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Seat León 1.4 TSI Stylance

La pregunta del millón: ¿Puede un motor gasolina de nueva generación hacer frente a la hegemonía Diesel y, en concreto, a la de los TDI? Este último TSI de 125 CV del grupo VW, parece que sí. Por suavidad, prestaciones y agrado, sin duda. Por consumos queda a la zaga, pero su menor precio puede llegar a compensarlo.
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Seat León 1.4 TSI Stylance
Seat León 1.4 TSI Stylance

Al último exponente de la generación de motores TSI de Volkswagen de baja cilindrada le sobran argumentos. A su empuje e instantaneidad casi turbodiesel une la suavidad y elasticidad propia de su octanaje. Con 125 CV la respuesta es brillante en el Seat León, pero... ¿estamos ante una alternativa real al imparable gasóleo?

Históricamente, la elección de compra entre un buen motor gasolina o un contundente turbodiesel ha venido marcada por los consumos… pero también por su distinta capacidad de respuesta. Que los primeros han superado siempre en refinamiento y sonoridad –también, porqué no decirlo, en economía de adquisición- a los segundos es un hecho que no vamos a descubrir; del mismo modo que estos últimos, además de mostrar una muy superior economía de marcha, han revelado claramente un mejor agrado de uso por su aceleración inmediata desde bajo régimen y, consecuentemente, por su menor dependencia del cambio a velocidades moderadas. Sin embargo, de un año aquí, este sempiterno antagonismo plantea mayores dudas. O, mejor dicho, mucho más localizadas. Porque ante el imparable aumento de las ventas Diesel (actualmente un 73 por ciento del total), los fabricantes han respondido con modernas y afinadas mecánicas sobrealimentadas de gasolina, con menor cilindrada e inyección directa.

Seat cubre con este 1.4 TSI de 125 CV un importante hueco en la gama gasolina de su compacto León: el vacío hasta ahora existente entre el 1.6 de 102 CV –al que este TSI aventaja con creces en todas sus mediciones, consumos incluidos- y el 1.8 TSI de 160 -al que no le separa mucha distancia en prestaciones por un precio más de 3.000 euros menor-.

Buenos ejemplos son los nuevos T-Jet de Fiat, 1.6 THP de BMW-PSA y, sobre todo, la serie 1.4 TSI del grupo Volkswagen. Primero llegaron dos potentes versiones de 140 y 170 CV, al que se unió hace apenas seis meses una variante más pequeña. Introducida entonces en el Golf, llega ahora a Seat con 125 CV, estrenando de paso en la marca española esta generación de propulsores alemanes; y con acierto, porque creemos que por precio, respuesta dinámica y confort de uso es la mejor posicionada para hacer frente a su batalla contra el gasóleo. En el Seat León lo demuestra con un comportamiento similar, si no superior, a los ásperos TDI. Ya únicamente el consumo puede inclinar la balanza hacia estos últimos… y dependiendo además del uso al que lo sometamos.

A diferencia de sus hermanos mayores, este último TSI encomienda su sobrealimentación a un solo turbo, prescindiendo del compresor que emplean las variantes más potentes para ganar fuerza a bajo régimen trabajando desde el ralentí hasta 3.500 rpm. Era, por tanto, de esperar una merma de rendimiento en su primera banda de utilización. Pero nada más lejos de la realidad.

Desde el grupo VW han dotado a esta nueva variante de 125 CV de un turbocompresor específico para reducir sus inercias, capaz de girar hasta 220.000 rpm. Además, este bloque presenta un colector de admisión rediseñado -que ahora se alimenta desde un intercooler refrigerado por agua, en lugar de aire, para asegurar su rendimiento térmico- y una nueva gestión electrónica optimizada para otorgar un margen superior de uso. Y lo consigue, con un resultado final casi redondo, similar a las variantes TSI superiores pero con una respuesta aún más progresiva, al eliminar los ligeros baches de potencia que hemos notado en estos últimos en las transiciones entre el compresor y el turbo.

Con una curva de par muy plana, este TSI ofrece una respuesta muy constante. Su mejor empuje lo da ya desde apenas 1.400 rpm, y no desfallece en absoluto hasta pasadas las 4.500. Su sobrerégimen, en cambio, es bastante menos efectivo, lo que nos habla de un motor casi “Dieselizado”. Su cambio manual de seis relaciones presenta un buen escalonamiento de desarrollos.

Con él, el Seat León se siente pletórico desde antes incluso de 1.500 rpm, donde ya otorga sus mayores cifras de par (impensable hasta ahora en un motor gasolina), con una entrega además absolutamente eficaz y consistente hasta superar las 4.500 vueltas, momento en el que su empuje decae progresivamente hasta llegar al corte, situado en 6.250 rpm. Esta demostración de fuerza habla de su prematura contundencia –al más puro estilo turbodiesel- y su sorprendente elasticidad. Tan solvente se siente que permite movernos con desahogo en las seis marchas de su cambio manual sin superar las 2.500 rpm, lo que se traduce en menores consumos y un excelente placer de uso en ciudad, donde podemos circular tranquilamente en marchas largas, al más puro estilo TDI.

Pero no sólo de agrado vive este León. Obviamente, con este sensacional empuje sus prestaciones son también muy buenas, de gran fiabilidad tanto en aceleraciones como en recuperaciones. Es más, bajo el capó sentimos disponer de más caballos de los 130 que rinde en banco, superando a cualquier mecánica tradicional atmosférica de gasolina de menos de dos litros de cilindrada y situándose prácticamente a la par con el Golf TSI 140 CV. Decían en la marca española que el objetivo de su introducción era “obtener las prestaciones de un motor grande con el consumo de uno pequeño”. De lo primero no nos cabe ya duda, pero… ¿y de lo segundo?

