Ssangyong Rodius 270 Xdi AWD

No hay otro monovolumen con tan buena relación entre precio y capacidad interior como el Ssangyong Rodius, que puede transportar cómodamente a siete pasajeros, más su correspondiente equipaje. La versión de esta prueba se beneficia además de la tracción total con reductora.
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Ssangyong Rodius 270 Xdi AWD
Ssangyong Rodius 270 Xdi AWD

Cuando se necesitan siete plazas reales, con un maletero capaz de albergar el equipaje de una familia numerosa, hay pocas opciones donde elegir. La discutible estética del Ssanyong Rodius se olvida rápido una vez que comenzamos a usarlo y a constatar sus aportes en cuanto a practicidad. Si además tenemos en cuenta que la versión más equipada, con cambio automático añadido, tapicería de piel, tracción las cuatro ruedas y reductora, no supera los 36.360 euros, ¿a que ya no es tan feo?

El interior del Rodius tiene buen aspecto, aunque hay que tener presente que en un automóvil con el precio tan ajustado los acabados no pueden presumir de la sofisticación de un Renault Espace, ni ser el paradigma del refinamiento. Incluso así, encontramos ciertas licencias al lujo en el volante y la tapicería de cuero, a juego con algunos revestimientos de las puertas, en el DVD con pantalla de 9”, en la radio con Bluetooth o en la luna delantera calefactada. Sin embargo, la mayoría de terminaciones están realizadas en plásticos duros que, como parte positiva, dan la impresión de ser muy duraderos y resistentes al trato duro. La piel de los asientos y las alfombrillas en tonos claros de nuestra unidad son agradables a la vista, aunque menos sufridas que las de tono gris oscuro, también disponibles. Hay otros detalles que delatan el ahorro en materiales en el interior del Rodius, como el tacto al cerrar alguna de las guanteras, al abrir un cajón que hay bajo el asiento del acompañante, o el sonido seco al cerrar el gran cofre que hay bajo el apoyabrazos central. Lo mismo ocurre con las bandejas de tipo avión que hay tras los respaldos delanteros, cuyo mecanismo es algo duro. Pero si valoramos la funcionalidad y el espacio como una de nuestras prioridades, estas cuestiones quedan en un segundo plano.

Todos los asientos (en disposición de tipo 2-2-3 pasajeros) son deslizantes longitudinalmente, además de reclinables, con lo que es posible configurar una generosa superficie para el descanso. Los de la segunda fila pueden orientarse hacia atrás, ya que giran sobre su propio eje vertical, aunque no se pliegan ni se extraen del habitáculo, a diferencia de la banqueta posterior de tres plazas, que es de tipo corrido. Lo malo es que después de quitarla resulta algo complicado volver a ponerla en su sitio. De todos modos, el maletero de este Ssangyong es tan amplio que pocas veces será necesario liberar espacio, a no ser que vayamos a transportar algún mueble u objeto muy voluminoso. Su capacidad permite albergar el equipaje de todos los pasajeros, ya que cuenta con un mínimo de 470 dm3 y mucha altura. Si avanzamos totalmente el asiento trasero esta cifra crece hasta 800 dm3 y, en configuración de cuatro plazas, el Rodius declara 1.641 dm3.

La postura de conducción es buena, desahogada y con todos los mandos a mano. Los múltiples reglajes del asiento son eléctricos —excepto el apoyo lumbar— y el volante se regula en altura y distancia. El respaldo no ofrece demasiada sujeción lateral y la banqueta es algo corta, pero se perdona. El cambio automático opcional, de cinco marchas, es algo lento y con un salto un poco brusco entre 3ª y 4ª, no obstante aporta suavidad y comodidad de conducción. Para limitar la marcha más alta de forma manual dispone de un pulsador lateral y de botones en el volante, que funcionan cuando colocamos la palanca en la posición M. También tiene un modo “invernal” que aumenta el resbalamiento del convertidor de par, para no comprometer la tracción al arrancar en situaciones de poca adherencia. En cuanto al motor del Ssangyong, es turbodiesel de cinco cilindros, con 165 voluntariosos caballos que mueven con soltura las 2,2 toneladas del Rodius. La única pega es que resulta ruidoso en aceleración.

