Smart Fortwo Coupé mhd Vs Toyota iQ 1.0 VVT-i

En tres metros escasos, Toyota ha realizado un microcoche urbano con mayor capacidad y polivalencia que el Smart Fortwo. El iQ 1.0 VVT-i puede incluso salir a carretera sin complejos y con más gente a bordo. Una pena que los desarrollos sean tan largos.
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Smart Fortwo Coupé mhd Vs Toyota iQ 1.0 VVT-i
Smart Fortwo Coupé mhd Vs Toyota iQ 1.0 VVT-i

La evaluación de las prestaciones, sin resultar brillantes en ningún caso, es el resultado obvio de todo lo dicho anteriormente. Si se trata de acelerar, el Toyota iQ 1.0 VVT-i gana con cierta holgura; si hay que recuperar el ritmo, el Smart Fortwo mhd saca ventaja de su cambio automático, aunque siempre es más agradable reducir tres marchas en el Toyota iQ 1.0 VVT-i que hacer un kick-down en el Smart Fortwo mhd.

La ventaja del Toyota iQ 1.0 VVT-i sobre el Smart Fortwo mhdestá en sus dos asientos traseros, aunque el espacio disponible con tal configuración es crítico. Con el asiento del copiloto echado hacia adelante hasta un punto algo incómodo para él, detrás no hay mucho más de 60 centímetros para las rodillas de un posible pasajero. Y si alguien se atreve a ir detrás del conductor, mejor que sea un niño de 1,35 a 1,50 metros de altura (si necesita un SRI, lo tenemos complicado).

El puesto de conducción está bien resuelto aunque no hay muchos reglajes. El volante no se ajusta en distancia y el asiento no se mueve en altura. Los asientos tienen una banqueta de generosas dimensiones, pero el respaldo no ofrece un buen apoyo lumbar, por lo que las personas con espalda sensible tendrán que ajustar bien la inclinación para no sufrir con el paso de los kilómetros. Son mejores los asientos del Smart Fortwo.

Las dos puertas tienen unas generosas dimensiones y un amplio grado de apertura, cercano a los 90º. Para facilitar el acceso a las estrechas y angostas plazas posteriores, los asientos delanteros tienen sistema easy-entry en el Toyota iQ 1.0 VVT-i.

La banqueta trasera se levanta tirando de una cinta central y encontramos un pequeño hueco debajo. En el maletero cabe a duras penas un portátil, pero bajo el piso hay un vano para guardar los triángulos y una lona cubreequipajes que se engancha con unos automáticos a los laterales si decidimos abatir los asientos posteriores.

Aunque hay más guiños al diseño en el Smart Fortwo, encontramos mayor atención por los detalles prácticos en el Toyota iQ 1.0 VVT-i, como dos elevalunas eléctricos secuenciales, la luz en el techo orientable, los mandos de la radio en el volante -un poco achatado por abajo, forrado en cuero y de aro grueso- o la guantera extraíble.

La visibilidad a través de los amplios retrovisores es mejor en el Toyota iQ 1.0 VVT-i pero no tanto hacia atrás -por los reposacabezas traseros- salvo que prescindamos de las plazas posteriores. Tanto en uno como en otro, las cuatro esquinas del coche están tan cerca del conductor que da la sensación de que se pueden tocar alargando la mano. Para aparcar resulta cómodo, pero al salir de un stop o ceda el paso en oblicuo, los montantes traseros molestan un poco.

Mientras que el Smart Fortwo se conforma con dos airbags de serie -conductor y pasajero- más los de cortina opcionales, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i encontramos nada menos que nueve: dos frontales, dos laterales, dos de cortina, uno para las rodillas del conductor, otro «submarino» y, por último, uno de cortina en la luneta trasera.

En lo referente a ayudas electrónicas, los dos tienen de todo, pero el planteamiento es ligeramente distinto. Para decirlo con pocas palabras, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i el control de estabilidad es un complemento mientras que en el Smart Fortwo mhd es una necesidad.