Consumo variable

Al último exponente de la generación de motores TSI de Volkswagen de baja cilindrada le sobran argumentos. A su empuje e instantaneidad casi turbodiesel une la suavidad y elasticidad propia de su octanaje. Con 125 CV la respuesta es brillante en el Seat León, pero... ¿estamos ante una alternativa real al imparable gasóleo?

Históricamente, la elección de compra entre un buen motor gasolina o un contundente turbodiesel ha venido marcada por los consumos… pero también por su distinta capacidad de respuesta. Que los primeros han superado siempre en refinamiento y sonoridad –también, porqué no decirlo, en economía de adquisición- a los segundos es un hecho que no vamos a descubrir; del mismo modo que estos últimos, además de mostrar una muy superior economía de marcha, han revelado claramente un mejor agrado de uso por su aceleración inmediata desde bajo régimen y, consecuentemente, por su menor dependencia del cambio a velocidades moderadas. Sin embargo, de un año aquí, este sempiterno antagonismo plantea mayores dudas. O, mejor dicho, mucho más localizadas. Porque ante el imparable aumento de las ventas Diesel (actualmente un 73 por ciento del total), los fabricantes han respondido con modernas y afinadas mecánicas sobrealimentadas de gasolina, con menor cilindrada e inyección directa.

Seat cubre con este 1.4 TSI de 125 CV un importante hueco en la gama gasolina de su compacto León: el vacío hasta ahora existente entre el 1.6 de 102 CV –al que este TSI aventaja con creces en todas sus mediciones, consumos incluidos- y el 1.8 TSI de 160 -al que no le separa mucha distancia en prestaciones por un precio más de 3.000 euros menor-.

Buenos ejemplos son los nuevos T-Jet de Fiat, 1.6 THP de BMW-PSA y, sobre todo, la serie 1.4 TSI del grupo Volkswagen. Primero llegaron dos potentes versiones de 140 y 170 CV, al que se unió hace apenas seis meses una variante más pequeña. Introducida entonces en el Golf, llega ahora a Seat con 125 CV, estrenando de paso en la marca española esta generación de propulsores alemanes; y con acierto, porque creemos que por precio, respuesta dinámica y confort de uso es la mejor posicionada para hacer frente a su batalla contra el gasóleo. En el Seat León lo demuestra con un comportamiento similar, si no superior, a los ásperos TDI. Ya únicamente el consumo puede inclinar la balanza hacia estos últimos… y dependiendo además del uso al que lo sometamos.

A diferencia de sus hermanos mayores, este último TSI encomienda su sobrealimentación a un solo turbo, prescindiendo del compresor que emplean las variantes más potentes para ganar fuerza a bajo régimen trabajando desde el ralentí hasta 3.500 rpm. Era, por tanto, de esperar una merma de rendimiento en su primera banda de utilización. Pero nada más lejos de la realidad.

Desde el grupo VW han dotado a esta nueva variante de 125 CV de un turbocompresor específico para reducir sus inercias, capaz de girar hasta 220.000 rpm. Además, este bloque presenta un colector de admisión rediseñado -que ahora se alimenta desde un intercooler refrigerado por agua, en lugar de aire, para asegurar su rendimiento térmico- y una nueva gestión electrónica optimizada para otorgar un margen superior de uso. Y lo consigue, con un resultado final casi redondo, similar a las variantes TSI superiores pero con una respuesta aún más progresiva, al eliminar los ligeros baches de potencia que hemos notado en estos últimos en las transiciones entre el compresor y el turbo.

Con una curva de par muy plana, este TSI ofrece una respuesta muy constante. Su mejor empuje lo da ya desde apenas 1.400 rpm, y no desfallece en absoluto hasta pasadas las 4.500. Su sobrerégimen, en cambio, es bastante menos efectivo, lo que nos habla de un motor casi “Dieselizado”. Su cambio manual de seis relaciones presenta un buen escalonamiento de desarrollos.

Con él, el Seat León se siente pletórico desde antes incluso de 1.500 rpm, donde ya otorga sus mayores cifras de par (impensable hasta ahora en un motor gasolina), con una entrega además absolutamente eficaz y consistente hasta superar las 4.500 vueltas, momento en el que su empuje decae progresivamente hasta llegar al corte, situado en 6.250 rpm. Esta demostración de fuerza habla de su prematura contundencia –al más puro estilo turbodiesel- y su sorprendente elasticidad. Tan solvente se siente que permite movernos con desahogo en las seis marchas de su cambio manual sin superar las 2.500 rpm, lo que se traduce en menores consumos y un excelente placer de uso en ciudad, donde podemos circular tranquilamente en marchas largas, al más puro estilo TDI.

Pero no sólo de agrado vive este León. Obviamente, con este sensacional empuje sus prestaciones son también muy buenas, de gran fiabilidad tanto en aceleraciones como en recuperaciones. Es más, bajo el capó sentimos disponer de más caballos de los 130 que rinde en banco, superando a cualquier mecánica tradicional atmosférica de gasolina de menos de dos litros de cilindrada y situándose prácticamente a la par con el Golf TSI 140 CV. Decían en la marca española que el objetivo de su introducción era “obtener las prestaciones de un motor grande con el consumo de uno pequeño”. De lo primero no nos cabe ya duda, pero… ¿y de lo segundo?

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