smart fortwo

Sigue siendo la miniaturización del utilitario más comprometido con la causa. Pero había que mejorar la seguridad, el confort y la dinámica, y estos objetivos han llevado a desarrollar una segunda generación fortwo menos pequeña para hacerlo más coche.
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Sigues encontrando sitio para aparcarlo a la primera, aunque ahora mida 2,70 metros de largo, 20 centímetros más, que habíamos cuestionado si no dañarían la auténtica razón de ser del fortwo. Pero en la práctica, su crecimiento es simbólico para la maniobra (aun con una dirección lenta -3,5 vueltas entre topes-, sigue cambiando de sentido en menos de 9 metros) y definitivo por todo lo demás.

La seguridad ha mejorado, por activa, con una plataforma derivada de la anterior pero con trenes rodantes optimizados. La huella de sustentación es mayor, por una batalla alargada (de 181 a 187 cm) y anchos de vías mayores. Neumáticos delanteros más anchos (se pasa de 145 a 155 como monta mínima) y nueva dirección y frenos suman y te ofrecen desde el primer metro una mayor precisión y sensación de pisada más aplomada, muy significativo lejos de la urbe.

Allí sigue siendo un peculiar smart, con una dinámica completamente diferente a cualquier otro pequeño utilitario. Dirección voluntariamente lenta para no agilizar extremadamente sus apoyos, cortos recorridos de suspensión para minimizar balanceos y cotas reducidas condicionan su estabilidad lineal y sus trazadas, más sobre baches y con ráfagas de viento lateral, pero sus movimientos y serpenteos se han reducido y en buenas condiciones, incluso entre curvas, su pisada y reacciones no crean incertidumbres.

De alguna manera, lo sientes mucho menos “juguete” que el anterior fortwo y esa sensación real se ha premiado con una velocidad que sigue estando autolimitada en todas las versiones, pero que, salvo en el Diesel, pasa de 135 a 145 km/h.

La seguridad viene también por otro lado, con voladizos, ambos, 7 centímetros más largos, que aseguran mejores resultados frente a impactos. Las estructuras de las puertas, antes de aluminio, son de acero y pueden ahora montar airbags laterales que cubren hasta la cabeza. Los centímetros posteriores ganados también aumentan la capacidad del maletero, que pasa de 150 a 220 litros (340 hasta el techo). Mejores asientos, más espacio interior, mayor equipamiento (no podía faltar el navegador de moda) y mejores acabados aumentan el confort, donde también inciden nuevos motores más potentes y refinados, así como una nueva caja de cambios, también manual robotizada, pero más rápida.

Sigues encontrando sitio para aparcarlo a la primera, aunque ahora mida 2,70 metros de largo, 20 centímetros más, que habíamos cuestionado si no dañarían la auténtica razón de ser del fortwo. Pero en la práctica, su crecimiento es simbólico para la maniobra (aun con una dirección lenta -3,5 vueltas entre topes-, sigue cambiando de sentido en menos de 9 metros) y definitivo por todo lo demás.

La seguridad ha mejorado, por activa, con una plataforma derivada de la anterior pero con trenes rodantes optimizados. La huella de sustentación es mayor, por una batalla alargada (de 181 a 187 cm) y anchos de vías mayores. Neumáticos delanteros más anchos (se pasa de 145 a 155 como monta mínima) y nueva dirección y frenos suman y te ofrecen desde el primer metro una mayor precisión y sensación de pisada más aplomada, muy significativo lejos de la urbe.

Allí sigue siendo un peculiar smart, con una dinámica completamente diferente a cualquier otro pequeño utilitario. Dirección voluntariamente lenta para no agilizar extremadamente sus apoyos, cortos recorridos de suspensión para minimizar balanceos y cotas reducidas condicionan su estabilidad lineal y sus trazadas, más sobre baches y con ráfagas de viento lateral, pero sus movimientos y serpenteos se han reducido y en buenas condiciones, incluso entre curvas, su pisada y reacciones no crean incertidumbres.

De alguna manera, lo sientes mucho menos “juguete” que el anterior fortwo y esa sensación real se ha premiado con una velocidad que sigue estando autolimitada en todas las versiones, pero que, salvo en el Diesel, pasa de 135 a 145 km/h.

La seguridad viene también por otro lado, con voladizos, ambos, 7 centímetros más largos, que aseguran mejores resultados frente a impactos. Las estructuras de las puertas, antes de aluminio, son de acero y pueden ahora montar airbags laterales que cubren hasta la cabeza. Los centímetros posteriores ganados también aumentan la capacidad del maletero, que pasa de 150 a 220 litros (340 hasta el techo). Mejores asientos, más espacio interior, mayor equipamiento (no podía faltar el navegador de moda) y mejores acabados aumentan el confort, donde también inciden nuevos motores más potentes y refinados, así como una nueva caja de cambios, también manual robotizada, pero más rápida.

