si no te gusta el contraviraje, mejor dirígete hacia otro modelo.

Los asientos y el confort de suspensión le ayudan a aliarse con sus ocupantes en los viajes largos

La aguja del velocímetro indica un ritmo en curva incompatible con las campañas de pretendida seguridad –más cerca del terror- de ciertos organismos estatales y lo mejor es que, aún así, pisando el acelerador, no aparecen situaciones críticas de adherencia. ¿Por qué? La respuesta es el sistema de tracción total del Legacy, con diferencial viscoso central, que adapta el traspaso de potencia al asfalto según la adherencia disponible. Como aquélla, además, debe repartirse entre cuatro neumáticos, cada uno de los delanteros posee una capacidad de agarre lateral extra en relación con un modelo de tracción delantera. Miel sobre hojuelas.

El Legacy tiene por delante un par o tres años de vida hasta la llegada de su sustituto. Y se deja notar enfrentado a sus más recientes rivales. Tanto por fuera como por dentro, se queda algo en retraso dimensional con respecto a otras berlinas de más reciente factura. Hablando de factura, también la calidad visual y la terminación se quedan a un paso de los mejores fabricantes generalistas. Un detalle significativo es que mientras en las plazas delanteras el nivel sonoro es más que correcto, los usuarios de las plazas traseras deben soportar un valor claramente superior. Ah, por cierto, que un coche de más de 30.000 euros –“cinco kilos”, recuerden- no tenga encendido automático de luces y limpiaparabrisas ni mandos de radio en el volante es algo criticable, vamos, digo yo.

Esta versión es la más equipada de las tres que componen su gama. Pero el navegador, el tapizado en cuero y el techo solar –principales diferencias– no nos convencen lo suficiente como para pagar los 4.600 euros de más con respecto a la versión Classic

Por lo demás, la conducción del Legacy Boxer Diésel es realmente placentera. Le falta algo del empaque de un Laguna o C5, por decir coches recientes, pues –como otros Subaru- transmite la sensación de conducir un vehículo más liviano de lo que es. También algunos detalles a la vista confirman ciertas dudas como, por ejemplo, el adicional sistema de ajuste de la parte baja de las puertas traseras que se suma a la tradicional cerradura, para evitar las vibraciones de aquéllas consecuencia, nos imaginamos, de la falta de marcos en las ventanillas.

En fin, como buen Subaru, este Legacy es un coche para amantes de la filosofía de la marca, bastante divergente de lo visto en el resto del segmento. Si perteneces a este grupo, seguro que te encantará. Si no, puede que probándolo acabes afiliándote a él.

— Adherencia y tracción
— Consumo y autonomía
— Conducción divertida

— Sólo cinco marchas
— Lagunas de equipamiento
— Nivel sonoro detrás

Berlina con personalidad

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