Al Smart no hay que buscarle mucho las cosquillas para que nos obsequie con un generoso intento de deslizar el morro —si no lo hace más es porque «San ESP» está siempre vigilante—, mientras que al Toyota iQ 1.0 VVT-i conviene no forzarlo demasiado para evitar el molesto pitido del VSC+ —que siempre está activo por encima de 60 km/h—, pero no porque nos sintamos inseguros. El control de estabilidad del Toyota iQ 1.0 VVT-i, incluso, tiene asistencia a la dirección.

Por último, una vez que ya conocemos los precios definitivos de la gama Toyota iQ , así como el equipamiento de serie y opcional, el Toyota iQ 1.0 VVT-i llega a resultar más barato que un Smart Fortwo mhd Passion con el equipamiento igualado en la medida de lo posible.

Si escogemos un Toyota iQ 1.0 VVT-i Multidrive S con cambio automático para compensar la transmisión del Smart Fortwo mhd , entonces el Toyota iQ sí que cuesta unos 1.000 euros más, aunque a cambio ofrece dos plazas más y multitud de detalles que pueden compensar con creces tal diferencia.

Hablando en plata, estamos en 12.500 como mínimo, un desembolso desorbitado pero acorde con el planteamiento de ambos modelos, que a fin de cuentas son un par de caprichos.

En resumen, más ágil a pesar de ser más grande y más capaz en todos los sentidos -tanto en lo que se refiere al espacio interior como en lo que respecta a cualidades dinámicas-, el Toyota iQ 1.0 VVT-i sólo tiene la desventaja real del precio, aspecto que se agrava si añadimos el cambio Multidrive para igualar el tipo de transmisión. Y, por cierto, es una opción a tener muy en cuenta, porque con el CVT el Toyota iQ 1.0 VVT-i es un juguete.

Smart Fortwo
— Consumo contenido
— Agilidad urbana
— Tecnología aplicada

Toyota iQ
— Agilidad urbana
— Motor suave y agradable
— Equipamiento de serie

Smart Fortwo
— Cambio incómodo
— Precio y equipamiento
— Comportamiento nervioso

Toyota iQ
— Desarrollos larguísimos
— Precio elevado
— Asientos sin apoyo lumbar

Duelo de pequeños
¿Qué prefieren los usuarios?

La evaluación de las prestaciones, sin resultar brillantes en ningún caso, es el resultado obvio de todo lo dicho anteriormente. Si se trata de acelerar, el Toyota iQ 1.0 VVT-i gana con cierta holgura; si hay que recuperar el ritmo, el Smart Fortwo mhd saca ventaja de su cambio automático, aunque siempre es más agradable reducir tres marchas en el Toyota iQ 1.0 VVT-i que hacer un kick-down en el Smart Fortwo mhd.

La ventaja del Toyota iQ 1.0 VVT-i sobre el Smart Fortwo mhdestá en sus dos asientos traseros, aunque el espacio disponible con tal configuración es crítico. Con el asiento del copiloto echado hacia adelante hasta un punto algo incómodo para él, detrás no hay mucho más de 60 centímetros para las rodillas de un posible pasajero. Y si alguien se atreve a ir detrás del conductor, mejor que sea un niño de 1,35 a 1,50 metros de altura (si necesita un SRI, lo tenemos complicado).

El puesto de conducción está bien resuelto aunque no hay muchos reglajes. El volante no se ajusta en distancia y el asiento no se mueve en altura. Los asientos tienen una banqueta de generosas dimensiones, pero el respaldo no ofrece un buen apoyo lumbar, por lo que las personas con espalda sensible tendrán que ajustar bien la inclinación para no sufrir con el paso de los kilómetros. Son mejores los asientos del Smart Fortwo.

