Smart Fortwo Brabus: que tiemble la ciudad

No sabemos qué nos atrae más de este Smart, si su exclusividad, su llamativo aspecto o su deportividad. El Fortwo Brabus es todo un capricho capaz de moverse por zonas urbanas como ningún otro, aunque la distinción tiene un precio.
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Smart Fortwo Brabus: que tiemble la ciudad
Smart Fortwo Brabus: que tiemble la ciudad

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

Las intenciones deportivas de este Smart no sólo se adivinan al ver el emblema Brabus. Las enormes ruedas de perfil ultra bajo le delatan al primer golpe de vista, sobre todo las traseras. Las delanteras, también sobredimensionadas, consiguen más capacidad direccional que las de los otros Smart Fortwo, gracias a su mayor anchura. ¿Estaremos ante un auténtico y derrapador Brabus? Lo cierto es que no. Aunque la velocidad de paso por curva es muy superior a la de los otros Smart Fortwo, el ESP sigue siendo muy intrusivo y actúa con mucho margen de seguridad —y disciplina germana— para que el coche no se desvíe ni un milímetro de la trazada, y para ello nos corta gas —y diversión— con demasiada frecuencia; el reto consiste en ir muy fino para que no entre el ESP y no perder ni un sólo km/h. En curvas lentas y muy cerradas, de más de 90 grados, la cosa cambia, porque el reducido diámetro de giro, de sólo 8,75 metros, permite unos virajes sorprendentes en los que aprovechar el agarre de tan generoso calzado; el Fortwo podría “dar esquinazo” a cualquiera en giros bruscos en los que otros coches, por mucho que girasen el volante, seguirían recto.

El encanto del modelo está a buen nivel y su relación peso/potencia, de 7,8 kg/CV, es su mejor arma, ya que bastan 98 CV para lograr unas prestaciones más que ágiles, sobre todo en desplazamientos urbanos. La prueba de ello es que de 0 a 60 km/h tarda sólo 4,1 segundos, suficiente para dejar atrás incluso a los mensajeros más avezados a nada que se descuiden. Para alcanzar los 100 km/h emplea 9,9 segundos, que dentro del Smart parecen menos. El cambio es de embrague pilotado, de cinco marchas como en los actuales Fortwo, pero con la 1ª y la 5ª acortadas para mejorar las prestaciones, y con una mayor rapidez en las transiciones de velocidad, aunque éstas siguen sin ser especialmente rápidas. Las levas en el volante son de serie.

La velocidad máxima está limitada electrónicamente a 155 km/h, que se pueden mantener tanto en 4ª como en 5ª, aunque a ese ritmo el sonido que llega al habitáculo obliga a elevar la voz más de la cuenta para mantener una conversación, sobre todo en el cabrio, cuya capota de lona no aísla tanto como el techo panorámico transparente de policarbonato del coupé.

Exteriormente, la deportividad también queda patente por las aletas traseras sobredimensionadas, la suspensión rebajada en 10 mm, los faldones y las llantas Brabus específicas, con un acabado muy brillante y de aspecto impecable. Si además se trata del acabado Xclusive, los retrovisores y faldones irán pintados en el color de la carrocería, que en esta terminación, unos 3.000 euros más cara, sólo puede ser plateada o negra. Este aumento en la ya de por sí elevada factura final incluye además tapicería de cuero, asientos calefactados, airbags laterales de cabeza y algún que otro remate en piel, que se suma al generoso equipamiento de la versión básica, que sí puede ir pintada en todos los colores de la gama smart. No se echa nada de menos, incluso el freno de mano tiene el logo de Brabus grabado en su pomo metálico. Los pedales son de aluminio y el volante es de cuero, de poco diámetro y con el aro muy grueso. A diferencia de los fortwo normales, la dirección es asistida y mucho más directa, por lo que el agrado de conducción y la facilidad para maniobrar aumentan.

El punto débil es el precio, lo bastante alto como para que no nos crucemos con muchos Smart Fortwo Brabus. Parte de 17.350 euros del coupé básico y llega hasta los 23.300 euros del cabrio Xclusive. Normalmente por biplaza deportivo nos vienen a la mente modelos tipo Boxster, Z4, MX-5... en cualquier caso, si te lo puedes permitir, como segundo o tercer coche podría ser todo un acierto. Si te sobra presupuesto personalízalo en Brabus con su programa “taylor-made” de modelos a medida, y por unos 30.000 euros tendrás un coche verdaderamente único, con Alcantara, costuras a juego con el tono del coche, llantas pintadas, colores especiales, antinieblas de doble óptica y todo o casi todo lo que se nos ocurra. Que no falte exclusividad.

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