Skoda Fabia 1.4 TDI/80 Young

Gracias a su mayor tamaño, estética más personal y al económico motor de tres cilindros y 80 CV de potencia, el Skoda Fabia se apunta al género de coches prácticos, de uso diario, pero que no dejan vacíos los bolsillos de sus usuarios.
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Skoda Fabia 1.4 TDI/80 Young
Skoda Fabia 1.4 TDI/80 Young

Como no podía ser de otra manera, esta versión del Fabia se destina a los usuarios más complacientes con las limitaciones draconianas que nos rodean. Aun así, su conducta le permitiría digerir una buena dosis de potencia y par sin que el bastidor sufriera mucho. En este caso, sólo muy de vez en cuando se percibe alguna pérdida de motricidad en situaciones exigentes, como un arranque brusco, por ejemplo, pero luego, en marcha, por mucho que se apriete el acelerador, suspensiones y bastidor asimilan lo que les manda el motor con total naturalidad.

Las curvas no son un especial problema para el bastidor del Fabia. Como es lógico, no debemos esperar una eficacia de GTI, pero el tren delantero no se caracteriza por un subviraje acusado. Simplemente, le deja un mínimo tiempo al conductor para calcular el giro adecuado y, como el tren trasero se manifiesta con la más alta nobleza, el resultado es un manejo de lo más sencillo y falto de sorpresas. Todo es previsible, sencillo y natural. Lo más adecuado para el conductor de nivel medio.

Sorprende un poco el sistema de frenos elegido, pues en las ruedas traseras se dispone de frenos de tambor. Puede que en un tren donde el poder de frenada necesario es pequeño, excepto cuando el coche va cargado, y en un modelo de modestas prestaciones, no se necesiten discos para el trabajo habitual que se exige, pero, ya bien entrado el siglo XXI, encontrar tambores en un coche de casi 15.000 euros de precio es, cuando menos, algo decepcionante. Y lo peor es que este panorama poco optimista se traduce en las distancias de frenado obtenidas, que están bien lejanas a las de los mejores de la categoría. Al menos la resistencia al calentamiento resulta adecuada para un coche de estas características.

Dice la sabiduría popular que no hay quinto malo. Pero esto no se cumple en el Fabia. El quinto pasajero, aquél destinado a utilizar la plaza –o semiplaza- central de la banqueta posterior no es, precisamente, el más afortunado. Y no sólo porque el espacio real entre las dos laterales es raquítico, sino porque tampoco dispone de reposacabezas y el espacio entre los cierres de los cinturones no le garantiza una sujeción cómoda. Sus acompañantes van bastante mejor, y el espacio para la cabeza y piernas es bastante holgado. Y esto no es sólo una apreciación personal, también la cinta métrica confirma que se han perdido varios centímetros de anchura útil tanto delante como detrás en el paso de una a otra generación de Fabia.

Delante, el panorama es mejor, aunque también es más estrecho. Sorprende lo alejadas que están de la cabeza las esquinas del techo, dando una gratificante sensación de espacio. El salpicadero posee un diseño atractivo y con unos plásticos de buena calidad visual, aunque la mayoría de ellos son rígidos. El único pero lo encontramos en el diseño de la consola central, cuyas esquinas inferiores pueden ser golpeadas por las rodillas de los ocupantes si se aposentan en sus asientos respectivos con cierta energía.

Los asientos son bastante sencillos, pero cómodos, aunque no disponen de regulación de apoyo lumbar. Dado que el mullido del respaldo se muestra relativamente blando, esta falta no parece tan sensible como en otros más duros, al adaptarse mejor a la configuración espinal. La sujeción lateral es suficiente para el tipo de conducción que se espera en un modelo de este tipo, por lo que, en conjunto, resulta un equipo confortable. El maletero se convierte en un pilar básico a la hora de afrontar viajes de entidad, pues, con 340 dm3 de capacidad, resulta un factor de ayuda para llevar todo lo imprescindible y más.

Como no podía ser de otra manera, esta versión del Fabia se destina a los usuarios más complacientes con las limitaciones draconianas que nos rodean. Aun así, su conducta le permitiría digerir una buena dosis de potencia y par sin que el bastidor sufriera mucho. En este caso, sólo muy de vez en cuando se percibe alguna pérdida de motricidad en situaciones exigentes, como un arranque brusco, por ejemplo, pero luego, en marcha, por mucho que se apriete el acelerador, suspensiones y bastidor asimilan lo que les manda el motor con total naturalidad.

Las curvas no son un especial problema para el bastidor del Fabia. Como es lógico, no debemos esperar una eficacia de GTI, pero el tren delantero no se caracteriza por un subviraje acusado. Simplemente, le deja un mínimo tiempo al conductor para calcular el giro adecuado y, como el tren trasero se manifiesta con la más alta nobleza, el resultado es un manejo de lo más sencillo y falto de sorpresas. Todo es previsible, sencillo y natural. Lo más adecuado para el conductor de nivel medio.

Sorprende un poco el sistema de frenos elegido, pues en las ruedas traseras se dispone de frenos de tambor. Puede que en un tren donde el poder de frenada necesario es pequeño, excepto cuando el coche va cargado, y en un modelo de modestas prestaciones, no se necesiten discos para el trabajo habitual que se exige, pero, ya bien entrado el siglo XXI, encontrar tambores en un coche de casi 15.000 euros de precio es, cuando menos, algo decepcionante. Y lo peor es que este panorama poco optimista se traduce en las distancias de frenado obtenidas, que están bien lejanas a las de los mejores de la categoría. Al menos la resistencia al calentamiento resulta adecuada para un coche de estas características.

Dice la sabiduría popular que no hay quinto malo. Pero esto no se cumple en el Fabia. El quinto pasajero, aquél destinado a utilizar la plaza –o semiplaza- central de la banqueta posterior no es, precisamente, el más afortunado. Y no sólo porque el espacio real entre las dos laterales es raquítico, sino porque tampoco dispone de reposacabezas y el espacio entre los cierres de los cinturones no le garantiza una sujeción cómoda. Sus acompañantes van bastante mejor, y el espacio para la cabeza y piernas es bastante holgado. Y esto no es sólo una apreciación personal, también la cinta métrica confirma que se han perdido varios centímetros de anchura útil tanto delante como detrás en el paso de una a otra generación de Fabia.

Delante, el panorama es mejor, aunque también es más estrecho. Sorprende lo alejadas que están de la cabeza las esquinas del techo, dando una gratificante sensación de espacio. El salpicadero posee un diseño atractivo y con unos plásticos de buena calidad visual, aunque la mayoría de ellos son rígidos. El único pero lo encontramos en el diseño de la consola central, cuyas esquinas inferiores pueden ser golpeadas por las rodillas de los ocupantes si se aposentan en sus asientos respectivos con cierta energía.

Los asientos son bastante sencillos, pero cómodos, aunque no disponen de regulación de apoyo lumbar. Dado que el mullido del respaldo se muestra relativamente blando, esta falta no parece tan sensible como en otros más duros, al adaptarse mejor a la configuración espinal. La sujeción lateral es suficiente para el tipo de conducción que se espera en un modelo de este tipo, por lo que, en conjunto, resulta un equipo confortable. El maletero se convierte en un pilar básico a la hora de afrontar viajes de entidad, pues, con 340 dm3 de capacidad, resulta un factor de ayuda para llevar todo lo imprescindible y más.

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