Las dos puertas tienen unas generosas dimensiones y un amplio grado de apertura, cercano a los 90º. Para facilitar el acceso a las estrechas y angostas plazas posteriores, los asientos delanteros tienen sistema easy-entry en el Toyota iQ 1.0 VVT-i.

La banqueta trasera se levanta tirando de una cinta central y encontramos un pequeño hueco debajo. En el maletero cabe a duras penas un portátil, pero bajo el piso hay un vano para guardar los triángulos y una lona cubreequipajes que se engancha con unos automáticos a los laterales si decidimos abatir los asientos posteriores.

Aunque hay más guiños al diseño en el Smart Fortwo, encontramos mayor atención por los detalles prácticos en el Toyota iQ 1.0 VVT-i, como dos elevalunas eléctricos secuenciales, la luz en el techo orientable, los mandos de la radio en el volante -un poco achatado por abajo, forrado en cuero y de aro grueso- o la guantera extraíble.

La visibilidad a través de los amplios retrovisores es mejor en el Toyota iQ 1.0 VVT-i pero no tanto hacia atrás -por los reposacabezas traseros- salvo que prescindamos de las plazas posteriores. Tanto en uno como en otro, las cuatro esquinas del coche están tan cerca del conductor que da la sensación de que se pueden tocar alargando la mano. Para aparcar resulta cómodo, pero al salir de un stop o ceda el paso en oblicuo, los montantes traseros molestan un poco.

Mientras que el Smart Fortwo se conforma con dos airbags de serie -conductor y pasajero- más los de cortina opcionales, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i encontramos nada menos que nueve: dos frontales, dos laterales, dos de cortina, uno para las rodillas del conductor, otro «submarino» y, por último, uno de cortina en la luneta trasera.

En lo referente a ayudas electrónicas, los dos tienen de todo, pero el planteamiento es ligeramente distinto. Para decirlo con pocas palabras, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i el control de estabilidad es un complemento mientras que en el Smart Fortwo mhd es una necesidad.

Al Smart no hay que buscarle mucho las cosquillas para que nos obsequie con un generoso intento de deslizar el morro —si no lo hace más es porque «San ESP» está siempre vigilante—, mientras que al Toyota iQ 1.0 VVT-i conviene no forzarlo demasiado para evitar el molesto pitido del VSC+ —que siempre está activo por encima de 60 km/h—, pero no porque nos sintamos inseguros. El control de estabilidad del Toyota iQ 1.0 VVT-i, incluso, tiene asistencia a la dirección.

Por último, una vez que ya conocemos los precios definitivos de la gama Toyota iQ , así como el equipamiento de serie y opcional, el Toyota iQ 1.0 VVT-i llega a resultar más barato que un Smart Fortwo mhd Passion con el equipamiento igualado en la medida de lo posible.

Si escogemos un Toyota iQ 1.0 VVT-i Multidrive S con cambio automático para compensar la transmisión del Smart Fortwo mhd , entonces el Toyota iQ sí que cuesta unos 1.000 euros más, aunque a cambio ofrece dos plazas más y multitud de detalles que pueden compensar con creces tal diferencia.

Hablando en plata, estamos en 12.500 como mínimo, un desembolso desorbitado pero acorde con el planteamiento de ambos modelos, que a fin de cuentas son un par de caprichos.

En resumen, más ágil a pesar de ser más grande y más capaz en todos los sentidos -tanto en lo que se refiere al espacio interior como en lo que respecta a cualidades dinámicas-, el Toyota iQ 1.0 VVT-i sólo tiene la desventaja real del precio, aspecto que se agrava si añadimos el cambio Multidrive para igualar el tipo de transmisión. Y, por cierto, es una opción a tener muy en cuenta, porque con el CVT el Toyota iQ 1.0 VVT-i es un juguete.