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Cuando se necesitan siete plazas reales, con un maletero capaz de albergar el equipaje de una familia numerosa, hay pocas opciones donde elegir. La discutible estética del Ssanyong Rodius se olvida rápido una vez que comenzamos a usarlo y a constatar sus aportes en cuanto a practicidad. Si además tenemos en cuenta que la versión más equipada, con cambio automático añadido, tapicería de piel, tracción las cuatro ruedas y reductora, no supera los 36.360 euros, ¿a que ya no es tan feo?

El interior del Rodius tiene buen aspecto, aunque hay que tener presente que en un automóvil con el precio tan ajustado los acabados no pueden presumir de la sofisticación de un Renault Espace, ni ser el paradigma del refinamiento. Incluso así, encontramos ciertas licencias al lujo en el volante y la tapicería de cuero, a juego con algunos revestimientos de las puertas, en el DVD con pantalla de 9”, en la radio con Bluetooth o en la luna delantera calefactada. Sin embargo, la mayoría de terminaciones están realizadas en plásticos duros que, como parte positiva, dan la impresión de ser muy duraderos y resistentes al trato duro. La piel de los asientos y las alfombrillas en tonos claros de nuestra unidad son agradables a la vista, aunque menos sufridas que las de tono gris oscuro, también disponibles. Hay otros detalles que delatan el ahorro en materiales en el interior del Rodius, como el tacto al cerrar alguna de las guanteras, al abrir un cajón que hay bajo el asiento del acompañante, o el sonido seco al cerrar el gran cofre que hay bajo el apoyabrazos central. Lo mismo ocurre con las bandejas de tipo avión que hay tras los respaldos delanteros, cuyo mecanismo es algo duro. Pero si valoramos la funcionalidad y el espacio como una de nuestras prioridades, estas cuestiones quedan en un segundo plano.

Todos los asientos (en disposición de tipo 2-2-3 pasajeros) son deslizantes longitudinalmente, además de reclinables, con lo que es posible configurar una generosa superficie para el descanso. Los de la segunda fila pueden orientarse hacia atrás, ya que giran sobre su propio eje vertical, aunque no se pliegan ni se extraen del habitáculo, a diferencia de la banqueta posterior de tres plazas, que es de tipo corrido. Lo malo es que después de quitarla resulta algo complicado volver a ponerla en su sitio. De todos modos, el maletero de este Ssangyong es tan amplio que pocas veces será necesario liberar espacio, a no ser que vayamos a transportar algún mueble u objeto muy voluminoso. Su capacidad permite albergar el equipaje de todos los pasajeros, ya que cuenta con un mínimo de 470 dm3 y mucha altura. Si avanzamos totalmente el asiento trasero esta cifra crece hasta 800 dm3 y, en configuración de cuatro plazas, el Rodius declara 1.641 dm3.

La postura de conducción es buena, desahogada y con todos los mandos a mano. Los múltiples reglajes del asiento son eléctricos —excepto el apoyo lumbar— y el volante se regula en altura y distancia. El respaldo no ofrece demasiada sujeción lateral y la banqueta es algo corta, pero se perdona. El cambio automático opcional, de cinco marchas, es algo lento y con un salto un poco brusco entre 3ª y 4ª, no obstante aporta suavidad y comodidad de conducción. Para limitar la marcha más alta de forma manual dispone de un pulsador lateral y de botones en el volante, que funcionan cuando colocamos la palanca en la posición M. También tiene un modo “invernal” que aumenta el resbalamiento del convertidor de par, para no comprometer la tracción al arrancar en situaciones de poca adherencia. En cuanto al motor del Ssangyong, es turbodiesel de cinco cilindros, con 165 voluntariosos caballos que mueven con soltura las 2,2 toneladas del Rodius. La única pega es que resulta ruidoso en aceleración.

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