Sigues encontrando sitio para aparcarlo a la primera, aunque ahora mida 2,70 metros de largo, 20 centímetros más, que habíamos cuestionado si no dañarían la auténtica razón de ser del fortwo. Pero en la práctica, su crecimiento es simbólico para la maniobra (aun con una dirección lenta -3,5 vueltas entre topes-, sigue cambiando de sentido en menos de 9 metros) y definitivo por todo lo demás.

La seguridad ha mejorado, por activa, con una plataforma derivada de la anterior pero con trenes rodantes optimizados. La huella de sustentación es mayor, por una batalla alargada (de 181 a 187 cm) y anchos de vías mayores. Neumáticos delanteros más anchos (se pasa de 145 a 155 como monta mínima) y nueva dirección y frenos suman y te ofrecen desde el primer metro una mayor precisión y sensación de pisada más aplomada, muy significativo lejos de la urbe.

Allí sigue siendo un peculiar smart, con una dinámica completamente diferente a cualquier otro pequeño utilitario. Dirección voluntariamente lenta para no agilizar extremadamente sus apoyos, cortos recorridos de suspensión para minimizar balanceos y cotas reducidas condicionan su estabilidad lineal y sus trazadas, más sobre baches y con ráfagas de viento lateral, pero sus movimientos y serpenteos se han reducido y en buenas condiciones, incluso entre curvas, su pisada y reacciones no crean incertidumbres.

De alguna manera, lo sientes mucho menos “juguete” que el anterior fortwo y esa sensación real se ha premiado con una velocidad que sigue estando autolimitada en todas las versiones, pero que, salvo en el Diesel, pasa de 135 a 145 km/h.

La seguridad viene también por otro lado, con voladizos, ambos, 7 centímetros más largos, que aseguran mejores resultados frente a impactos. Las estructuras de las puertas, antes de aluminio, son de acero y pueden ahora montar airbags laterales que cubren hasta la cabeza. Los centímetros posteriores ganados también aumentan la capacidad del maletero, que pasa de 150 a 220 litros (340 hasta el techo). Mejores asientos, más espacio interior, mayor equipamiento (no podía faltar el navegador de moda) y mejores acabados aumentan el confort, donde también inciden nuevos motores más potentes y refinados, así como una nueva caja de cambios, también manual robotizada, pero más rápida.

Sigues encontrando sitio para aparcarlo a la primera, aunque ahora mida 2,70 metros de largo, 20 centímetros más, que habíamos cuestionado si no dañarían la auténtica razón de ser del fortwo. Pero en la práctica, su crecimiento es simbólico para la maniobra (aun con una dirección lenta -3,5 vueltas entre topes-, sigue cambiando de sentido en menos de 9 metros) y definitivo por todo lo demás.

La seguridad ha mejorado, por activa, con una plataforma derivada de la anterior pero con trenes rodantes optimizados. La huella de sustentación es mayor, por una batalla alargada (de 181 a 187 cm) y anchos de vías mayores. Neumáticos delanteros más anchos (se pasa de 145 a 155 como monta mínima) y nueva dirección y frenos suman y te ofrecen desde el primer metro una mayor precisión y sensación de pisada más aplomada, muy significativo lejos de la urbe.

Allí sigue siendo un peculiar smart, con una dinámica completamente diferente a cualquier otro pequeño utilitario. Dirección voluntariamente lenta para no agilizar extremadamente sus apoyos, cortos recorridos de suspensión para minimizar balanceos y cotas reducidas condicionan su estabilidad lineal y sus trazadas, más sobre baches y con ráfagas de viento lateral, pero sus movimientos y serpenteos se han reducido y en buenas condiciones, incluso entre curvas, su pisada y reacciones no crean incertidumbres.

De alguna manera, lo sientes mucho menos “juguete” que el anterior fortwo y esa sensación real se ha premiado con una velocidad que sigue estando autolimitada en todas las versiones, pero que, salvo en el Diesel, pasa de 135 a 145 km/h.

La seguridad viene también por otro lado, con voladizos, ambos, 7 centímetros más largos, que aseguran mejores resultados frente a impactos. Las estructuras de las puertas, antes de aluminio, son de acero y pueden ahora montar airbags laterales que cubren hasta la cabeza. Los centímetros posteriores ganados también aumentan la capacidad del maletero, que pasa de 150 a 220 litros (340 hasta el techo). Mejores asientos, más espacio interior, mayor equipamiento (no podía faltar el navegador de moda) y mejores acabados aumentan el confort, donde también inciden nuevos motores más potentes y refinados, así como una nueva caja de cambios, también manual robotizada, pero más rápida.

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