Smart Fortwo
— Consumo contenido
— Agilidad urbana
— Tecnología aplicada

Toyota iQ
— Agilidad urbana
— Motor suave y agradable
— Equipamiento de serie

Smart Fortwo
— Cambio incómodo
— Precio y equipamiento
— Comportamiento nervioso

Toyota iQ
— Desarrollos larguísimos
— Precio elevado
— Asientos sin apoyo lumbar

Duelo de pequeños
¿Qué prefieren los usuarios?

La evaluación de las prestaciones, sin resultar brillantes en ningún caso, es el resultado obvio de todo lo dicho anteriormente. Si se trata de acelerar, el Toyota iQ 1.0 VVT-i gana con cierta holgura; si hay que recuperar el ritmo, el Smart Fortwo mhd saca ventaja de su cambio automático, aunque siempre es más agradable reducir tres marchas en el Toyota iQ 1.0 VVT-i que hacer un kick-down en el Smart Fortwo mhd.

La ventaja del Toyota iQ 1.0 VVT-i sobre el Smart Fortwo mhdestá en sus dos asientos traseros, aunque el espacio disponible con tal configuración es crítico. Con el asiento del copiloto echado hacia adelante hasta un punto algo incómodo para él, detrás no hay mucho más de 60 centímetros para las rodillas de un posible pasajero. Y si alguien se atreve a ir detrás del conductor, mejor que sea un niño de 1,35 a 1,50 metros de altura (si necesita un SRI, lo tenemos complicado).

El puesto de conducción está bien resuelto aunque no hay muchos reglajes. El volante no se ajusta en distancia y el asiento no se mueve en altura. Los asientos tienen una banqueta de generosas dimensiones, pero el respaldo no ofrece un buen apoyo lumbar, por lo que las personas con espalda sensible tendrán que ajustar bien la inclinación para no sufrir con el paso de los kilómetros. Son mejores los asientos del Smart Fortwo.

Las dos puertas tienen unas generosas dimensiones y un amplio grado de apertura, cercano a los 90º. Para facilitar el acceso a las estrechas y angostas plazas posteriores, los asientos delanteros tienen sistema easy-entry en el Toyota iQ 1.0 VVT-i.

La banqueta trasera se levanta tirando de una cinta central y encontramos un pequeño hueco debajo. En el maletero cabe a duras penas un portátil, pero bajo el piso hay un vano para guardar los triángulos y una lona cubreequipajes que se engancha con unos automáticos a los laterales si decidimos abatir los asientos posteriores.

Aunque hay más guiños al diseño en el Smart Fortwo, encontramos mayor atención por los detalles prácticos en el Toyota iQ 1.0 VVT-i, como dos elevalunas eléctricos secuenciales, la luz en el techo orientable, los mandos de la radio en el volante -un poco achatado por abajo, forrado en cuero y de aro grueso- o la guantera extraíble.

La visibilidad a través de los amplios retrovisores es mejor en el Toyota iQ 1.0 VVT-i pero no tanto hacia atrás -por los reposacabezas traseros- salvo que prescindamos de las plazas posteriores. Tanto en uno como en otro, las cuatro esquinas del coche están tan cerca del conductor que da la sensación de que se pueden tocar alargando la mano. Para aparcar resulta cómodo, pero al salir de un stop o ceda el paso en oblicuo, los montantes traseros molestan un poco.

Mientras que el Smart Fortwo se conforma con dos airbags de serie -conductor y pasajero- más los de cortina opcionales, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i encontramos nada menos que nueve: dos frontales, dos laterales, dos de cortina, uno para las rodillas del conductor, otro «submarino» y, por último, uno de cortina en la luneta trasera.

En lo referente a ayudas electrónicas, los dos tienen de todo, pero el planteamiento es ligeramente distinto. Para decirlo con pocas palabras, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i el control de estabilidad es un complemento mientras que en el Smart Fortwo mhd es una necesidad.

Al Smart no hay que buscarle mucho las cosquillas para que nos obsequie con un generoso intento de deslizar el morro —si no lo hace más es porque «San ESP» está siempre vigilante—, mientras que al Toyota iQ 1.0 VVT-i conviene no forzarlo demasiado para evitar el molesto pitido del VSC+ —que siempre está activo por encima de 60 km/h—, pero no porque nos sintamos inseguros. El control de estabilidad del Toyota iQ 1.0 VVT-i, incluso, tiene asistencia a la dirección.

Por último, una vez que ya conocemos los precios definitivos de la gama Toyota iQ , así como el equipamiento de serie y opcional, el Toyota iQ 1.0 VVT-i llega a resultar más barato que un Smart Fortwo mhd Passion con el equipamiento igualado en la medida de lo posible.

Si escogemos un Toyota iQ 1.0 VVT-i Multidrive S con cambio automático para compensar la transmisión del Smart Fortwo mhd , entonces el Toyota iQ sí que cuesta unos 1.000 euros más, aunque a cambio ofrece dos plazas más y multitud de detalles que pueden compensar con creces tal diferencia.

Hablando en plata, estamos en 12.500 como mínimo, un desembolso desorbitado pero acorde con el planteamiento de ambos modelos, que a fin de cuentas son un par de caprichos.

En resumen, más ágil a pesar de ser más grande y más capaz en todos los sentidos -tanto en lo que se refiere al espacio interior como en lo que respecta a cualidades dinámicas-, el Toyota iQ 1.0 VVT-i sólo tiene la desventaja real del precio, aspecto que se agrava si añadimos el cambio Multidrive para igualar el tipo de transmisión. Y, por cierto, es una opción a tener muy en cuenta, porque con el CVT el Toyota iQ 1.0 VVT-i es un juguete.

Smart Fortwo
— Consumo contenido
— Agilidad urbana
— Tecnología aplicada

Toyota iQ
— Agilidad urbana
— Motor suave y agradable
— Equipamiento de serie

Smart Fortwo
— Cambio incómodo
— Precio y equipamiento
— Comportamiento nervioso

Toyota iQ
— Desarrollos larguísimos
— Precio elevado
— Asientos sin apoyo lumbar

Duelo de pequeños
¿Qué prefieren los usuarios?

La evaluación de las prestaciones, sin resultar brillantes en ningún caso, es el resultado obvio de todo lo dicho anteriormente. Si se trata de acelerar, el Toyota iQ 1.0 VVT-i gana con cierta holgura; si hay que recuperar el ritmo, el Smart Fortwo mhd saca ventaja de su cambio automático, aunque siempre es más agradable reducir tres marchas en el Toyota iQ 1.0 VVT-i que hacer un kick-down en el Smart Fortwo mhd.

La ventaja del Toyota iQ 1.0 VVT-i sobre el Smart Fortwo mhdestá en sus dos asientos traseros, aunque el espacio disponible con tal configuración es crítico. Con el asiento del copiloto echado hacia adelante hasta un punto algo incómodo para él, detrás no hay mucho más de 60 centímetros para las rodillas de un posible pasajero. Y si alguien se atreve a ir detrás del conductor, mejor que sea un niño de 1,35 a 1,50 metros de altura (si necesita un SRI, lo tenemos complicado).

El puesto de conducción está bien resuelto aunque no hay muchos reglajes. El volante no se ajusta en distancia y el asiento no se mueve en altura. Los asientos tienen una banqueta de generosas dimensiones, pero el respaldo no ofrece un buen apoyo lumbar, por lo que las personas con espalda sensible tendrán que ajustar bien la inclinación para no sufrir con el paso de los kilómetros. Son mejores los asientos del Smart Fortwo.

Las dos puertas tienen unas generosas dimensiones y un amplio grado de apertura, cercano a los 90º. Para facilitar el acceso a las estrechas y angostas plazas posteriores, los asientos delanteros tienen sistema easy-entry en el Toyota iQ 1.0 VVT-i.

La banqueta trasera se levanta tirando de una cinta central y encontramos un pequeño hueco debajo. En el maletero cabe a duras penas un portátil, pero bajo el piso hay un vano para guardar los triángulos y una lona cubreequipajes que se engancha con unos automáticos a los laterales si decidimos abatir los asientos posteriores.

Aunque hay más guiños al diseño en el Smart Fortwo, encontramos mayor atención por los detalles prácticos en el Toyota iQ 1.0 VVT-i, como dos elevalunas eléctricos secuenciales, la luz en el techo orientable, los mandos de la radio en el volante -un poco achatado por abajo, forrado en cuero y de aro grueso- o la guantera extraíble.

La visibilidad a través de los amplios retrovisores es mejor en el Toyota iQ 1.0 VVT-i pero no tanto hacia atrás -por los reposacabezas traseros- salvo que prescindamos de las plazas posteriores. Tanto en uno como en otro, las cuatro esquinas del coche están tan cerca del conductor que da la sensación de que se pueden tocar alargando la mano. Para aparcar resulta cómodo, pero al salir de un stop o ceda el paso en oblicuo, los montantes traseros molestan un poco.

Mientras que el Smart Fortwo se conforma con dos airbags de serie -conductor y pasajero- más los de cortina opcionales, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i encontramos nada menos que nueve: dos frontales, dos laterales, dos de cortina, uno para las rodillas del conductor, otro «submarino» y, por último, uno de cortina en la luneta trasera.

En lo referente a ayudas electrónicas, los dos tienen de todo, pero el planteamiento es ligeramente distinto. Para decirlo con pocas palabras, en el Toyota iQ 1.0 VVT-i el control de estabilidad es un complemento mientras que en el Smart Fortwo mhd es una necesidad.

Al Smart no hay que buscarle mucho las cosquillas para que nos obsequie con un generoso intento de deslizar el morro —si no lo hace más es porque «San ESP» está siempre vigilante—, mientras que al Toyota iQ 1.0 VVT-i conviene no forzarlo demasiado para evitar el molesto pitido del VSC+ —que siempre está activo por encima de 60 km/h—, pero no porque nos sintamos inseguros. El control de estabilidad del Toyota iQ 1.0 VVT-i, incluso, tiene asistencia a la dirección.

Por último, una vez que ya conocemos los precios definitivos de la gama Toyota iQ , así como el equipamiento de serie y opcional, el Toyota iQ 1.0 VVT-i llega a resultar más barato que un Smart Fortwo mhd Passion con el equipamiento igualado en la medida de lo posible.

Si escogemos un Toyota iQ 1.0 VVT-i Multidrive S con cambio automático para compensar la transmisión del Smart Fortwo mhd , entonces el Toyota iQ sí que cuesta unos 1.000 euros más, aunque a cambio ofrece dos plazas más y multitud de detalles que pueden compensar con creces tal diferencia.

Hablando en plata, estamos en 12.500 como mínimo, un desembolso desorbitado pero acorde con el planteamiento de ambos modelos, que a fin de cuentas son un par de caprichos.

En resumen, más ágil a pesar de ser más grande y más capaz en todos los sentidos -tanto en lo que se refiere al espacio interior como en lo que respecta a cualidades dinámicas-, el Toyota iQ 1.0 VVT-i sólo tiene la desventaja real del precio, aspecto que se agrava si añadimos el cambio Multidrive para igualar el tipo de transmisión. Y, por cierto, es una opción a tener muy en cuenta, porque con el CVT el Toyota iQ 1.0 VVT-i es un juguete.

Smart Fortwo
— Consumo contenido
— Agilidad urbana
— Tecnología aplicada

Toyota iQ
— Agilidad urbana
— Motor suave y agradable
— Equipamiento de serie

Smart Fortwo
— Cambio incómodo
— Precio y equipamiento
— Comportamiento nervioso

Toyota iQ
— Desarrollos larguísimos
— Precio elevado
— Asientos sin apoyo lumbar

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